TransMilenio es como un videojuego que, por desgracia, es real

Aunque los casos son miles, una usuaria relató a Publimetro su frustración con el servicio y clamó por lo que todos exigimos: un transporte digno.

Por Mauricio Barrantes / Publimetro

Angélica María Gutiérrez hace un año defendía a capa y espada los buses rojos. Como muchos, sentía que ese sistema de transporte le había cambiado la cara a la ciudad y facilitaba las cosas en cuanto a movilidad. Hoy, su percepción es completamente distinta. La inseguridad, las demoras de los articulados, la presencia indiscriminada de vendedores ambulantes y la ausencia de autoridades le hicieron perder la fe en ‘Transmi’.  

Ir de la casa al trabajo pasó de ser una rutina sin contratiempos a toda una aventura para Angélica, como los videojuegos sí. Y es que aunque ella no es una ‘gamer’, su travesía en el sistema no dista mucho de ser, al menos, un gran tema para los creativos de los videojuegos. Aquí está su historia:

Lugar: Bogotá. Fecha: martes 25 de noviembre. Vidas: 1. Bonos: 0.

Angélica tiene 36 años y es la protagonista de este capítulo. Su reto no es fácil: tiene que llegar de la estación Marsella a Rionegro en menos de 40 minutos, tiempo que tardaba hace un año en ese recorrido. Sin embargo, para lograr su objetivo debe enfrentarse a los más temibles males que aquejan estaciones y buses articulados en los últimos meses.

Son las 7:30 de la mañana, Angélica está en la estación y pasa la tarjeta, el juego ha comenzado. Gira la cabeza a la izquierda y alcanza a ver cómo, en el torniquete del lado, un usuario pasa sin pagar. Continúa su camino y tiene dos opciones: C19 o M51, el que primero pase, o al primero que se pueda subir, será su bus elegido.

Ya han pasado 25 minutos, el reloj marca las 7:55 a.m. y la desesperación por llegar tarde evitan que la espera sea amena. Finalmente decide tomar una opción extra, el F19, y bajarse en la estación Ricaurte para hacer transbordo. Estando en dicha estación se enfrenta al obstáculo de la falta de cultura ciudadana. Todos se agolpan en la salida y un muchacho, bajito, tez morena, fornido y con un tatuaje en el brazo izquierdo le propina una patada en la pierna derecha cuando ella pasa (-100 Puntos).

Angélica reacciona y reclama, lo que lleva a que el joven arremeta con groserías y la insulte (-200). Ella prefiere huir, pero el villano de esta historia comienza a perseguirla. No hay ‘bonus’ o poderes especiales para salvarse de esta situación, solo acelerar el paso con la esperanza de encontrar un policía. Al final del túnel, de Ricaurte, alcanza a ver a 3 auxiliares de policía y entonces el villano detiene su persecución y sonríe de forma sarcástica, anunciando así, que no será la última vez que la vuelva a ver.

La protagonista se sube ahora a otro bus rojo. Esta vez no sufrió de otra agresión física ni verbal, pero sí tuvo que aguantar tres tipos de música distinta, dos cuenteros y hasta un indigente que usan a TransMilenio como escenario de trabajo. Ella no los juzga, pero sabe que este tipo de empleos tienen que regularse.

Termina el recorrido y en vez de ver el ‘game over’ , Angélica llega a su oficina, recibe un Publimetro y lee el artículo ‘Las joyitas de TransMilenio’. Ella, indignada por la situación, que no es ajena a lo que vive día a día decide escribirle al periodista que hizo la nota para mostrar su decepción por el sistema.

Lo que pasa con Angélica Gutiérrez es el pan de cada día para muchos bogotanos y colombianos que viven en la ciudad. En el mail que envió a este medio de comunicación y en la posterior entrevista, Gutiérrez relató los problemas que tiene que afrontar en su recorrido de la casa al trabajo. Sus impases del martes 25 hacen parte de su lista de ‘joyitas’ propias de ‘transmi’ y que suman más de una decena. Por eso, es ella con sus preguntas la que debe terminar esta nota y cuestionar:

“¿En quien recae la responsabilidad? ¿Será que todos tenemos algo de culpa? ¿Cuál es la solución? y ¿será que algún día nos movilizaremos felices y contando historias positivas?”

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