Creo que fue en un programa de televisión que vi el cuento. Diego Forlán se había convertido en una especie de amuleto para el Manchester United porque, aunque ingresaba desde el banco, era capaz de estar despierto durante el tiempo que le otorgaban una responsabilidad en la cancha y marcaba casi siempre cuando el reloj estaba a punto de llegar al minuto 90. Aunque Alex Ferguson prefería a otros jugadores titulares antes que al uruguayo, reconocía en él su compromiso en el terreno de juego y, claro, su valioso aporte de goles in extremis.

Todo cambió un día en que Forlán decidió mandarse solo. Ferguson vio que el campo era una porqueriza y obligó a sus dirigidos a saltar al césped con guayos de taches largos para poderse afirmar mejor. Nadie sabe cómo hizo Forlán para ponerse guayos de taches cortos y que Ferguson no se diera cuenta. Bueno, al final sí sabría del engaño infantil del uruguayo cuando, en una jugada clara de gol ante el Chelsea, Forlán falló un gol cantado. Pidió que el delantero se fuera a la línea para ver qué clase de calzado tenía y ahí fue Troya. Ferguson podía decepcionarse muy fácil de aquel que no compartiera su modo de disciplina y al ver que los taches eran cortos lo reemplazó y desde ese instante lo puso en su lista de descartados para la temporada venidera.

No fue el único: cuando apenas despuntaba como entrenador, fue al Saint Mirren, un equipo modestísimo de Escocia, y uno de los referentes, Reid, le hizo orejas de burro con los dedos índice y anular detrás de él, que inocente, andaba viendo cómo funcionaban las cosas dentro de la institución. Se enteró por cuenta de una fotografía publicada en la prensa. Y es que Ferguson no se andaba con chiquitas porque bastante trabajo le costó llegar a la meta. Reid también sería transferido tiempo después.

Con Juan Sebastián Verón fue indisciplina aunque táctica, de acuerdo con lo que escribió en su libro autobiográfico: el argentino no acataba órdenes y desoía mandatos que favorecieran en el campo al Manchester United. Por eso también salió de él.

Suena fuerte, pero esa disciplina condujo a Ferguson a ser una leyenda viva del fútbol. Le tomó casi siete años encarrilar una institución que navegaba en puestos de media tabla como el United luego de haber sido el club más importante de Inglaterra a finales de los años sesenta. ¿Cómo recuperar la grandeza? ¿Cómo hacer que el hambre de nuevo apareciera en los jugadores e hinchas? Fácil, con disciplina, fuerte y sin negociaciones. Alguna vez David Beckham sintió ese rigor el día que en un ataque de ira, sir Alex pateó un guayo que estaba tirado en el camerino y se lo estampó en la ceja de porcelana al volante que estuvo a punto de pegarle a su coach en venganza.

Con esa receta algo dictatorial en ciertas maneras de proceder, pero que hizo que el Manchester reviviera como grande de Europa, Ferguson se transformó en mito, en líder, en héroe. Por eso sus hinchas se aterraron con su hospitalización del fin de semana producto de una hemorragia cerebral. Porque nadie ha sido capaz de superar su historia y porque se dieron cuenta con este episodio médico de que Ferguson también es humano.

Twitter: @udsnoexisten

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