Y ahí está el Valle de Aburrá rodeado por montañas. Luchando por décadas para seguir creciendo a través de la misma conquista de su topografía. Ahí está Medellín, que por historia se debate en varias caras. Son las facetas de una ciudad atípica que se ha sabido reinventar, que ha sufrido y ahora vuelve a sufrir.

Según la revista Forbes, la capital antioqueña acaba de ser elegida como unas de las 10 ciudades más cool del planeta. Miremos ese término anglosajón como algo que genera una sensación de placer, de sentirse bien, de ver que todo es agradable y con cierto halo de perfección. Me dicen cool y me remito a esas tortugas marinas que iban veloces por la corriente australiana y que ayudaron al papá de Nemo en su búsqueda. “¡Cool, hermano, suave viejo, cool!”, decían.

Medellín tiene mucho de ese cool. Su gente, sus paisajes, sus sitios turísticos, su metro, sus planes en sitios cercanos como Guatapé, Santa Helena, Santa Fe de Antioquia, su clima, sus museos, sus escenarios deportivos, sus equipos de fútbol, su comercio, su rumba, su política de innovación, su servicio de salud. Y es así como vemos una marea de extranjeros recorriendo esa ciudad cool y disfrutando de ella. Esa es una Medellín, la muy nuestra también.

Pero es así como también uno sufre porque no les toque conocer o padecer la ciudad que no es tan cool, la otra Medellín. Los que vivimos acá lo sabemos por años, nuestra ciudad es una de las más desiguales de la región a nivel social. Acá padecimos al infame de Pablo Escobar y de ahí se desprenden todos los grandes males que siguen anidados en los barrios: llámelo delincuencia, atracos, microtráfico, prepagos, turismo sexual con menores de edad, asesinatos, extorsiones de todo y para todo, supuestos toques de queda, balaceras, indigencia…

Todo lo anterior se ha sentido más en los últimos días. Esa Medellín con caras de temor, con terror en el aire, con desasosiego, como en los noventa o durante la no repetible Operación Orión, volvió a posarse en el aire. En ese aire que muchas veces está contaminado de partículas nocivas para la salud. Esa es otra Medellín.

Ya sea en la comuna 13, golpeada y golpeada pero que no cesa en su intención de salir adelante. Ya sea en sectores de Robledo en donde, como escribí hace poco en una columna acá en PUBLIMETRO, hay esperanza en jóvenes que quieren salir adelante estudiando, la ciudad misma da la lucha. Y está la parte institucional, el alcalde Federico Gutiérrez va con todo contra esas estructuras criminales y oscuras. No tiene miedo en acompañar a esos ciudadanos que tienen temor. Hay que abonar su lucha, siempre faltará algo, sí, pero mucho se hace también. Esa es otra Medellín.

Y la ciudad misma siempre se ha vuelto a levantar y lo hará siempre. Cada medellinense, porque los buenos somos más, madruga a luchar por el progreso de los suyos que redunda en el de todo el tejido social. Esto es Medellín, la cool, la difícil, la que lucha. Yo cambiaría lo de cool, diría mejor: esta es la Medellín resiliente, berraca y que no va a sucumbir jamás. Eso es más paisa.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos / @poterios

Sigue Leyendo

columnas

Los infiltrados

columnas

Hablemos de mamertos

columnas

El triste final de la final

Destacados

Hablemos de mamertos

Lo fácil convertido en difícil

Dejen morir a diciembre

El triste final de la final

Los infiltrados