Pórtese mal en TransMilenio e imagínelo con espejos, como a un motel

Por Mauricio Barrantes / Publimetro

Empuje lo más que pueda, pise al del lado, no deje salir y ante todo, nunca le ceda la silla a una embarazada, un adulto mayor o una señora cansada de trabajar.

Dicen que a veces la psicología inversa puede funcionar. Y es que el tema de cultura ciudadana es un caso tan perdido para los que viven en Bogotá, que pareciera que la mayoría hubiese asistido a un curso de cómo portarse mal en el transporte público. Por eso, la mejor propuesta de cultura ciudadana para TransMilenio es que tenga espejos por todos lados. Los diseñadores de moteles pueden ayudar con el diseño, para que todos puedan ver sus comportamientos en el sistema.

No es novedad, TransMilenio tiene muchos problemas, que van desde la demora de los articulados, la inseguridad y lo llenos que pasan en horas pico. Pero a esas dificultades, habría que agregarles una muy importante: la falta de cultura dentro del sistema.

Piénselo por un momento, por ahora los usuarios han reaccionado con vías de hecho a los dolores de cabeza del sistema. Protestas, bloqueos en estaciones y hasta daños en los articulados, en el caso de los más desadaptados, hacen parte del ramillete de lunares causados por los problemas de este medio de transporte.  

Ahora, haga un feedback y piense que todo eso pudo haber sido distinto, en una Bogotá perfecta, en una ciudad de ficción. ¿imposible? Bueno al final es cada persona la que puede hacer la diferencia. Un buen comportamiento empieza por uno mismo: el ceder el puesto, el dejar salir antes de abalanzarse hacia el bus, el de dirigir una buena frase antes de empujar como loco; en fin, las actitudes que hoy parecen sacadas más de la imaginación.

Hoy el código de comportamiento en TransMilenio es el de portarse mal. Por eso hay que aplicar la metodología de la verguenza: un espejo que muestre a los usuarios cómo están actuando frente al otro; cómo, en vez de creer en el bienestar general, se busca salvarse en la travesía de montarse en un bus, a toda costa, y salir con todas las pertenencias.

Si portarse mal se hace más público y evidente, quizás algún día, las cosas cambien y se pueda entrar al sistema para observar cómo la gente da ejemplo de ser buenos ciudadanos en el transporte.

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