¡Es muy fácil ser un guerrero ecológico!

Ser verdaderamente amigables con el ambiente significa ir más allá de los límites, pero no es difícil

Por Elisabeth Braw

Rob y Jaki Roy han descubierto cómo vivir de manera verde. Reciben toda la energía de paneles solares; de hecho, no están ni siquiera conectados a la red eléctrica. En cuanto al agua, la consiguen tras pedalear una bicicleta que está conectada a una bomba de agua. “Con cuatro minutos dos veces al día se reúne el agua necesaria”, explica Rob.

Pero ¿qué pasa con la calefacción? La pareja vive en Nueva York, lo que significa que tienen que soportar inviernos muy duros, como ampliamente se han ilustrado este año. Cuando METRO los visitó, afuera había una temperatura de -18 grados centígrados, pero adentro era de 23 grados centígrados. Los Roy viven calentitos en su casa. El secreto: su hogar, que ellos mismos construyeron, utiliza mampostería de leña, una técnica milenaria de apilar que proporciona aislamiento superior y además utiliza chimeneas.

Muy verde, sí, pero no extremadamente complicado. “Construir una casa así es algo que pueden hacer las abuelas, los bebés y los castores”, le dice Rob a METRO. “Podemos enseñarlo en tres o cinco días, y es divertido. Hace 10 años, cuando no había una vida fuera de la red, podría haber parecido demasiado incómodo. Hoy, con el clima cambiando una realidad, poner de nuestra parte para ayudar al medio ambiente ya no es una opción que podamos descartar”.

La buena noticia es que ser extremadamente verde no es tan difícil como se cree. De hecho, se está convirtiendo en moda y dista mucho de un esfuerzo extremo. Un creciente ejército de propietarios en Escandinavia, Alemania y Gran Bretaña, por ejemplo, viven en casas sin calefacción. Eso es porque han construido (o renovado) sus hogares con un  estilo llamado casas-pasivas. Las características de estas son que tienen muros gruesos que mantienen el interior caliente, incluso en climas muy fríos. Y además aplican una nueva tendencia de comida popular: el veganismo crudo, que incluye solo frutas y verduras crudas. Teniendo en cuenta que un kilogramo de cordero en el plato ha generado 39,2 kilogramos de emisiones de CO2 (según cifras del grupo de trabajo ambiental), ser vegano es una buena opción.

¿Osamos mencionar las limitaciones en el uso de su televisor de pantalla plana? Si lo tiene prendido 6,5 horas por día durante un año, produce 269 kg (aproximadamente el peso de un tigre) de CO2 a la atmósfera. Apagarlo cuando no está viendo será un favor que se le hace a la  capa de ozono.

Y consideremos los desperdicios de comida. Los residentes de los países ricos actualmente tiran el 20% de los alimentos que compran. Dicho de otro modo, cada quinto muere en vano. Hay que añadir que hasta el 40% de los alimentos se pierde antes de llegar a los consumidores, lo que significa una pérdida de proporciones colosales. El 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países ricos vienen de alimentos que nunca se consumen. Así que en lugar de esperar un clima adecuado al cambiar el tratado que será firmado por las naciones del mundo, puede hacer como Alden Wicker, una neoyorquina que escribe el blog EcoCult: ella recoge sus desperdicios de comida, los pone en un congelador y una vez por semana los trae al bote de reciclaje. “¡Es tan fácil!”, exclama. “El único reto es dónde hacerlo. Antes, en mi edificio tenía una compostadora que llevaba al mercado de los agricultores”.

Otros hábitos verdes de Wicker tampoco son muy arduos: “Hago ejercicio, pero no uso cosas como cintas de correr que requieren de electricidad”, señala. Cuando tiene que ir a algún lugar dentro de la ciudad, toma el metro y trae un par de zapatos cómodos para hacer largos recorridos a pie. Y la lista continúa: solo ropa orgánica hecha localmente o bienes de segunda mano. Energía eólica para su apartamento. Y es más barato, advierte Wicker. ¿No tener calefacción en su casa es extremo o inteligente? Juzgue usted.

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