Algo huele mal: Desacuerdo entre instituciones de Zipaquirá

Resignados están los habitantes del sector la Paz ante de los fétidos olores causados por aguas negras. Llevan esperando más de 10 años una solución, y a la fecha no se avista ninguna

Por KARLA ANDREA AMAYA*

Atestada de basura e impregnada de malos olores está la vía que de Zipaquirá conduce a Ubaté, a la altura del sector La Paz. Las ratas han salido del caño para buscar comida y refugio en las casas cercanas.

La contaminación olfativa que se desprende de una de las dos plantas de tratamiento de aguas residuales (Ptar), y de un punto de vertimiento de aguas negras, en Zipaquirá, afecta a los habitantes del barrio Villa del Rosario, al colegio público Joselín Castillo-Susaguá y a las fincas aledañas.

Jorge Fajardo, de 49 años, y dedicado a la panadería desde hace 12 meses, ha vivido casi por una década en Villa del Rosario. Por ello, habla con propiedad de un mal que se ha ‘hospedado’ en su comunidad a lo largo de 10 años. El caño “afecta mi negocio, porque llega alguien y dice: ‘¡Huy! aquí huele feo’, y piensan que es la panadería, cuando en realidad es la quebrada”.

La Junta de Acción Comunal   (JAC) del barrio, liderada por Ignacio Briceño Quintero, elevó en noviembre de 2012 una petición formal ante la Alcaldía de Zipaquirá para solicitar el dragado del afluente, pero la entidad no se ha pronunciado al respecto, asegura Luz Marina Cortés, secretaria de la Junta. “Hace poco (la Alcaldía) hizo una limpieza, pero superficial. Nosotros lo que pedimos es el dragado total de la quebrada”.

Ante la queja de la JAC, la Alcaldía Municipal le explicó a En Directo que la responsabilidad directa de la limpieza y el ensanchamiento del caño es de la Empresa de Acueducto Alcantarillado y Aseo. Al ayuntamiento solo le corresponde la veeduría de las tareas de operación sobre los puntos de vertimiento del pueblo, de acuerdo con lo señalado por   Jackeline Peña, directora de Ambiente y Espacio Público, dependencia adscrita a la Secretaría de Planeación.

Los lugareños, mientras tanto, tienen que lidiar con las ratas que provienen de la quebrada. La Secretaría de Salud y Medio Ambiente afirma hacer las fumigaciones estipuladas en el año, pero advierte que podrían no tener mayor efecto porque las condiciones insolubles del caño se mantienen. “Nosotros no podemos actuar si la dependencia correspondiente no ha hecho limpieza en la zona”, señaló una funcionaria de esa Secretaría, que pidió no ser identificada por no estar autorizada para pronunciarse.    

Al respaldo de la pequeña escuela Joselín Castillo-Susaguá, cerca al llamado cruce de La Paz, fue construida en la década de los noventa la planta de tratamiento 2, según registros de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). Trabajadores de la institución educativa corroboraron, al igual que este periódico, que los malos olores “embriagan”, en ocasiones, el ambiente. Los directivos no han considerado la reubicación de la planta física, debido a las dificultades que le acarrearía a los padres de familia el traslado de sus hijos.

La escuela, de 150 alumnos que cursan desde grado cero hasta quinto de primaria, fue fundada hace más de 40 años. Lo que los lugareños no se explican es por qué la CAR construyó, dos décadas después, una planta de tratamiento en una zona estudiantil.

La CAR indicó que la Ptar 2 se levantó en ese lugar porque el proyecto,   presentado en su momento, recibió el visto bueno y la cofinanciación por parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Asegura, además, que   alrededor de la Planta se construyeron muros de contención, para aminorar el olor producido por las aguas residuales.

El embrollo

La CAR construyó, entre 1992 y 1996, al menos 23 plantas, en distintos municipios de la región sabana-centro, para el saneamiento del río Bogotá. Desde entonces, la Corporación ha operado y administrado la infraestructura. Y, a la vez, ejerció control sobre sus propias tareas. Las labores operativas, sin embargo, no le corresponden, y por ello la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios le impuso una sanción mediante la cual le exigió entregar las 23 Ptars a las correspondientes administraciones municipales.

La operación de las dos plantas de tratamiento de Zipaquirá, ubicadas en la vereda Paso Ancho y el barrio La Paz, fue entregada el pasado 7 de octubre a la Alcaldía Municipal, según confirmó la CAR.

En principio, la administración de Marco Tulio Sánchez, actual mandatario de Zipaquirá, se opuso a recibir la concesión de las Ptars. Otras alcaldías asumieron la misma posición por considerar muy elevado el costo de operación y mantenimiento de las plantas.  

La CAR, no obstante, explica que el cuidado de las plantas no representa una inversión desbordada, pues la propia corporación cofinancia la labor hasta en un 80 por ciento. De acuerdo con la ley colombiana, las corporaciones autónomas regionales (CAR) están obligadas a reinvertir el valor recaudado por los impuestos que cobra el Estado para reducir la contaminación hídrica.

Sin poder dar marcha atrás, la alcaldía de Zipaquirá debe delegar en la Empresa de Acueducto la responsabilidad de operar las Ptars, por considerarle como la unidad idónea en la estructura municipal, tal como lo señala la ingeniera Jackeline Peña. A la fecha, la Eaaaz no ha sido notificada por la administración municipal para operar las dos plantas de tratamiento.

La Subgerencia Técnica Operativa de la Eaaaz aclaró a En Directo que la orden de asumir la administración de las plantas no procede de un acuerdo reciente. “Hace cinco o seis años se empezó a tocar el tema, pero nunca nadie pensó que se fuera a materializar”, cuenta, y subraya: “como estamos en Colombia, tristemente, se llegó el momento” y no estábamos preparados.

La misma entidad asegura que la CAR no entregó en condiciones óptimas las Ptars. A pesar de que existen reportes acreditados por laboratorios que muestran la eficiencia en un 90 por ciento de las plantas para tratar la contaminación, los olores en Villa del Rosario y el llamado cruce de La Paz demuestran lo contrario.

La CAR desmintió el señalamiento. “Antes de la entrega formal de las plantas de tratamiento se realizó el mantenimiento de las mismas para, precisamente, entregarlas en muy buen estado”, afirma Tania González, abogada de la Oficina Provincial Sabana Centro de la CAR.

Solución embolatada

A pesar de la adjudicación de las Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales   a la Administración Municipal, la Empresa de Acueducto Aseo y Alcantarillado sostiene que no pueden invertir dinero alguno en las Ptars porque representaría un detrimento de los recursos públicos. “Ni el municipio ni la Eaaaz pueden invertir en terrenos que no son nuestros, como institución”, indica Peña. “Eso ya es un tema jurídico que debe resolver la CAR y el ayuntamiento de Zipaquirá”.

La CAR insiste en que el proceso de entrega de los predios, donde están las Ptars, se inició el 8 de octubre de 2008 y, a la fecha, el municipio de Zipaquirá figura como el único dueño de los terrenos. Para la Corporación, la administración local no estaba a gusto con operar las plantas, debido al trabajo que esto implica.  

Mientras la Alcaldía de Zipaquirá y la CAR logran ponerse de acuerdo, la población afectada, por el olor de la Ptar 2 y el vertimiento de aguas negras,   seguirá esperando por una solución que se embolata   con el pasar del tiempo.

* Periodista del periódico En Directo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana.

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