Iba a pasar en cualquier momento. Era simplemente una cuestión de tiempo para que la corrección política, la exageración y la batalla por la igualdad entre sexos mal entendida hiciera su irrupción en el deporte. Estos tres factores se tomaron de la mano e determinaron su ingreso con una noticia de esas que sonó extraña y hasta pacata: la Fórmula 1 prohibirá de ahora en más a las modelos que se ubican en el paddock.

Claro, el argumento de Liberty Media –dueño de la F1 luego de los tiempos de Bernie Ecclestone– parece difuso y poco concreto: “Esta costumbre no resuena con los valores de nuestra marca y está claramente en desacuerdo con las normas sociales actuales. No creemos que la práctica sea apropiada o relevante para la Fórmula 1 y sus aficionados, los antiguos y los nuevos, en todo el mundo”. Apunta todo –diría uno al pasar–- a combatir la ‘cosificación’ de la mujer.

Pero quitándonos un rato la venda exacerbada de ultradefensa femenina, ¿no es esta una manera de matar una fuente de ingresos para ellas? Porque finalmente ese permanecer allí durante cerca de ocho horas –se estima ese tiempo laboral para las modelos que trabajan en cada jornada de carreras– tiene un costo entre 300 y 600 euros. Más inteligente –creo yo– es luchar porque les paguen más, ¿no?

¿Será esa la solución más inteligente?, ¿o más bien la decisión de no contar con la mujer en esos espacios (porque lo que están haciendo es darle un toque de espada en el cuello a la presencia femenina en la F1) tendrá un cariz de blanqueador de sepulcros, de estar a tono con la corriente para no levantar ampolla en una situación en la que no tendría que existir una ampolla?

Es un trabajo como cualquier otro. De hecho, alguien propuso que si había hombres en el paddock cumpliendo con la misma función sería también beneficioso y aportaría en esto de la equidad de género. Pero la decisión está tomada y de seguro se replicará en otros ámbitos, como el ciclismo –en el que siempre se ubican dos mujeres en el podio al lado del ganador– y otros deportes en los que no solo las modelos, sino seguramente las porristas, también entrarán en esa boca hambrienta e insaciable que fagocita todo lo que no parezca políticamente correcto. Porque así son estas cosas: ya estamos llegando al extremo opuesto, a borrar de un tajo a las mujeres.

Prepárense para esa vía de extinción en cualquier evento debido a la ‘neomoralina’ que nos cobija, a menos que aparezcan más opiniones como las de Naomi Campbell. La superfigura del modelaje terció breve, pero contundentemente en el asunto. Dijo: “No me parece ofensivo. De hecho, yo estuve ahí muchas veces. Ellas simplemente están trabajando y representando a su propio país”.

Cierto es.

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