Cuando tiene clase de matemáticas, los útiles escolares de Jeyson incluyen un ábaco japonés en el que por estos días está aprendiendo a resolver multiplicaciones por dos cifras. Hace 10 años, su nacimiento prematuro le generó una retinopatía cuya secuela es una discapacidad visual que no le permite ni siquiera percibir la luz.

Jeyson está en grado segundo y es uno de los 146 estudiantes del Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle del Cauca, institución privada que lleva 78 años educando a los pequeños con discapacidad visual o auditiva del suroccidente colombiano. Permanecen allí desde los cuatro meses de nacidos hasta segundo o tercero de primaria, cuando ya se pueden integrar al sistema educativo tradicional.

Para los más chiquiticos, el horario incluye una clase de orientación y movilidad en la que aprenden a utilizar el bastón. Los que tienen discapacidades auditivas severas son entrenados por las maestras para que sepan cómo leer los labios de su interlocutor y puedan sostener una conversación en caso de no tener el implante coclear que les permite decodificar los sonidos.

“Nuestro objetivo con los niños sordos es que aprendan a hablar, somos el único lugar que no usa el lenguaje de señas. Con los niños ciegos buscamos que sean independientes. También trabajamos con los padres porque sabemos que a veces resulta difícil aceptar que un hijo tiene alguna discapacidad”, cuenta Gloria Montoya, coordinadora de niños con discapacidad visual.

Allí, en ese sitio que casi se puede considerar un ícono del barrio San Fernando y de la ciudad, un equipo de 43 profesionales entre los que hay médicos, psicólogos, trabajadores sociales, fonoaudiólogos y docentes se encarga de rehabilitar a los niños que han perdido alguno de sus sentidos o de habilitar a aquellos que han nacido sin él.

Aunque la atención que recibe cada estudiante está avaluada en más de $1 millón mensuales, la mayoría pertenece a los estratos 1 y 2 y a sus padres les queda imposible cubrir ese monto. Para ellos, entonces, la mensualidad es una suma mínima, casi simbólica. Otras familias declaradas en extrema pobreza no deben pagar nada.

Además, los padres y cuidadores pueden integrarse a las actividades productivas que se realizan de manera paralela a la jornada escolar. Aprenden a hacer bolsos, tejidos y otras manualidades que pueden convertir en una idea de negocio.

“Detrás de todos nuestros niños que salen adelante hay familias que siempre los apoyan”: Alba Marín, docente de grado tercero.

Luz en la sombra y palabra en el silencio

En el Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle del Cauca han sido educadas personas como Byron González, un joven pintor con discapacidad auditiva que en el año 2013 sorprendió a todo el país en el programa Colombia Tiene Talento; Apolinar Salcedo, el primer alcalde ciego de Cali, y Samuel Naranjo y Húber Stiven Naranjo, que con discapacidades visuales han triunfado en el atletismo paralímpico. La lista es larga.

Algunos de ellos, como Byron, estarán en un evento benéfico con el que la organización busca recolectar fondos para su funcionamiento. “Será un recorrido virtual por el Instituto para que la gente pueda conocer nuestra labor. También habrá una cena y la participación de algunos egresados y padres de familia contando sus experiencias”, dice la coordinadora.

La velada se llamará ‘Luz en la sombra y palabra en el silencio’ y se realizará el próximo 21 de noviembre en horas de la noche. Quienes no puedan asistir a este evento pero quieran apoyar la labor del instituto tienen la posibilidad de apadrinar a uno de los niños y financiar su educación con una cuota mensual que les da derecho a visitarlo, entre otros beneficios.

Días atrás, mientras Jeyson seguía explorando su ábaco japonés para resolver multiplicaciones, en el salón de tercer grado estaba Joselyn, con sordera profunda por un golpe en la cabeza, leyéndole los labios a su profe y respondiendo lo que le preguntaba. A la salida, los más pequeñitos que ni siquiera han iniciado la primaria seguían una fila guiados por sus bastones justo antes de encontrarse con sus familiares. Así derrotan la oscuridad. Así se sobreponen al silencio. Así construyen la vida.


  • 146 estudiantes tiene el Instituto para Niños Ciegos y Sordos del Valle del Cauca
  • 24 niños y niñas se graduaron el año pasado.
  • +2000 familias han sido apoyadas con la rehabilitación e inclusión de sus niños en los últimos 20 años.

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