Vendió Santos su apartamento de Rosales y empezaron los robos. Antes el sector estaba lleno de Policía y Ejército, lo que ahuyentaba a cualquier tipo de delincuente, pero ya sin los dispositivos de seguridad aparecieron los ladrones. Ya se habían oído varios casos de robos de apartamentos, locales comerciales y raponeos en la calle sin que las autoridades reaccionaran. Pero la semana pasada le robaron el carro a una mujer embarazada y le metieron tres tiros, lo que hizo que el asunto se volviera insostenible.

Reacciones, protestas, promesas de investigaciones, en pocos días ha pasado de todo. Y lo curioso, si es que se puede usar tal palabra en esta situación, es que lo ocurrido no solo ha despertado la indignación de los habitantes del barrio, sino del resto de los bogotanos, pero no por la misma razón. Todos coinciden en que el caso de Adriana Sobrero, así se llama la mujer en cuestión, es aterrador; lo que divide son los temas económico y social.

La reacción fue inmediata, en apenas cinco días identificaron a los que cometieron el crimen y arrestaron a uno de ellos, y hasta el presidente Santos metió la cucharada en el asunto. Eso tal vez no hubiera pasado si el robo es en el sur de Bogotá. Lo mismo, pero con palabras más fuertes, han dicho personas que día a día están expuestas a que les pase de todo sin que la Policía haga mucho al respecto.

En Bogotá nadie parece estar a salvo. Según datos oficiales roban diez casas al día, siete de cada diez parqueaderos son ilegales, lo que permite que se lleven carros y autopartes con impunidad, y en lo que va de enero se han reportado 60 robos a taxistas y 73 capturados por hurtos en Transmilenio. Ni los puentes peatonales están a salvo: los ladrones se llevan las láminas metálicas por donde la gente camina. El IDU ha dicho que para reparar 152 puentes peatonales de la ciudad es necesario invertir $25.000 millones de pesos.   

Tienen razón los habitantes de Rosales en protestar, y razón tienen también los demás ciudadanos al sentir que no reciben el mismo cuidado. No es nada nuevo, en un país tan desigual como Colombia la justicia y la seguridad no están garantizadas, se compran según el tamaño de la billetera.

Solo resta decir que ojalá todo salga bien para la mujer embarazada porque, independientemente del estrato, una tragedia así no se le desea a cualquiera. Eso, y que le metan más seguridad a Bogotá, que no sobra. Esta ciudad cuenta apenas con 239 policías por cada 100.000 habitantes, uno de los más bajos de Colombia. La cifra contrasta con el anuncio de que 2000 agentes de la Policía y el CTI vigilarán la plaza de toros La Santamaría durante cada uno de los domingos que dure la temporada taurina. Hay cosas que no se entienden.

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