La fundación Compasión cumple cinco años construyendo los sueños de los campesinos

La fundación ha logrado construir cerca de 100 casas dignas para los campesinos del oriente antioqueño y 40 en el departamento de Sucre.

Por Ariadne Agamez Lombana

La primera vez que Isabel Cristina Bouhot conoció la manera cómo vivían los campesinos en Marinilla, Antioquia, fue tan impactante, que su vida cambió por completo y decidió que debía hacer todo lo necesario para ayudarlos a tener una casa digna.

Isabel nació en un hogar guiado por un padre que se caracterizaba por ser muy generoso y que siempre le ayudaba a los más necesitados. Desde niña vio a través del ejemplo lo que significaba ayudar. “Mi papá nos decía que para ser feliz había que empezar por el otro”.

Esas palabras marcaron para siempre a Isabel. El barrio en el que vivían en Bello se caracterizaba por estar habitado por personas muy sencillas y era eso lo que motivaba al padre de Isabel para siempre ayudar.

Un día cuando Isabel ya se había casado viajó en compañía de su esposo a la casa que habían construido en una vereda del municipio de Marinilla, algo que iba en contra de las costumbres habituales que tenía, pues se consideraba una mujer citadina, a quien la palabra descanso significaba playa, brisa y mar.

“A mí no me gustaba el campo, pero decidimos hacer la finca allá y me pareció muy impactante el primer día que salimos a caminar con nuestros perros, cuando me di cuenta que la situación del campesino era tan distinta”.

Isabel conoció el piso de tierra, la letrina, los techos improvisados y que no había servicios sanitarios. Quedó completamente impactada, el olor de la humedad era insoportable y se cuestionaba el por qué los campesinos tenían que vivir de esa manera.

“Mi esposo si estaba acostumbrado al campo, mientras que yo no. Todo me pareció tan horrible que lo primero que le dije fue: ‘¡que inequidad tan grande! ¿Cómo es posible que unos tengamos tanto y otros no tengan nada?”.

Desde ese entonces Isabel se puso en la tarea de buscar ayudas para los campesinos. Entre lágrimas recuerda que su padre aún tenía la fábrica y lo primero que les llevaron a los campesinos fue ropa.

“He sido cantante aficionada toda la vida, entonces empecé a cantar y a cambiar mi música por donaciones. Las personas me contrataban en sus casas, no me pagaban en dinero porque la cuota era de mínimo 10 regalos buenos. Así que yo cantaba y al segundo día tenía todos los regalos de mi vereda porque yo hacía cuatro o cinco novenas diarias”.

Así fue como empezó la recolección de las donaciones durante la Navidad para los campesinos y los niños de la vereda. El resto del año se recolectaban mercados. Sin embargo, al poco tiempo una enfermedad degenerativa afectó notablemente la salud de Isabel y la llevó a pensar en desistir por los dolores tan intensos que la aquejaban.

En ese momento el director del Canal Televid, le dijo que ella no podía dejar esa labor y le puso a su disposición el medio para solicitar la donación de los juguetes, aunque Isabel no estaba convencida de hacerlo, efectivamente funcionó y empezaron a llegar sin necesidad de tener que cantar.

En una época llegaron tantos juguetes que Isabel pensó que era el momento de pedir alimentos, entonces nació La Tienda del Amor, donde no se compra ni se vende. Isabel volvió a cantar en casas de familia, en oficinas, en empresas, en iglesias, a donde la llamaran a cambio de alimentos o de lo que quisieran dar.

“Yo no sé si a la gente sí le gustaba como cantaba, pero por lo menos eran felices contratándome por lo que yo hacía. A mí me llovían los contratos, todos querían que yo fuera a cantarles y siempre eran los mismos cada año”.

De un momento a otro un donante llegó con 20 millones de pesos, en ese momento surgió la idea de crear un fondo para prestarle a las mujeres para proyectos productivos. Un día llegó una mujer a solicitar el préstamo de $1.000.000 para empezar su casa y ese fue el detonante de lo que es hoy la fundación.

“Yo le dije, no te puedo prestar el millón, sé que la vivienda es muy necesaria pero no es productiva, te puedo prestar para sembrar frijol o para comprar un ternero. Ese mismo día le dije a mi esposo, ya sé cómo me consigo esa casa: Cantando. Pero él me dijo: entonces tendrás que cantar mucho. Pero no, le dije: grabo un CD. Así empecé y logré construir la primera casa”.

Una vez se formalizó la fundación empezó a crecer de manera acelerada. A la fecha se han entregado 150 viviendas completamente dotadas. “La dotación también es con cosas donadas, pedía que si alguien iba a cambiar la sala que me la regalara. Fue con el voz a voz y cuando menos pensé tenía para donar dos casas y luego para tres y así”.

Las casas tienen tres planos diferentes y voluntarios profesionales ayudaron a la construcción de los diseños de acuerdo a la cantidad de personas que conforman la familia.

La Fundación trabaja actualmente con las Juntas de Acción Comunal de los municipios del oriente antioqueño, quienes son los encargados de determinar cuál es la familia más vulnerable y que realmente necesita un mejoramiento de vivienda por los riesgos que presenta.

“Los campesinos lloran cuando reciben la noticia de un mejoramiento de vivienda, a ellos no les gusta vivir así, sino que les toca. Cuando me ven llegar, lloran. Cuando yo pongo el pie en una casa es porque ya sé que les vamos a ayudar. La esperanza de un pobre es su patrimonio”, Isabel Cristina Bouhot, fundadora de la Fundación Compasión.

El apoyo está concentrado principalmente en el mejoramiento de la calidad de vida de los campesinos, porque Isabel reconoce que hay estudios en los que se indica que en el 2030 no habría quien cultive la tierra, “tenemos que conservar a unos pocos que sí lo sigan haciendo, porque en la medida que ellos estén estimulados, contentos y seguros, no se van a ir”.

Y agregó “A cada casa le entrego todo el amor. Al techo porque da seguridad, al baño porque tiene que ser impecable, fresco, iluminado y la cocina divina. Los colores de todas nuestras casas son distintos y muy alegres. Es el sello de nosotros”.

“La invitación es a donar todo lo que no necesitan, que vivan más livianos y para que pueda hacer feliz a otro, porque lo que a usted le sobra a otro le está haciendo falta”, puntualizó Isabel.

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La cifra

El costo de la construcción de las casas para los campesinos es de 17, 24 y 30 millones de pesos.

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