Debo confesar que desde siempre me han inquietado las escaleras acristaladas del edificio de la Universidad de La Salle que dominan buena parte del paisaje de La Candelaria. Visibles desde varios puntos del barrio y del centro de la ciudad, estas escaleras semicilíndricas revestidas de vidrio son una presencia muy llamativa en el barrio donde, se supone, todo debe ser colonial y republicano. El edificio luce imponente no solo por su tamaño, sino también porque ocupa una manzana muy empinada sobre la carrera segunda entre calles 10 y 11, desde donde se tiene una vista muy privilegiada del centro y del occidente de la ciudad.

La historia de la universidad es un tanto convulsionada, pues su sede original (cuando se llamaba Instituto de La Salle) fue casi toda destruida durante los disturbios que estallaron en Bogotá el 9 de abril de 1948. El arquitecto alemán Herbert Rauprich Jung, radicado en Colombia desde 1936, se encargó del diseño del edificio, que se construyó entre 1949 y 1960. Las famosas escaleras están inspiradas en los almacenes Schoken, de Stuttgart (Alemania), diseñados por Erich Mendelsohn y que se construyeron en 1927.

Sé que muchos arquitectos y expertos en el tema estarán en desacuerdo conmigo si les digo que a mí esas escaleras me gustan, y mucho. Me hacen pensar en esas ciudades que no existen y que solo se nos aparecen en los sueños. Tal vez yo tenga esa sensación  porque en ellas se grabó parte de la presentación de la serie de televisión La otra mitad del sol, con Alejandra Borrero, Juan Ángel, Cristina Lilley y Flora Martínez, que se emitió entre 1995 y 1997 y que era como una especie de largo sueño que iba y volvía del presente a diferentes épocas del pasado.

Como el edificio de La Salle, que no parece representar ninguna época en particular de la historia de la arquitectura ni de la ciudad. Con el par de escaleras imponentes que enmarcan la fachada del teatro, revestida de baldosines azules y cinco pisos de ventanales que miran hacia el occidente de la ciudad. Esta universidad, fundada por los hermanos de las Escuelas Cristianas, también es muy famosa por su museo, bien importante en la historia de la ciencia de Colombia. Allí, además de conservar muy importantes colecciones de flora y fauna, se formó la Sociedad Colombiana de Ciencias Naturales, antecesora de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El museo está abierto al público y es posible visitar su exposición permanente y las colecciones científicas. Y si no se animan a entrar al museo, bien vale la pena pegarse la caminada por la calle 11 para encontrarse de frente con esas escaleras.

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