¿Se acuerdan de que en la famosa serie mexicana El Chavo el señor Barriga perseguía en cada capítulo a Don Ramón para que le pagara los catorce meses de arriendo que le debía? Pues en Colombia la realidad supera la ficción, o al menos la imita: según varios medios, Gustavo Petro debe catorce, no meses de renta, sino millones de pesos de administración en el conjunto donde vive. $14.250.000 por siete meses de mora es la cifra exacta. 

Siempre he insistido en que no creo que Petro nos vaya a volver Venezuela ni nos vaya a hundir en el comunismo, y que eso son más inventos del uribismo que cualquier otra cosa. Lo que sí tengo claro es que Petro, como cualquier político que dice ser de izquierda, es un desorden, y la plata que debe por concepto de administración así lo demuestra. Entonces, yo no voy a votar por una persona que no solo mostró poca rigurosidad como alcalde, sino que no puede llevar las cuentas de la casa.

Otro ejemplo: para las elecciones a la alcaldía de Bogotá de 2011, me encargaron hacer perfiles de los candidatos más opcionados, por lo que me comuniqué con la oficina de prensa de cada uno de ellos. Todos me atendieron, menos uno. ¿Adivina cuál? Sí, Petro. Me dieron vueltas y vueltas y al final salieron con nada. Y no creo que lo hicieran de mala onda, sino porque esa campaña era un despelote, y así se vio en su gestión como alcalde. Y no es que ganara las elecciones por bueno, más bien se impuso porque sus contrincantes se quitaron votos entre sí; de haberse unido, lo hubieran barrido. De ahí la importancia de las alianzas en estas elecciones presidenciales que se vienen: candidato que quiera llegar a la Casa de Nariño tendrá que juntarse con quienes comulgue ideológicamente (más allá de que eso de comulgar ideológicamente no es que sea un requisito en la política). Si no lo hace, tendrá que asistir a la posesión de su rival.

Pero de vuelta a las deudas. Petro no es el único que debe plata, y no hablo de las multas que se ha ganado y que, según RCN (que no quiere para nada al exalcalde) incluyen 227.000 millones por la forma en que redujo las tarifas de Transmilenio y 120.000 por anomalías en el nuevo esquema de recolección de basuras. No, yo hablo de multas de persona de la calle. Y nunca mejor dicho porque en octubre del año pasado se filtró la noticia de que Hollman Morris, escudero de Petro, debía una multa de tránsito desde 2015, razón por la que se le había emitido una orden de embargo.

Ignoro si los dos ya estarán al día o si el taxímetro de los intereses sigue corriendo, el hecho es que ese tipo de ligerezas, confusiones, malos manejos, olvidos, llámelos como quieran, no me gustan en un candidato. Y no es que yo sea el más ordenado con la plata, pero trato de estar al día; y seguro me esforzaría más si fuera político y aspirara a un cargo público.

Ya dirán que son pequeñeces comparados con los escándalos de corrupción e investigaciones de Álvaro Uribe y otros miembros del Centro Democrático, y tienen razón. Lo que pasa es que de eso ya se ha hablado mucho y se seguirá hablando. Lo de la deuda de Petro con la administración de su conjunto es una bobada, pero no por eso había que dejarla pasar; no sé si por grave, pero sí por chistosa. De la forma en que lo entiendo, ese pequeño descuido de fácil solución lo retrata de cuerpo entero. 

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