"Los periodistas tienen que ser más inteligentes que la inteligencia artificial”: Boris Muñoz

El cronista, columnista y editor de Opinión de The New York Times en español habló con PUBLIMETRO sobre su carrera en el periodismo, sus momentos memorables, su trabajo en New York y los retos a los que se enfrenta el periodismo.

Por Ariadne Agamez Lombana

Boris Muñoz es venezolano y es uno de los periodistas invitados al Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo que llega a su sexta versión en la ciudad de Medellín, un evento que tiene como objetivo incentivar la búsqueda de la excelencia, el rigor y la coherencia ética en el periodismo.

Muñoz ha trabajado como periodista de investigación, cronista y columnista; además, ha estado vinculado con la academia, en particular con la Universidad de Harvard. Actualmente se desempeña como el editor de Opinión de The New York Times en español.

¿Cómo se define Boris Muñoz?

¡Wow!… Boris Muñoz es un cronista, humanista, editor, escéptico del poder y demócrata. Además, amigo de sus amigos, con todo lo que eso significa, más allá de las etiquetas. Me gusta la amistad y soy una persona familiar.

¿Cuando era niño se visualizaba como periodista? ¿Había alguna característica que lo perfilara a ser el profesional que es hoy?

Creo que ninguna. Muchas cosas en la vida no las decide uno conscientemente, son inclinaciones que se van presentando por situaciones de la vida. Cuando estaba en cuarto de bachillerato tenía el dilema de si estudiar medicina o letras. Me gustaba la literatura, sobre todo, porque en mi casa se leía mucho y mi papá era poeta, tenía esa influencia. Pero también me interesaba la medicina, porque mi madre era bióloga y profesora de medicina, entonces estaba entre esa polarización.

Así que terminé decantándome por el periodismo, que era un camino más práctico que solo estudiar literatura.  Desde pequeño había un interés muy grande por la historia y el relato. Me encantaba que mi mamá me leyera cuentos y ella es una persona que influyó muchísimo en mí de esa manera, porque me dio un conocimiento literario desde muy pequeño, me leía todos los cuentos clásicos de los Hermanos Grimm, me leyó la Iliada cuando tenía 6 o 7 años y eso nunca se me olvida.

¿Los momentos de lectura en compañía de su madre eran nocturnos? 

Muchos momentos eran antes de dormir, pero con la Iliada eran los sábados, yo me acostaba en la cama con mi mamá y ella me leía.

¿Qué otros libros recuerda de su infancia?

Los libros de Sandokan, de Julio Verne: Miguel Strogoff, Veinte mil leguas de un viaje submarino, De la tierra a la luna; de Walter Scott Ivanhoe. Y hay un libro del que me acuerdo mucho y que es muy importante en mi vida y se llama Héroes en Zapatillas, que es de historietas de grandes personajes históricos y mitológicos y que también cuenta lo que cada uno es en su realidad.

Cuando ya se define por el periodismo, ¿cuál fue el periodista o el medio de comunicación que tenía como referente?

Yo leía los suplementos dominicales del diario El Nacional de Venezuela, que era el que llegaba a mi casa, porque nunca llegó El Universal, que era el diario conservador. El suplemento se llamaba Séptimo día que era el que tenía las lecturas más provocativas, estaban escritas con una prosa muy irreverente y sofisticada. Entonces, los periodistas que participaban de este fueron mis primeras referencias como Edwald Scharfenberg, que después fue mi maestro; Sergio Dahbar y Nelson Hippolyte Ortega. Un poco después descubrí a Tomás Eloy Martínez, quien ejerció una gran influencia, no solo por la admiración por su trabajo periodístico, por la capacidad de mirar y narrar que tiene, sino porque después fue mi profesor en Estados Unidos.

De ser periodista, ¿qué considera es lo más difícil?

Escribir es dificilísimo. Hay cosas que se me dan con facilidad, como entrevistar, creo que tengo cierta soltura en la entrevista y en investigar, porque me gusta estar en la calle. Pero escribir es siempre un reto, porque es organizar, decir con elocuencia, crear interés, usar imágenes y todo eso es muy difícil. Siempre me costó, pero la práctica te da confianza y la confianza te ayuda a poder narrar de una manera más sencilla, más fluida, más atractiva sin preocuparte tanto por decirlo todo, que no se puede (risas).

Hablemos sobre la crónica, ¿cuáles serían esos ingredientes que hacen este género atractivo?

Hay muchísimos tipos de crónicas. Lo que tiene la crónica es que es la esencia de la literatura latinoamericana, los primeros relatos que se produjeron en español en América son crónicas. La crónica es una forma muy amplia de dar cuenta de una realidad que no se limita a lo informativo, sino que tiene unos elementos de subjetividad que la hacen más interesante, profunda, amplia y más abarcadora. Una buena crónica tiene esos dos niveles, un nivel de información y narración de hechos, de investigación; y tiene un nivel de subjetividad que es la mirada muy particular que tiene y que es personal. Es la recreación de una experiencia, incluso cuando no se ha vivido, como lo hizo Gabriel García Márquez en Noticia de un Secuestro.

De su trayectoria profesional, ¿cuál considera que es su mejor trabajo?

Es muy difícil… el trabajo que hice de manera continua justo antes del 11 de septiembre del 2001 y hasta que se cierra mi primer ciclo de mi primera estadía en Estados Unidos en el 2003. Ese es un periodo muy interesante de mis artículos. De manera espontánea puedo decir que hay muchos momentos, como lo que sucedió a partir del 11 de septiembre que empieza con una crónica que se llama Caminando por NY después de la emboscada, en la que apenas abrieron la ciudad de New York, dos días después de los ataques, me fui en el primer tren que entró y caminé por esa ciudad apocalíptica recogiendo lo que el ambiente me daba, es una crónica muy ambiental. Me gusta mucho porque recrea un momento que quizás no lo iba a encontrar en las noticias.

Y de los temas más complejos de los que ha tenido que escribir…

He escrito muchas crónicas, ensayos y ensayos políticos. Pero reflejar lo que sucedió en Venezuela en los años de Chávez, donde reportié muchísimo, era muy difícil que te creyeran. Era conseguir credibilidad en un ambiente muy polarizado y donde había una guerra mediática y de versiones, teniendo un punto de vista, porque nunca he sido favorable al gobierno chavista. Me parecía desde hacía mucho que iba a derivar en una dictadura y eso lo dije. Pero a pesar de tener ese punto de vista tan fuerte sobre la realidad venezolana pude crear credibilidad basada en los hechos y en la forma de contarlo, fue un desafío muy interesante. Siempre fui crítico del gobierno, pero incluso, los del gobierno hablaban conmigo porque sabían que nos los iba a tergiversar de mala manera.

¿Cómo fue su llegada al The New York Times en español?

Yo hacía mucho me olía lo que sucedería en Venezuela. Yo veía la dictadura muy clara y decidí que había que intentar quedarse en Estados Unidos. Casi por serendipia o por un afortunado accidente terminé en The New York Times. Fue muy accidental porque yo tenía mucho tiempo buscando trabajo académico, como año y medio, pero era muy difícil. En cuestión de 48 horas me llegó por distintas vías la descripción del trabajo que estaba buscando The New York Times. Me la mandaron cuatro personas al mismo tiempo, varias de ellas no tienen nada que ver entre sí. Todos me decían lo mismo: ‘Tienes que aplicar a este trabajo porque es para ti’. El proceso duró cerca de cinco meses hasta que quedé allí.

¿Cuál es el reto en su trabajo como editor de opinión?

El reto es llevarle a los lectores la opinión de la mayor calidad, que sea una opinión bien pensada, que tenga un punto de interés, que no sea un juicio personal sino un argumento y que esté desarrollado a partir de hechos y datos comprobados, para que al final ese punto quede resuelto, no necesariamente con una conclusión sino con una proposición o recomendación para evitar un mal mayor.

Considera a las redes sociales como generadoras de opinión…

Las redes sociales son aliadas del ruido, pero también son un gran fermento de opinión para lectores exigentes, para gente que quiere usar eso como un pilar de su entendimiento del mundo pero que exige un pensamiento crítico. No se debe aceptar todo como verdadero porque sí, porque detrás de la información que se difunde hay algoritmos, que no deciden éticamente lo que es bueno o malo… todavía.

¿Cuál cree que es el gran desafío del periodismo?

El gran desafío del periodismo en los años que vienen es ser más inteligente que la inteligencia artificial y poder mantener la diferencia de lo que puede hacer una máquina y lo que puede hacer un ser humano. Creo que los periodistas tienen que aprender mucho de sí mismos para poder enriquecer el reporte sobre la verdad. En el curso de las próximas décadas es muy posible que la inteligencia artificial llegue al periodismo, por eso es muy importante que los periodistas sean más inteligentes que los algoritmos.

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La frase

"En el curso de las próximas décadas es muy posible que la inteligencia artificial llegue al periodismo, por eso es muy importante que los periodistas sean más inteligentes que los algoritmos", Boris Muñoz, periodista y editor de Opinión de The New York Times.

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La cifra

6 años cumple el Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo, con el que se convoca a los mejores exponentes del periodismos Iberoamericano.

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