No es solamente un asunto que tenga que ver con la política. De acuerdo con el diccionario de Oxford, el título de esta columna fue la palabra del año en 2017. Y, casi que como una reacción en cadena, se dio esta elección porque en 2016 la palabra elegida por Oxford fue ‘posverdad’, un poco la consecuencia de lo que implica una noticia falsa.

El fútbol no ha estado ajeno a este asunto que en España se conoce como “bulo” y es regar una información que parece creíble, pero de la que no se determina en efecto su veracidad, ya que no se puede establecer el origen de la fuente que la promulgó. La desmentida posterior hace ver que se cayó en la imprecisión de diseminar una semilla de mentira. La última muestra de la extraña manera en la que circula la información y es asumida como cierta tuvo como escenario una tragedia que enlutó al fútbol el fin de semana pasado: la muerte del capitán y zaguero de Fiorentina, Davide Astori.

El futbolista de 31 años no se despertó cuando fue llamado a desayunar por encargados del club. Todos ellos se estaban preparando para disputar un encuentro de liga ante el Udinese y les extrañó la ausencia del referente, quien durante el sueño había fallecido por cuenta de un súbito paro cardíaco. Y es ahí donde comienza a actuar esa mala maña de difundir noticias que no son ciertas: tal vez el alma está tan arrugada y tan triste que es vulnerable ante cualquier estímulo, y la pasión y la conmoción son escenarios ideales, caldo de cultivo para que la información falsa cale inmediatamente.

A las pocas horas apareció un dato, sin cotejar absolutamente nada, simplemente con ese extraño aval que da la repetición y que termina convirtiendo la mentira en un hecho verdadero –el mismo método utilizado por Joseph Goebbels en tiempos de propaganda nazi–: que Fiorentina había hecho un contrato de por vida luego de la muerte de Astori para ayudar a la viuda y al hijo que quedaban solos. Pronto, el equipo italiano debió desmentir la noticia y contó que estaban a punto de la renovación. Es como si esa noticia falsa hubiera impulsado a hacer algo que el club tal vez no tenía contemplado. De confirmarse que sí, que la familia recibirá dinero, ¡bienvenidas las noticias falsas!

Con la tragedia de Chapecoense también se dio este mismo evento: se difuminó en las redes que el París SaintGermain decidió sacar de su generoso bolsillo 40 millones de euros para ayudar al club. Nada era cierto, pero ¿cuántos de aquellos que no vieron el comunicado de desmentida aún creen que sí, que la verdad fue la que les ofreció Twitter o Facebook?

La labor de la prensa se debe ajustar para no caer en imprecisiones y para no esparcirlas más por cuenta de esa tentación de ser más leído que cualquier otro. Y a los que leen se les recomienda que hagan el mismo ejercicio que con noticias políticas y como cuando se reciben mensajes de WhatsApp: averigüen la fuente primaria. Se darán cuenta de que ese primo del amigo del cuñado del bisabuelo de la novia de un amigo que supuestamente les envió no existe.

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