Para la civilización maya, quienes fueron los únicos en desarrollar un sistema de escritura pleno en la América precolombina, un katún podría ser el fin de un ciclo o una era, la cual se cerraba para el bien común y, desde luego, abría paso a otra de mucho más alto nivel y con las posibilidades de orientar a la comunidad hacia un desarrollo óptimo, pero ¿qué tiene que ver esto con lo que acostumbro a escribir? En realidad, a primera vista, pareciera que nada, pero al mirar detenidamente la historia de la realidad política de Colombia, me atrevería a afirmar no solo que los mayas en muy pocas cosas no atinaron, sino que Colombia se prepara para un gran katún.

El próximo lunes se cumplen 70 años del Bogotazo, y con ello coincide la era katún para los mayas. Increíblemente, al examinar las circunstancias y el contexto de lo que sucedió aquel 9 de abril de 1948, coincide plenamente con mucha parte del contexto actual de hoy, 70 años después. A escasos dos meses de elecciones de primera vuelta para elegir el próximo presidente de Colombia, sería un gran éxito para toda nuestra sociedad que ese gran cambio o katún que viene para Colombia estuviese conectado con el inconsciente colectivo. La realidad y contexto histórico demandan la necesidad de un gran cambio para Colombia, renovación y liderazgo.

Las necesidades diagnosticadas de la Colombia política y de la Colombia de opinión no distan en nada, requerimos un Estado austero y transparente, un Estado que incorpore y sea incluyente con todas las expresiones sociales del país, lejos del clientelismo, lejos del amiguismo, lejos de las dádivas, y una de las perspectivas para lograrlo es elegir a quien esté muy pero muy lejos de todo ello; nuestra sociedad requiere líderes serios, preparados, desde luego, pero sobre todo honestos, sin mácula alguna, que dé gusto mirarlos a los ojos sin temor a contagiarnos de su arrogancia y lisonja oportunista, líderes carismáticos, pero sobre todo, incorruptibles.

El paradigma colombiano es hacer un gran katún a la justicia, en donde esta brille por su celeridad y presencia, y en donde las demoras del sistema judicial y congestión sean cosas del pasado, en donde la presencia del Estado llegue a todos los rincones del país con una administración de justicia proba, célere y eficiente; un katún en donde los defensores de derechos humanos no se congracien con los grupos armados irregulares, en donde exista un sistema judicial eficiente y capaz de actuar con ejemplo frente a las atrocidades de nuestra guerra, como la responsabilidad penal a los máximos responsables de delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y delitos a traición cobijados por el Derecho Internacional Humanitario.

Esta columna podría llamarse ‘soñar no cuesta nada’, pero para lograr que Colombia sea la Singapur de Latinoamérica, no nos basta con soñar, tenemos que actuar para empoderar los cambios que requerimos para ser más competitivos ante el mundo, para ser mas civilizados y justos; ese katún que necesitamos, desde luego, debe ser esa constituyente por la justicia, en donde eliminemos tanta burocracia judicial, clientelismo cortesano y falta de transparencia; hacer un gran tribunal constitucional por salas sería un avance, y para construirlo solo nos toma voluntad; tenemos escasos dos meses para redireccionar el futuro en una perspectiva correcta. Qué bueno sería también que ese katún social fuera que Colombia pensara en un mejor futuro para sus hijos.

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