El aroma de las mujeres de la comuna 13 que cautiva en Medellín

El sueño por sacar adelante a sus hijos y guiarlos por un camino alejado de la violencia es la inspiración de más de 40 mujeres que luchan por transformar su vida y la de su entorno.

Por Ariadne Agamez Lombana

Hace más de 14 años cientos de mujeres de la comuna 13 quedaron desprotegidas. Muchas, de la noche a la mañana, se levantaron con la responsabilidad de ser padre y madre y, sobre todo, de ser la fuente principal de amor y sustento para sus hijos.

La violencia, los enfrentamientos entre el Estado y los grupos ilegales, las fronteras invisibles, la ilegalidad, la injusticia, la lucha de poder, la violencia de género, la falta de oportunidades, entre otras muchas más razones, se convirtieron en la fuente de dolor que hizo estremecer a más de una mujer para que se empoderaran de su vida y decidieran hacer un cambio.

En ese entonces eran muchas mujeres que tenían hambre… hambre de vida y hambre literal. Pocas sabían qué hacer, porque en su mayoría eran desplazadas de zonas rurales, expertas en manejar la tierra, pero con poco conocimiento de lo que se podía hacer un lugar lleno de cemento.

Paola Rivas es una de ellas. A sus 35 años ha logrado liderar la Red de Apoyo para la Mujer que surgió desde ese entonces, cuando no encontraron otro camino distinto que el de ayudarse entre todas para poder seguir adelante y fortalecerse día a día dentro del territorio.

Las hermanas misioneras de la Madre Laura siempre han estado presentes en los procesos de apoyo a las mujeres y fueron ellas quienes le permitieron a Paola el poder estudiar y capacitarse como líder. Sus buenos resultados académicos le dieron la oportunidad de ser una de las elegidas, además influyó el reconocimiento que tenía en la comuna por ser cantante de hip hop.

“Las monjitas Lauritas nos mandaron a estudiar a muchas de nosotras, con la única condición de que regresáramos al territorio para apoyar a la comunidad y a las mujeres que habían quedado como víctimas”.

Paola en el 2007 viajó a Bogotá durante dos años para capacitarse en el programa de Gestión Comunitaria de Salud en la Universidad de El Rosario. Al finalizar cumplió con su obligación de volver para aplicar todo su conocimiento y así ayudar a las demás mujeres que necesitaban una guía para poder desarrollar proyectos que les permitieran sostenerse.

Poco a poco todos los grupos de mujeres que existían en la comuna se fueron integrando y desde cada uno se apoyaban para lograr la transformación que requerían como habitantes de un territorio que había sido azotado por la violencia y que las dejaba a ellas como protagonistas del cambio.

Paola llegó a ser Presidenta de la Junta de acción comunal del Independencia I, pero un secuestro por parte de uno de los combos que operaba en el territorio le truncó el camino, le pedían renunciar y así lo hizo. Fue un momento muy difícil pero a partir de esa experiencia se creó la Red de Apoyo para la Mujer.

“Yo siempre había tenido el anhelo de ayudar a otras mujeres y pude ver que todas las que hacían parte de la comunidad venían del campo, que saben manejar la tierra y que conocen de plantas. Entonces lo que hice fue traer de Anolaima cinco kilos de lombrices californianas y cuando yo llegué acá me di cuenta que ellas tenían más conocimiento que yo de lombrices”.

Nuevamente las hermanas Lauritas apoyaron la iniciativa y les ofrecieron el abono y las semillas de plantas. “Así fue como las mujeres dentro de nuestras casas empezamos a sembrar diferentes plantan medicinales, porque era importante al menos tener con qué calmarse un dolor cuando no se tenía para comprar una pastilla”.

Hace cinco años el apoyo que recibían de las hermanas Lauritas se afectó por delincuentes que pretendieron ‘vacunarlas’. Las hermanas denunciaron y lograron capturar a los responsables, pero se alejaron del sector. “A raíz de eso nadie traía mercados aquí, había más hambre. Algunas mujeres decían que pasaban hasta tres días tomando agua porque no había que comer y les deba vergüenza ir a pedirle a la vecina, porque sabían que también estaba en una mala situación”.

Conocer esas historias motivó mucho más a Paola para buscar opciones que permitieran cambiar esa gran dificultad. “Ganamos un proyecto pequeño en el que capacitaban a las mujeres tres meses y durante ese tiempo les daban el mercado, ellas con tal de ganarse el mercado iban a estudiar. Pero les pusimos una condición y era que debían aprender lo que sintieran que les gustaba y que iban a hacer bien”.

Así fue como las mujeres mayores empezaron a producir perfumes orgánicos, decidieron utilizar las lombrices californianas para hacerlo. Lo lograron gracias a la ayuda de una señora que tenía un lugar de eventos, que les regalaba las flores que quedaban al terminarse las fiestas.

“Empezamos a meter esas flores bajo tierra en la cama de lombrices californianas, nos tocó esperar un año y al cabo del tiempo nos dimos cuenta que los aromas eran maravillosos. Los comercializamos dentro del sector. Un día sacamos 12 perfumes y nos fuimos a las escalas eléctricas y a la media hora ya los habíamos vendido todos”.

Los turistas que llegan a conocer la transformación de la Comuna 13 y que visitan las escaleras eléctricas son los primeros en dejarse conquistar por los aromas de los perfumes orgánicos. El principal olor que cautiva el olfato de los extranjeros es el perfume con olor a café, pues sin lugar a dudas, el café es Colombia.

Además de los perfumes también comercializan artesanías, collares, pulseras, entre otros; en total son 40 productos distintos que son elaborados por las mujeres que decidieron progresar y trabajar para ser el sustento de sus familias.

Aunque los turistas las buscan para comprarles sus productos y admirarlas por ser el ejemplo viviente de superación del territorio, siempre han tenido problemas con la Administración de escaleras eléctricas.

“Siempre hay personas que están en contra de lo que uno hace y nos ponen en contra de la Administración de escaleras eléctricas, entonces cada nada nos toca corrernos con el proyecto. Nos toca al sol, al agua, un día en un lado, al siguiente en el otro, porque nos da miedo a que espacio público se nos lleve las cosas y nos dejen sin nada”.

Paola reconoce que existe la manera de pedir permiso pero duda en que la Administración de las escaleras eléctricas les colabore. Constantemente piden ayuda porque ellas también limpian, pintan y mantienen el lugar atractivo para los turistas.

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