Es una cuestión más ceñida a la subjetividad y a los gustos personales de cada quien.

Es cuestión de divertirse e incluso de equivocarse, y mucho, porque hay tipos que son capaces de cambiar el horizonte plano de su trayectoria dando un brinco impensado y otros que arrancaron siempre en la cresta de la ola, pero que los agarró un bajón del que no terminan de salir jamás. O al menos no pueden repetir esas actuaciones que los llevaron a la cima. Por ejemplo, a mí me parecía que Marko Marin, en tiempos de arranque en el Werder Bremen, pintaba para ser monstruo y terminó en nada. ¿Qué digo hoy? Pasa, es fácil pifiarse a favor y en contra.

Pero de sobrevalorados está lleno el mundo del fútbol: de jugadores que sí son medio buenos, pero por los que yo, como presidente de un club, no giraría un cheque de gerencia ni aunque estuviera borracho de sabajón. Me acordé de eso al ver a Hugo Lloris, el arquero de la selección de Francia el fin de semana frente al City. El 1 del Tottenham es de los que encabeza mi lista. Atajador, pero siempre da tres o cuatro pestañeos por partido, genio en abandonar la portería a destiempo –el penal que no fue y que le dieron al City vino de una salida muy desentonada–. Es rarísimo. Cada temporada regala una decena de goles que siempre le cuestan puntos al Tottenham.

Eden Hazard –y acá veo a lo lejos, a kilómetros de distancia, cientos de catapultas listas para disparar piedras hacia mí– es de lo más habilidoso que hay en un campo de fútbol, pero a veces es como si no bastara eso. Como que se pierde en sus propias cavilaciones y gasta tiempo valiosísimo al hacer un enganche de más y ahí suma una posibilidad menor de coronarse como un verdadero grande.

El día que pagaron 40 millones de euros por Mangala supe que hay gente a la que le gusta tirar la plata al cesto de la basura. O el día que Liverpool dio algo más por el larguirucho Andy Carroll siendo ambos jugadores más bien comunes, sin algún filo como para valorarlos tanto.

El combo de los infravalorados es amplio también: no sé si es una cuestión de timidez o escasez de habilidad en relaciones públicas, pero no aprecian lo suficiente sus habilidades inmensas. Como Jan Oblak, el arquero del Atlético Madrid. Obvio, Buffon es querido, Neuer vuela como Flipper… Oblak debe ser uno de los tres mejores arqueros del mundo al lado de Ter Stegen y De Gea, pero nadie se acuerda de él, nunca. Strootman, el volante de la Roma, otro de los que pasa sin muchas luces, con Nainggolan. Le diría que Rakitic –un jugador extraordinario– es víctima de la luz de las estrellas que iluminan a su alrededor.

¿Cuáles son sus jugadores sobrevalorados e infravalorados? Piénsenlo y, si quiere, escríbalos en los comentarios de la columna o en mi cuenta de Twitter: @udsnoexisten

PD: Gregorio Pérez se despidió de Santa Fe porque, valga el juego de palabras, lo despidieron después del empate ante Once Caldas y se despidió diciendo que le deseaba lo mejor a la gente de “buena fe” que trabaja en Santa Fe. ¿Cuáles serán los de mala fe?

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