Curiosa y tal vez tristemente, en la mayoría de situaciones que nos generan estrés, conflicto o en lo que vemos que no funciona del todo bien, hay un factor común y es que la solución parece siempre distante no por falta de ideas, oportunidades o capacidades, habitualmente lo que falta es un poquito de voluntad para llevarlas a cabo y convertirlas en realidad.

Voluntad para dar un poco más de nosotros mismos, aun cuando el panorama no parezca muy alentador; voluntad para desarrollar nuestras capacidades y cualidades, independientemente de que rindan fruto ahora o no; voluntad para dejar nuestro orgullo de lado y ser los primeros en pedir perdón, o para tratar de dominar nuestro ego y entender que hay otros que también pueden tener la razón.

No sé si exista una manera de medir la voluntad que tengamos para hacer o no algo, pero sé que un poquitito de voluntad marca una diferencia radical en lo que se hace. Cuando existe voluntad, surgen mejores ideas, se materializan las intenciones en acciones y se encuentran caminos que en otras circunstancias no podríamos ver, dando una luz de esperanza pero sobre todo mayor claridad a las circunstancias que vivamos.

Cuando hay voluntad de hacer algo, desaparecen las excusas y nos llenamos de motivos y argumentos para lograr lo que nos proponemos. Pero la voluntad no aparece por arte de magia, la voluntad es algo que debemos fortalecer y ejercitar a través de disciplina, constancia y, sobre todo, pequeños actos.

Si tratamos de producir un cambio de la noche a la mañana nos llenaremos de frustración o chocaremos con el muro que construyen los hábitos que por años hemos tenido arraigados. Desaprender no es tarea fácil, pero tampoco es una labor imposible, siempre se puede lograr un buen resultado cuando establecemos paulatinamente cambios que con el tiempo se convierten en hábitos. No hay paso pequeño, si es hacia adelante, todo pequeño movimiento nos ayuda a avanzar; lo grave sería no trabajar en hacer más fuerte nuestra voluntad y actuar en contra de nuestra propia felicidad, dado que si no avanzamos, estaremos inevitablemente retrocediendo. El mundo no se detiene cuando nosotros lo hacemos.

Un poquito más de voluntad cada día puede transformar por completo nuestras vidas, basta con entender que la solución está en nuestras manos y que nuestra actitud determinará nuestros resultados. Voluntad para lograr lo que nos proponemos y crecer sin desfallecer; voluntad para convertir la crítica en acción y la pereza en determinación; voluntad para arriesgarnos a ganar en vez de quedarnos inertes por el miedo a perder; un poquito de voluntad para vivir y disfrutar de todo lo que la vida tiene para nosotros, no solo para sobrevivir.

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