De periodista a paparazzi por la banda Guns N’ Roses

La experiencia de fotografiar, durante la estadía en Medellín, a Duff Mckagan y a Richard Fortus de Guns N" Roses cuando era prohibido.

Por Ariadne Agamez Lombana

Durante los últimos meses en Medellín el tema de conversación, que generaba cada vez más expectativa, era el concierto histórico que la agrupación norteamericana Guns N’ Roses ofrecería en la ciudad.

Poder cumplirle a los fanáticos y por supuesto a la banda estadounidense se convirtió en un reto, más cuando la ciudad sería el escenario para volver a ver en escena a Axl Rose, Slash y Duff McKagan, después de 24 años de su última presentación en Colombia.

Pues bien, el día llegó, el martes 22 de noviembre de 2016 registré la noticia que a las a las 9:00 a.m. había aterrizado en el aeropuerto José María Córdova de Rionegro el avión de Guns N’ Roses, un Being 757 personalizado con los colores y la imagen de la banda.

Como de costumbre, la agrupación había establecido las reglas de juego, no habría rueda de prensa, no permitirían fotografías y para el concierto estaba prohibido el ingreso de cámaras profesionales de video o fotografía.

Todos debían hacerse a la idea que el privilegio sería para aquellos que habían logrado comprar las boletas o que habían tenido la suerte de ganarlas al participar en los acostumbrados concursos de las emisoras del país y que solo con sus celulares podrían registrar tan histórico momento.

Pues bien, ese martes me habían hecho una invitación a almorzar, pocas veces puedo aceptar porque aunque las distancias en Medellín lo permitan, la ciudad no para de generar noticias. Dudé en ir, tengo que reconocerlo, pero como si el destino ya estuviera escrito, algo dentro de mí insistió en que debía cumplir la cita.

El almuerzo era en el Hotel Intercontinental de Medellín, un hotel en el que generalmente se realizan los eventos más importantes de la ciudad y donde efectivamente se hospedan muchas de las personalidades que visitan la ciudad por su ubicación estratégica.

A las afueras del Hotel todo parecía normal, ingresé al parqueadero, informé que tenía un almuerzo y entré al hotel. Cuando bajaba las escaleras que conducen al restaurante, me crucé con un hombre de camiseta amarilla que se despedía de otro diciéndole, con un español un tanto enredado, que le entregaría la manilla en el estadio.

Me llamó la atención y pensé, puede que el grupo esté aquí, pero continué mi camino y llegué al restaurante ubicado al lado de la piscina, allí me encontré con las personas con las que tenía la cita.

Me senté en la mesa de espaldas a la piscina que está ubicada entre el gimnasio del Hotel y el restaurante, me concentré en la conversación, cuando voltee a mirar y vi a ¡Duff McKagan haciendo ejercicio! y en un costado al hombre de camiseta amarilla con el que me había tropezado unos minutos antes.

Inmediatamente pensé, ¡tengo que tomarle una foto!, creo que lo dije en voz alta, porque una de las personas con la que estaba en el almuerzo, me dijo que lo primero que les habían advertido era que no se podían tomar fotografías.

Entonces decidí, casi automáticamente, convertirme en paparazzi, me levanté de la mesa, me hice la que buscaba el baño, por suerte caminé en la dirección correcta, mientras caminaba observé a las personas que estaban en el gimnasio, así que dije es ahora o nunca y volteé mi celular para tenerlo en posición horizontal y tomé la primera foto.

Empecé a sentir la adrenalina, los oídos rojos, todos los ojos puestos en mí, el pulso acelerado, era justo la sensación de estar haciendo lo prohibido, pero soy periodista, debo hacerlo.

Inmediatamente envié la foto a Bogotá y me senté nuevamente en la mesa, sentía escalofrío al pensar que en cualquier momento alguien llegaría por detrás y me tocaría la espalda para decirme que debía borrar la foto. Por suerte no sucedió.

Pasaron 2 minutos o más, cuando pensé, Duff no podrá quedarse mucho tiempo haciendo ejercicio, debo hacer todo lo posible por tomar más fotos antes que desaparezca.

Me volví a levantar de la mesa, pedí perdón porque tal vez sería la más mal educada con la que el grupo habría almorzado en su vida, pero tenía una misión.

Nuevamente caminé lentamente, como quien no quiere la cosa, giré el celular para hacer la mayor cantidad de tomas posibles, hice zoom y tomé unas cuantas fotos, la nitidez no era la mejor, pero por suerte se podía identificar a Duff haciendo ejercicio.

Me sentía un poco asustada y a la vez feliz, eran fotos exclusivas de uno de los integrantes de la banda de hard rock más importante del mundo, así que decidí que esperaría hasta que otro de los cuatro decidiera unirse o que simplemente se me cruzara en el camino.

Deseaba poder encontrarme con Axl, con ese hombre que recordaba en mi niñez, como el que adornaba la habitación de mi hermano, ese rubio cobrizo de melena larga, nariz perfecta, piel de bebé y ojos azules intensos.

Por más que alargué mi estancia en el restaurante, el almuerzo terminó, Duff ya se había ido del gimnasio así que caminé lentamente hacía la salida, pensé que tenía que quedarme, ellos tenían que salir a conocer, a la prueba de sonido, a algo; por lo que me ubiqué por unos minutos en la recepción.

De un momento a otro noté que había movimiento, no había mucha gente por lo que era más fácil de percibir y sí, tenía frente a mí a Richard Fortus, guitarrista de la banda, sin pensarlo le tomé la foto y justo el de seguridad me vio, con la actitud que los caracteriza me dijo que estaba prohibido, que no le tomara más fotos, le dije que tranquilo, le sonreí y lentamente caminé.

Pocos minutos después salió en una de las camionetas que la organización tenía a su disposición, definitivamente pensé que debía quedarme, pero ya no tenía excusa para permanecer en el hotel, ya me habían preguntado si estaba esperando a alguien, dije que sí, porque era verdad, solo que estaba esperando era a Axl y a Slash.

Salí al parqueadero para, literalmente, hacer guardia, de un momento a otro empezaron a llegar las motos de escolta de las autoridades, eso me hizo pensar que efectivamente saldría la agrupación, como siempre hago me acerqué al grupo y empecé a hablar con ellos.

Durante las casi 4 horas que estuve esperando cerca de la puerta principal a que salieran mis objetivos, puede enterarme de algunos detalles, como que ocupaban todo el séptimo piso del hotel, le habían exigido a los directivos advertirle al personal sobre la prohibición de tomar fotografías y que Axl había pedido que se cubrieran todas las ventanas de su habitación porque no quería que entrara la luz del sol.

Cerca de las 7 de la noche, volvió Richard al hotel, me sorprendió mucho verlo bajarse de la camioneta con una bolsa de Juan Valdez y con un vaso en su mano, tomé la foto lo más rápido que pude y la envié.

Pocos minutos después me dijeron que Axl y Slash no saldrían, que ellos estaban muy cansados. Es que no es para menos, llevan 11 conciertos de la gira ‘Not In This Life Time World Tour’ desde que inició en Lima el pasado 27 de octubre. Confiando en esa información me retiré lentamente del hotel.

El día más esperado llegó, los miles de fanáticos desde muy temprano fueron desfilando al Estadio Atanasio Girardot, de negro, con las camisetas que tienen el logo de la banda, con pantalones y chaquetas de cuero, con las características pañoletas rojas, las gafas de aviador y las botas.

El Metro de Medellín desde muy temprano fue el medio preferido por los asistentes para cumplir la cita en un concierto que pasó a la historia.

A las 8:00 p.m. empezó, la única leyenda viva de los Ramones, Marky Ramone fue el encargado de abrir, con pocas luces en su presentación, durante 30 minutos interpretó sus mejores éxitos en los que incluyó ‘I want to be your boyfriend’, ‘She’s the one’ y ‘I wanna be sedated’, entre otros.

Al finalizar Marky, en 30 minutos reorganizaron el escenario y a las 9:03 p.m. inició la explosión de luces y sonido con la que Guns N’ Roses demostró por qué es una de las bandas de rock más importantes de la historia.

Con ‘It’s to easy’ inició el concierto, una vez más Axl y Slash estaban en el mismo escenario, los gritos, la piel de gallina, los corazones a millón y la felicidad en los fanáticos invadió el ambiente.

Un espectáculo inigualable, más de 200 luces robotizadas, un sistema de sonido de última tecnología, juegos pirotécnicos y tres pantallas impresionantes, deslumbraron a los asistentes.

Muchos gritaban, otros cantaban con toda la fuerza que podían, otros parecían hipnotizados y anonadados, como que la emoción de ver a una banda tan potente los había dejado inmóviles.

Por poco todos sentimos que se volvería a cumplir que mientras la banda interpretaba ‘November rain’, el cielo se uniría al show, pero las pocas gotas que cayeron se desvanecieron rápidamente.

Guns N’ Roses cantó durante 2 horas y 45 minutos continuos, la energía y la potencia se mantiene intacta a pesar que sus pieles son fieles testigos del paso de los años, ¡pero qué resistencia!

Axl se cambió en varias oportunidades, pero fue emocionante verlo con nuestro tradicional sombrero vueltiao, sus interpretaciones y su potencia vocal son impresionantes.

En definitiva Medellín demostró ser un gran escenario para todo tipo de espectáculos, excelente organización y gran show. ¡Simplemente gracias!

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