Mujeres: Pilar fundamental para construir la paz

Por COLPRENSA

En Colombia, según el Registro Único de Víctimas (RUV), una de cada dos víctimas del conflicto armado interno es mujer. Tanto es así que, según las cifras de la misma entidad, entre 1985 y 2014 la violencia ha dejado más de dos millones de víctimas de este género.

Sin embargo, aquel número solo corresponde a esas mujeres que han sido víctimas directas de abusos sexuales, homicidios, desplazamiento y los demás crímenes atroces que se cometen día a día en el país y que, según informe del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en el periodo comprendido entre 2004 y 2008, dejó un total de 6.600 mujeres asesinadas, de ellas 16% entre 20 y 24 años.

Pero la realidad es que ser víctima va más allá de una simple cifra, ya que muchas mujeres afectadas han tenido que padecer en carne propia el dolor de enterrar a sus hijos, esposos, hermanos, han padecido la tortura y, fuera de eso, muchas han quedado sin nada con qué vivir.

Aun así, el espíritu femenino, que es fuerte y jamás pierde la esperanza, ha sido capaz de reponerse a las peores tragedias y seguir adelante al punto de que en busca de conseguir la paz, muchas han decidido con sensatez y grandeza decirles a sus victimarios, mirándolos a los ojos, “lo perdono”, solo para sanar su corazón y seguir adelante.

Mujeres, gestoras de paz

Como parte del proyecto de vida que muchas de ellas emprendieron, crearon y se unieron a las distintas organizaciones que tiene el país en las que apoyan y defienden los derechos de las mujeres.

Por ello, emprenden un repertorio de acciones tanto individuales como colectivas con las que buscan favorecer sus derechos, la verdad, la justicia y la visibilización de los crímenes y los daños que esas acciones han dejado en sus vidas. Gracias al trabajo en conjunto de las distintas organizaciones sociales y con el apoyo de las Naciones Unidas, fue posible que hoy, en una publicación impresa, el país pueda conocer de primera mano la realidad de tantas de estas mujeres.

Las mujeres de Bojayá

Bojayá es un municipio ubicado en el departamento del Chocó, recordado por ser escenario de una de las masacres más bárbaras que ha tenido el país, ocurrida el 2 de mayo del 2002, donde murieron aproximadamente 110 personas, entre ellos, 48 niños, luego de que guerrilleros de las Farc lanzaran un cilindro bomba contra la iglesia donde estaba refugiada parte de la población.

Tras el atentado, las pérdidas humanas y de infraestructura fueron enormes, sin embargo, la realidad fue que muchas de esas situaciones posteriores no se dieron a conocer a la sociedad, razón por la que un colectivo de mujeres decidió unirse para hacer visible lo ocurrido y propiciar el reconocimiento de las historias de las mujeres víctimas de violencia, el asesinato de familiares, el despojo de bienes y del territorio, creando la Asociación de Desplazados Dos de Mayo (Adom).

“Este trabajo empieza cuando el Gobierno centra su atención en la reubicación de la comunidad del municipio de Bojayá y la construcción de obras de infraestructura, no en la recuperación del tejido social de las víctimas, de la comunidad”, aseguró una de las víctimas y dirigentes de Adom en el documental ‘Bojayá: La guerra sin límites’.

Adom desde sus inicios ha propendido por aliviar en alguna medida las cargas de muchas mujeres que quedaron solas, sin hijos o esposos, para que puedan a través de su testimonio, del desahogo y de poder hacer algo por su pares, que situaciones de este tipo no vuelvan a presentarse, puedan perdonar a sus victimarios y estar un paso más adelante en la construcción de la paz.

En este colectivo, a través del tiempo, las mujeres que lo lideran han realizado diferentes actividades en busca de reconstruir la vida de las víctimas: sus propias vidas, y entre las actividades realizadas se encuentran los ‘Ejercicios de Memoria Histórica’, prácticas que trascienden lo simbólico y se convierten en actos de reparación y sanación del dolor que el conflicto armado dejó, en el que la música y la oralidad se han convertido en canales de expresión.

Así también, la búsqueda del empoderamiento económico ha permitido que a través de diferentes talleres en los que se desarrollan habilidades y capacidades para trabajar, estas mujeres puedan desarrollar diferentes proyectos productivos de modo que generan sus propios ingresos y, de paso, mejorar considerablemente su calidad de vida.

“A través de estos proyectos apoyados por la Ruta Pacífica de las Mujeres – Regional Chocó, algunas de ellas que nunca habían contado sus historias de vida, lo hicieron. Lloraron, denunciaron, sacaron muchas cosas que llevaban dentro, se sanaron e incluso están pensando en el perdón para sus victimarios”, asegura una de las mujeres líder de Adom.

“Las mujeres somos los pilares de fortaleza en la sociedad”

Como Bojayá, San Onofre en Sucre también fue escenario de la violencia ya que la región de los Montes de María, por ser tan rica en recursos naturales, ha sido azotada con la presencia y accionar de distintos grupos guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes desde los años 90.

Razón por la que los enfrentamientos por el control territorial dejaron a su paso un sin número de víctimas producto de masacres selectivas, desplazamientos, desapariciones, usurpación de tierras y violaciones de tipo sexual a las mujeres de las comunidades, y aún así, han sido ellas quienes decidieron no rendirse ni quedarse en el dolor. Al contrario, unidas, formaron la ‘Resistencia y Dignificación de las mujeres de raza negra de Libertad’.

Este movimiento surgió en 2004 después de que un grupo de paramilitares abusara sexualmente de algunas mujeres de la región, quienes al no quedarse calladas permitieron que se visibilizaran estas acciones para poder hacer justicia.

Con esto, a través de los dos ejes que guían y soportan las acciones de las mujeres de San Onofre -el componente psicosocial, donde se propician los espacios para escuchar y acompañar a las víctimas, y el jurídico, para la orientación en procesos de reparación integral-, este colectivo busca que las cicatrices dejadas por la violencia sean cada vez menos notorias.

De esta forma, las mujeres colombianas se han convertido justamente en el pilar fundamental en el proceso de construcción de paz, porque han sido ellas quienes con su perdón y valentía han logrado dar el paso adelante que todos los colombianos deberían imitar para conseguir que la paz vaya mucho más allá de la firma de algunos documentos.

“Nuestro papel se ha fortalecido cada día y sabemos que las mujeres somos, seguimos y seremos los pilares de fortaleza en la sociedad para denunciar injusticias, criar con amor y construir familia”, señala la representante del movimiento creado en Sucre.
 

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