Ya les he contado que a mi juicio el activismo contra el patriarcado queda escaso si no es una resistencia intelectual, si no es un combate directo a la modernidad sólida desde lo que Zygmunt Bauman denominó el pensamiento de la modernidad líquida.

Les contextualizo para que sepan la importancia: la modernidad sólida fue derretida para dar lugar a la modernidad líquida. La vida líquida es aquella en la que el hombre no acepta más un molde preexistente, sino que crea el propio y que incluso no se limita a aquel que él creó, sino que está dispuesto a cambiar de molde la mayor cantidad de veces.

La solidez, sinónimo de estancamiento, fue rebasada y el hombre se entregó al fluir indiscriminado de la modernidad, al torrente que lo desafía con su cada vez mayor velocidad. Las posibilidades de acción ahora son infinitas, como infinitas las formas que pueden tomar los líquidos. Es mi búsqueda personal por encontrar personas que en la práctica demuestren esta teoría, tuve la fortuna de que mis oídos se tropezaran con Odín Dupeyron.

No soy una académica ni pretendo posar de grandilocuente. Lo que sí quiero hacer es dejar registro público de mi apuesta por un feminismo que dialoga con todos los frentes, antes de entrar en materia y aportar mi granito de arena a la tarea de crear consciencia entre la causa feminista y la mirada humanista, de modo tal que logremos comprender que toda persona necesita una vida libre de un sistema impuesto, y eso no se puede lograr sin oídos abiertos que se abran a diálogos reflexivos.

¿Y quién es Odín Dupeyron?

Escritor, actor y director mexicano, hijo del reconocidísimo actor Humberto Dupeyron ha trabajado para diversos medios televisivos, tanto como actor como guionista, así como en el teatro, con obras como Lucas, Espíritus y Lo que se esconde detrás del espejo. En la televisión se destacada su participación en Plaza Sésamo. Ha grabado discos y ha impartido clases de actuación, tanto para el teatro como para otros medios. Su obra más conocida es ¡A Vivir! que lleva más de cinco años en cartelera y cuenta con más de 1600 representaciones. Y desde 2010 repite éxitos con Veintidós Veintidós. Es autor del best seller “Y colorín colorado este cuento aún no se ha acabado”.

A mi juicio, es un pensador y filósofo actual. Hoy día este hombre llega a miles de personas en diferentes países y sacude estructuras del pensamiento actual desde su trabajo. Sostuve una conversación deliciosa con este pensador latinoamericano, porque mi idea es esculcar las cabezas de aquellas personas que están trabajando por “un mundo mejor”. Una de las cosas más difíciles cuando escribes es tener que escoger qué publicar. Les aseguro que me pareció tan interesante cada cosa que dijo, que tardé dos semanas en lograr decidir qué publicar, porque como ya sabemos, a la mayoría le da pereza leer textos muy largos. Desde que lo escuché por primera vez, supe que quería conocer esa cabeza. Aquí algunas de mis inquietudes resueltas por Odín.

¿Por qué hacer un trabajo desde la profundidad del pensamiento crítico?

Con el paso del tiempo he llegado a considerarme un filósofo que le dio por actuar, ser artístico y escribir. La filosofía me viene desde pequeño en el sentido de que he sido cuestionador, fui iconoclasta. Siempre cuestioné la educación de mis padres y la escuela. Siempre ha sido así. No fue programado, se dio de forma natural.

¿Por qué la presencia de enfoque de género en “Colorín colorado este cuento no se ha acabado”?

Mis temas son universales. Fíjate, me pasa en todas mis obras de teatro. Mis temas son profundos, uno, y dos, son universales. Como no son meramente feministas, o anti religión, o meramente favor de una postura específica, son temas universales y la gente saca más de lo que le sucede o los temas que le tocan. Imagino que tú al estar clavada en ese asunto le ves más ese tema, hay personas que ven otras cosas; por ejemplo, había un chico maltratado por su padrastro encadenado en un sótano y una doctora usó mi libro para trabajar con ese niño esos traumas. En ese caso, el libro trataba de cómo enfrentar los miedos y las dificultades de la vida, sobre todo, cómo callar su miedo. En caso de niñas abandonadas por sus padres, cuando fui a un hogar de huérfanos el primer capítulo se trataba de “el primer capítulo de tu vida está escrito por tus padres y a partir de cierta edad debes rebelarte y hacerte cargo”. En el libro cada persona ve un poco lo que lleva dentro. Mi bandera es sobre la lógica, lo rico del arte es que cada quien puede ver lo que tiene dentro. Por eso un buen libro lo puedes leer en diferentes etapas de tu vida y siempre te dirá algo distinto, porque tú eres otro. Mi bandera es sobre la coherencia, el punto medio, las líneas delgadas. Me parece que todos los temas exagerados son peligrosos, incluso la igualdad. No somos todos iguales y tenemos que aprender a celebrarlo. Y yo, Odín, pienso que hay casos en donde las acciones que hacen en consecuencia deben hacer perder derechos; como el caso de malos que violan niños. Pasa en las especies. Los lobos atacan a quienes dañan su comunidad, o la abeja en contra de la abeja que daña el panal.

 A mí me impacta que sus reflexiones, siendo de tipo humanista, filosóficas, llenas de arte, contienen mucho de perspectiva de género. Aun así, debo hacer una crítica a una puesta en escena suya denominada “Querido hijo de puta”, el famoso cliché internacional para señalar a una mala persona. Cuando decimos “hijo de puta” responsabilizas a la madre, denigras a las putas y la culpa sigue siendo de las mujeres. ¿Es justo que las sociedades sigan usando la expresión “hijo de puta”?

Estoy más a favor de que entendamos el uso de las palabras más, que en contra de las palabras. Es decir, ¿Abraham Lincoln abolió la esclavitud, o tuvo que abolir la palabra esclavitud? No la tuvo que quitar del diccionario. No hay que luchar en contra de la palabra, hay que luchar en contra del mal uso de la palabra. Que la gente pueda discernir cuando le dicen marica de cariño o marica por insultar. No se trata de las palabras sino del uso de las palabras. “Hijo de puta” ya significa lo que significa. No te puedes sentir agredido por cada palabra. Hoy es puta mañana puede ser mujer. Una vez me decían “no digas mujer que es despectivo”, o “no digas homosexual”. ¡Qué! ¿Entonces cómo? “Hombre que le gustan que le den por el culo”, Yo no creo que sean las palabras, creo que es el uso de las palabras. Tenemos que luchar en contra eso, en contra de quien usa mal las palabras y en contra de quien se sienta agredido por cualquier mamada. Porque la gente se siente agredido por cualquier cosa y no se puede sentir uno agredido por cualquier cosa.

Aunque estamos de acuerdo parcialmente, existe la marcha de las putas a nivel internacional para quitarle el poder a la palabra puta, y afirmamos que la palabra puta no pone ni quita una tilde en la dignidad de las mujeres. Al margen de eso, no pedimos que no se use la palabra puta, si no que se use correctamente. Si una mujer no es puta, nadie debería denominarla puta. Cuando se le dice puta a la mujer en todas las culturas se hace con el ánimo de agredirla. Se hace así: nadie lo hace de otra manera. Como dicen en México, “en buen plan”, en buen plan nadie le dice a una mujer: usted es una puta. Nadie. Cuando a una mujer se le dice abiertamente puta, se le dice así con toda la intención de minimizarla y quitarle agencia sobre su moral, sobre su ética y sobre sus principios. Es más, de quitarle agencia sobre su cuerpo. El debate es larguísimo y no lo podemos dar hoy, el punto es que dada esa contextualización yo pregunto: ¿a su juicio cuál es el camino?

Es cierto, tenemos que llegar a un punto medio donde no se abuse de la palabra, pero tampoco se abuse de que no se diga la palabra porque cualquiera se sienta ofendido. Lo que te decía al principio, se pudo abolir la esclavitud sin tener que abolir la palabra. No se trata de la palabra, se trata de la actitud.

¿Alguna vez ha sentido que ha sido practicante del machismo en su vida cotidiana?

 Las palabras tienen poder, pero… más poder tiene el pensamiento. Más poder tiene la inteligencia y el saber discernir. Eso es mucho más poderoso. Es como enseñarles a los hijos qué pensar o enseñarles a pensar. Borramos todas las palabras malas del vocabulario y van a haber nuevas y van a salir otras. Yo creo que la guerra no es en contra de las palabras, la guerra es en contra de que la gente no aprenda a pensar. No he sido machista. No creo. Creo que hay cosas que hacemos de modo natural, por inercia del pensamiento y podemos echarnos un poco pa´ atrás de repente por costumbre. Por ejemplo, cuando decimos “pensé que te quedarías en la casa”, por la costumbre de ver que las mujeres se quedan en casa cuidando los hijos y el hombre se va a trabajar. No por eso quiere decir que uno sea machista. Uno puede caer en esos lugares comunes del pensamiento. Simplemente es una costumbre pensar de esta manera, pero no estoy en contra de la libertad de las mujeres. Basta con que me digas “yo soy de las mujeres que les gusta no casarse”. Ok y ya. A eso voy, puedes caer; a esto es que me refiero. No soy machista. Sí creo que somos diferentes, porque estamos diseñados de forma distinta.

 

¿El machismo existe?

El machismo existe y por supuesto que hay que erradicarlo. Me parece que tiene que ver con la educación. Me parece que tiene que ver con todos.

¿Cómo haríamos Odín, para involucrar a los hombres en el feminismo entendiendo que el feminismo es una causa social justa, no fanatismo o religión? ¿Cómo haríamos para que todos los hombres comprendieran, por ejemplo, que las amas de casa tienen unas dignidades en derecho?

 El asunto no es si eres o no ama de casa. El asunto es que en la mayoría de países a las amas de casa se les ningunea y despoja de derechos básicos, son tratadas como inferiores en la sociedad. Compañeros de vida no comprenden que son socias conyugales; creen que son sus sirvientas sin sueldo. Evidentemente la respuesta no la tengo, si no, ya me lanzaba a hacer una campaña súper eficaz. Lo que hago es tocar esos temas en mis obras de teatro y crear pensamiento.

 

Zygmunt Baumancomenzó en la década de los 50 a ocuparse de la problemática del pensamiento actual. Llegó a la conclusión de que existe algo que denominó la existencia líquida. Es justo lo que dijiste: nos enseñan qué pensar, pero no nos enseñan a pensar. Con esta salvedad quiero cerrar este diálogo de saberes con la siguiente pregunta: ¿qué piensa Odín de la frase “todo lo personal es político”?

 Todo lo personal es político, la vida debe ser un acto político. Como base, me parece correcta, hablando de política como organización humana para avanzar, sí, ¡claro, por supuesto! De que mi vida sea ejemplo para cambiar las cosas ahora no es obligación. La gente tiene derecho a lo privado, a que su vida no sea expuesta como estandarte. El comportamiento es público, el pensamiento es privado.

———

Cada cabeza es un mundo. Me gusta que Odín haya sacado este tiempo para hablar conmigo cuando de antemano le dije que eran diálogos de saberes densos y diferentes a lo que suele responder. Evidentemente no tiene una formación en género, lo cual hace mucho más loable su sentido de sensibilidad con la justicia social de género en México, uno de los países con mayor feminicidio. Y por supuesto que, a diferencia de Odín, no creo que la palabra esclavitud sea equiparable a la palabra puta y que en ese sentido sí hay palabras que debemos no dejar de usar sino usarlas correctamente. Dejar de usar palabras para sembrar odio, cultivar estereotipos o justificar violencias es un primer paso para la paz mundial. Fue un enriquecedor ejercicio para mi vida.

Por Mar Candela / @femi_artesanal

 

 

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