“Desde muy pequeña siempre he tenido claros mis ideales y quien quiero ser en un futuro, pero creo que cuando uno va a creciendo algunas personas llegan a hacerte creer que eso no es para ti. Con estos talleres todo es muy diferente porque he sido más consiente de quien he querido ser y no dejar que otra persona llegue y me afecte. Quiero estudiar gastronomía y administración de empresas y quiero ser una gran chef”, dice Keren Dayana Cárdenas Peña, estudiante de grado 11 del Colegio Aquileo Parra, en la localidad de Usquén.

“Esto me ha servido para conocer la realidad de lo que somos y lo que vivimos. Con estos talleres me he puesto a pensar qué voy a hacer después de que salga y que debo tener un plan para superar los obstáculos que se me presenten. Me gustaría estudiar Ingeniería de sistemas o Desarrollo de Videojuegos, dice Jancarlos Brochero, otro estudiante de grado 11.

De lo que estos jóvenes están hablando es del programa Ser Líder, de la Fundación Juventud. Se trata de una serie de talleres experienciales que toman estudiantes de grados noveno, décimo y once de cuatro colegios distritales de Bogotá ubicados en las localidades de Ciudad Bolívar, Kennedy y Usaquén.

Aunque los chicos estaban convencidos en un principio de que los talleres no les iban a servir para nada, porque ni siquiera tenían nota, lo cierto es que han aprendido a conocerse a sí mismos, a cultivar sus relaciones con quienes los rodean y a reconocer que talentos y aptitudes tienen para afrontar la vida.

¿Qué quiero? ¿Qué tengo? ¿Qué necesito? Son algunas de las preguntas de reflexión que se plantean en los 22 talleres que los estudiantes tienen por año, en un ciclo que el que se inicia trabajando sobre la autoestima, la relación con los otros y se termina con la planificación de un proyecto de vida.

El programa Ser Líder se implementó luego de que la fundación realizara un diagnóstico con una muestra representativa de 300 estudiantes.  Ahora una población indirecta de 10 mil estudiantes se ven beneficiados. “El indicador más bajo fue el de la autoestima. Para muchos de ellos es muy difícil pensar que puedan entrar a la universidad y realizar muchos proyectos. Ellos nacen desesperanzados y se les deja claro que no van a poder hacer mucho en la vida por falta de recursos económicos y eso los anula”, explica Francina Mora, Directora de Programas de la Fundación Juventud.

La llegada de este programa también ha tenido un impacto positivo en la resolución de conflictos en los colegios. Los facilitadores se han vuelto la mano derecha de muchos docentes que además empiezan a sumarse también porque se sienten cautivados con los resultados.

“Trabajan con una metodología que es muy práctica en ambientes de aprendizaje con educación experiencial que les ha ayudado mucho para sobrellevar su vida, sus problemas, analizarse a sí mismos, trabajar en equipo, fortalecer su liderazgo, orientarse”, comenta Carlos Eduardo Galán, rector del Colegio Aquileo Parra.

Una de los grandes aprendizajes de Galán con la implementación de este programa ha sido reconocer la importancia del tema socioemocional. “Ha sido algo lejano al currículo porque está formado con asignaturas y áreas del conocimiento, pero no hay tiempo para dedicarle a la parte personal”. Además, afirma que es muy importante que los estudiantes se sientan libres de transmitir sus emociones para soltarlas y hacer a un lado sus temores.

“Hacer de esto una política pública sería un acierto político para construir tejido social y construir credibilidad. En este país estamos polarizados, es la guerra total o la paz sin sentido y creo que la escuela es el escenario privilegiado donde se puede dar una transformación real del país”, asevera el rector.

De igual manera, para Juan Camilo Uribe, uno de los facilitadores del programa, la apuesta por el cambio está en el afecto.

“El tema está en entrar con amor. Un saludo, un ‘cómo está’, transforma. Una validación de sus palabras, experiencias y sentimientos sí transforma y logra que se empiecen a generar cambios”, comenta Uribe, que tiene 22 años, pero su edad es clave para que el entendimiento con los jóvenes sea exitoso.

“Primero me pongo en los zapatos de ellos que están en once y entiendo muchas de sus dudas (…) creo que uno de mis mayores aprendizajes ha sido ver la felicidad de ellos. Si hay una realidad difícil y falta de oportunidades, pero siempre está el saludo y las ganas de salir adelante, de siempre volverse a levantar”, puntualiza Uribe.

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