La comuna de Robledo, en Medellín, es una de las zonas en las que el homicidio, la extorsión y otros factores de violencia han crecido en los últimos años. Específicamente el sector de Aures es una de las zonas más ‘calientes’, según lo que se respira en el diario vivir de la capital antioqueña.Pero esta ciudad, acostumbrada a la resiliencia y a la continua lucha contra la adversidad, mantiene ese brillo que da la esperanza por un mejor presente y un gran futuro.

Aures está en el sector que va del centro hacia el norte de las montañas occidentales de Medellín. Las lomas que dominan este lugar no son escollo para que buses y motos vayan raudos y en modo ‘salvaje’. Sin exagerar, recorrer estas laderas implica sortear calles que pueden tener un nivel de inclinación de unos 65 grados.

Voy en el carro del profesor José Manuel Cruz, quien me recogió en mi casa muy a las 6:15 de la mañana. La idea es atender una invitación para dar una charla sobre comunicación, fútbol y para hablar de la vida. Me cuenta el profe que el barrio Aures, de Robledo, vive momentos duros por la lucha de los combos. Muchos de los niños y jóvenes que asisten a diario a clase sortean todo tipo de situaciones para lograr el objetivo de recibir conocimiento. Pero, ante todo, durante su discurso y mis preguntas, el docente hace énfasis en que “son muy buenos muchachos con ganas de salir adelante y dar lo mejor de sí en pro de esta sociedad”.

El nombre del colegio es bello: Institución Educativa Rodrigo Arenas Betancur. Sí, el mítico escultor antioqueño que nació en Fredonia, que rompió esquemas con su arte, que soportó un largo secuestro de las Farc y que demostró que sí se puede salir adelante desde abajo, es la persona que le da su nombre a un colegio que necesita de su legado y que lo aplica.

Llegamos al colegio y Medellín se ve abajo, pequeña y bajo la que uno no sabe ya definir como nube o polución, o nube de polución. El colegio se construyó hace unos 30 años. Su planta física es austera pero bien tenida. El aseo se ve, se respiray todo está en su lugar. Como los hogares de siempre: humilde, pero con todo en orden y aseado. Eso sí, en el centro hay una hermosa escultura del maestro Arenas Betancur.

Me recibe una audiencia de 40 muchachos de décimo y once entre los 15 y 17 años. Hay respeto, los profes me presentan, iniciamos una charla de casi dos horas que pasó por temas como el periodismo, la educación, la música, el fútbol, la realidad, el futuro, la vida misma…

Ahí conocí a Juan Pablo, tiene aretes en ambas orejas, se peina hacia atrás, quiere ser ilustrador. Conocí a Mateo, quien tenía un celular muy viejo, vendió hasta empanadas y se compró uno mejor ¿La razón? Es youtuber y quiere darse a conocer. También hablé con Ingris Mariana, ella con certeza me dijo que es escritora y quiere seguir en las letras. Me abordó Juan David, juega fútbol como volante de marca, es derecho, quiere tener más opciones en este deporte, pero jamás quiere dejar de estudiar. Ángela Ramos levantó la mano y me preguntó qué hacía para saber qué quería estudiar. Y así, puedo seguir con más ejemplos.

Lo anterior va de la mano de un programa de la institución Pascual Bravo con la Alcaldía de Medellín para fomentar e incentivar en estos alumnos una formación especializada en media técnica. En este caso, estos muchachos reciben clases de diseño gráficotres días a la semana de 7:00 a 11:00 de la mañana. Esto va por fuera de sus actividades normales académicas y sin duda son una brújula que les puede dar un norte profesional.

Pero más allá de esto lo valioso es ver cómo estos muchachos, en medio de ambientes duros, se alejan de las esquinas para estar en las aulas. Son personas que quieren surgir, que levantan la mano para decir “acá hay ganas, quiero guía y ayuda para salir adelante”. Y los veía frente a mí, todos con avidez, la gran mayoría llenos de curiosidad y, como otra joven, Mariana, con liderazgo y esa mirada que indica que quieren hacer las cosas bien.

Pero nada de esto se logra sin el empuje de profesores como José Manuel, Dayron Arias y Gabriel Santos. Ellos son quienes buscan, más allá de su salario y cumplimiento académico, llevarles a sus alumnos cosas distintas para ofrecerles más. Ellos le roban muchachos a la violencia.

Sí, amigos, hay esperanza. Y por pelaos como estos es que hay que seguir luchando contra los corruptos. Un peso que se roban es una oportunidad que les quitan a estos maravillosos seres.

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