Los elementos intrínsecos a todo cuerpo militar o paramilitar (resaltando y ubicando en este último concepto a las desmovilizadas Auc, el Eln, Farc, y cuanto grupo o ejército armado irregular) son: unidad de pensamiento o ideología, decisiones jerárquicas verticales, tomadas por sus líderes o comandantes, y desde luego obediencia debida; el monopolio de las armas solo lo detenta el Estado. Buscar prohibir en la constitución lo que siempre estuvo prohibido y nunca permitido es un contrasentido, porque sencillamente todo lo que está fuera del Estado o institucionalidad será paralelo, sin importar intereses o pensamiento que propaguen con su actividad armada.

Uno de los temas medulares en toda desmovilización de un ejército paramilitar, bien sea con ideología marxista-leninista, o pro establecimiento e institucionalidad, siempre será la ruptura total, o al menos parcial del mando y control de las unidades ‘tácticas’, entiéndase guerrilleros rasos y sus comandantes, sea cual sea el nivel jerárquico. La importancia de esa ruptura en la capacidad de mando y control de los miembros de las Farc, debió ser la importa principal del proceso de La Habana, desde luego ese era un interés que solo podría preocupar al establecimiento y a quienes de verdad, de manera leal y genuina a la paz, podrían aportar al proceso desde la orilla institucional, pues es más que obvio que a las Farc no les interesaba hacerlo.

Y es que mencionar la importancia del mando y control de todo ejército irregular, tiene repercusiones jurídicas y políticas en la esfera local y desde luego internacional, pero al mismo tiempo esos dos conceptos mandan derroteros importantes no solo para el papel de ese núcleo en procesos futuros en el mundo, sino en lo que hoy se vive en Colombia. Las perspectivas nos permiten entrar a escudriñar en un tema que abre posibilidades, o mejor, ventanas a cuestionamientos sobre la capacidad de mando y control de las Farc sobre sus unidades o guerrilleros, desde guerrilleros rasos hasta comandantes de cuadrilla, y porqué no, miembros del Estado Mayor Central, del mismo secretariado y de los bloques que hacen parte de esa organización.

Mencionarlo en este momento que están tan de moda las disidencias, hace abrir la posibilidad a cuestionamientos sobre si las Farc en realidad son un ejército ‘revolucionario’ con estructura ideológica y de mando, obediencia debida, etc., porque de darse esos principios en una fuerza irregular y no narcoterrorista como lo plantean ellos, no se darían fenómenos delictivos con propósitos de continuidad en actividades ilícitas, como sucede en  muchos de sus cuadros e integrantes. El error del asunto es claro, pues no se cortó de raíz ese mando y control, o ‘quizás’ las Farc no son lo que pretenden ser desde la óptica del DIH, evidentemente este último planteamiento es el más adecuado a la realidad de lo contrario: ¿por qué hay disidencias?

El paradigma del establecimiento tiene que centrarse en la ruptura del mando y control, en razón de poder combatir la criminalidad en todas sus modalidades y garantizar la imposibilidad de que surjan nuevas ‘disidencias’ o expresiones criminales con génesis en las Farc, ello contribuiría en la neutralización del narcotráfico y toda la economía criminal multimillonaria de este antiguo grupo armado, como la imposibilidad de rearmarse bajo el amparo de otros nombres y garantizar su ruptura plena para que llegue primero la justicia sobre los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad y de guerra. Recordemos cómo fue el tratamiento como última opción de procesos en el pasado para lograr su derrota: ¡buques y extradición!

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