La "verdad desnuda" del proceso de paz, según la Trampa del Elefante

Por PUBLIMETRO

Este jueves, en un evento organizado en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, se realizará el lanzamiento del libro La Trampa del Elefante, con el cual se quiere mostrar la “verdad desnuda” del proceso de paz con las FARC en Cuba.

El libro es del abogado especialista en asuntos públicos y constitucionales y directivo de la firma Guillermo Rodriguez & Abogados Asociados, Guillermo Rodríguez, quien devela documentos que inidicarían que lo que se le ha mostrado a la opinión pública es poco comparado con lo que realmente se está negociando en La Habana, donde, según él, “se le está entregando el país a las FARC”.

El prólogo del libro es del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, quien lo califica como un “análisis sesudo y crítico” sobre los diálogos de paz que Santos ha concertado con las Farc, y eventualmente con el ELN.

A continuación, reproducimos el prólogo escrito por Uribe:

“En La Trampa del Elefante los lectores encontrarán un análisis sesudo y crítico sobre un tema de preocupación patriótica: los diálogos de paz que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC y el ELN.

Son cinco capítulos que, sustentados en una rigurosa investigación, presentan un recorrido por los orígenes de la izquierda en Colombia, la evolución ideológica y estratégica de ambos grupos guerrilleros, sus recientes acercamientos a la paz y las verdaderas intenciones que subyacen a dichos esfuerzos.

Una cosa muy grave a la que ha contribuido el gobierno de Juan Manuel Santos, no obstante que él participó en nuestro gobierno y en la primera elección se hizo elegir con nuestras tesis, es alimentar una teoría a nivel nacional e internacional que supone que el dilema colombiano es entre guerra o diálogo, y eso no es así.

La guerra no es aplicable como concepto al caso colombiano, y mucho menos el afirmar que la guerra es entre el Ejército y la guerrilla pero no con la población civil. Primero, confunde el deber estatal de la seguridad en el Estado de Derecho con el concepto de guerra.

Segundo, pone en pie de igualdad a las Fuerzas Armadas con el terrorismo. Tercero, no excluye de ser potencial víctima sino a la población civil, y de allí se deduce que autoriza que se siga asesinando a soldados y policías. Cuando la Fuerza Pública percibe que el Gobierno no la lidera, no le resuelve problemas, no le importa la vida de sus integrantes, así la Fuerza Pública no lo manifiesta, en el fondo se desmotiva y esa desmotivación está contribuyendo hoy a un deterioro de la seguridad en Colombia.

Aquí lo que se pide es que haya seguridad en favor de los ciudadanos frente a un desafío terrorista de todos los días. Nuestro gobierno actuó en un proceso de desarticulación del terrorismo, de la violencia. En ese proceso la seguridad se ejercía con valores democráticos y estaba acompañada de la promoción de inversión y de la política social. Y el capítulo de la seguridad tenía respeto por todas las voces del país, adeptas o desafectas al gobierno. Segundo: había todas las posibilidades de diálogo condicionado. Tercero, toda la generosidad en la reinserción, con beneficios sí, pero sin impunidad. Y cuarto, había la política social que en el caso concreto de esas regiones, se llamaba política de consolidación que el Gobierno Santos ha venido desmontando.

Ahora bien, el problema de los últimos años es que ha habido un discurso grandilocuente de paz y un crecimiento aterrador de la violencia. Hay unas zonas del país que estaban en franco proceso de recuperación democrática y hoy están de nuevo sometidas a la férula del terrorismo; siguen asesinando soldados, policías y civiles, reclutando menores, sembrando minas antipersonales, atentando contra la infraestructura y siguen siendo el primer cartel de drogas del mundo.

Todo el mundo quiere la paz, pero no la claudicación del Estado democrático ante las pretensiones del grupo terrorista FARC, que no tiene representación social ni política. Por eso hemos insistido en que negociar con el terrorismo la agenda del país, significa validar el uso de la violencia como forma de lograr resultados políticos, además de constituir una injusticia con la democracia y los partidos políticos que representan la legalidad y la convivencia pacífica.

Para negociar con los violentos lo que realmente se necesita es suspender las acciones terroristas. Para negociar con el terrorismo, la única agenda es la desmovilización, reinserción y entrega definitiva de armas. Para negociar con el terrorismo se debe respetar la justicia para que no haya impunidad.

Presento la obra del doctor Guillermo Rodríguez, con la seguridad de que se constituirá en una fuente de consulta y reflexión sobre esas motivaciones ocultas de los grupos guerrilleros a las que se refiere en estas páginas, que van de la mano con la paz aparente que divulga este gobierno en su discurso”.

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