Dicen que había tomado su última terapia en octubre y que parecía estar mucho mejor.

La depresión era fuerte y llevó nubes negras a un matrimonio ordenado y que parecía no tener piedras en el camino. Ella, Antonella, le había dado el sí a su novio Andrea en el 2010. Ella supo dedicarse al modelaje cuando era más joven y él apostó todas sus fichas al rugby y ganó: triunfó en los equipos donde militó y llegó a la selección italiana. No parecía existir una sola grieta porque además en el hogar de Andrea Benatti y Antonella Barbieri también estaban en las fotos de la entrada de la casa la imagen de sus dos hijos, sanos y fuertes: Lorenzo Zeus, de cinco años y Kim, de dos.

Parecía que los malos momentos productos de ese vaivén psicológico de Antonella eran cosa juzgada, hasta el jueves pasado: un hombre que iba en su automóvil, Alfredo Contarino, detectó algo extraño a orillas del Po: un carro detenido y manchas de sangre, el escenario. El valiente decidió detenerse a pesar del riesgo que eso podía implicarle y justo en ese momento comenzó a juntarse el rompecabezas más triste: Antonella gritaba y en su vientre se veía una marca profusa de sangre rodeando el mango de un cuchillo que estaba perforándola. A su lado Lorenzo Zeus, el niño de cinco años, con una puñalada en el corazón.

Llegaron entonces los Carabinieri y los servicios de salud para atender a la mujer que estaba confundida y que pedía a gritos no ser atendida. Mucho menos que alguien hiciera un esfuerzo por salvar su vida porque la vida ya estaba hecha trizas. En el caos de la situación marcaron al número de teléfono de Andrea Benatti, ya retirado del rugby y dueño de un taller: le preguntaron por Antonella y el respondió que sí, que claro que la conocía, que era su mujer. Le dijeron que Lorenzo Zeus estaba muerto y que si sabía qué estaba pasando en medio de tanto horror. Andrea entonces pensó en la pequeña Kim y de inmediato preguntó por ella. Le comentaron que no estaba en la escena. Fue cuando Andrea y la Policía se encontraron en la casa. Abrieron y subieron al cuarto de Kim, que estaba arropada en su cama; la destaparon: la niña de dos años había sido asfixiada con una almohada por su madre.

El psiquiatra Antonino Calogero fue consultado por el diario Gazzetta Di Mantova sobre el caso y dijo: “La carga familiar y la soledad pueden desencadenar en muchas mujeres mecanismos de profunda insatisfacción por la propia vida y la de los demás. Todo esto puede ocurrir incluso después de años de parto, cuando la madre identifica una de las causas de su insatisfacción en la descendencia. En la depresión la madre ve todo “negro” y está convencida de que el futuro es peor que el presente para todos”. Esa parecería ser la causa de la tragedia en el hogar de los Benatti.

Hoy comienza el interrogatorio a Antonella, quien se salvó de sus heridas.

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