Haga turismo desde el cielo

Por Publimetro Colombia

No fue fácil. Nunca es fácil enfrentarse a los propios miedos. Volar es una de mis mayores pesadillas. No llego a extremos de no viajar cuando me toca, como lo hizo alguna vez un técnico de la Selección Colombia, pero si puedo evitar subirme en un avión, lo hago. 

Nadie alcanza a entender lo que se siente, pero para mí, estar en un avión es el peor escenario posible: comienzo a sudar frío; me paralizo; siento mariposas, de las malas, en el estómago; empiezo  a odiar la tranquilidad de los que están a mi lado; y siento vacío cuando despego, no sin aferrarme a los brazos de la silla como si no hubiera un mañana y es que, en mi mente, no hay un mañana. 

Sin embargo, esta vez estaba dispuesta a hacerlo. Me llamó la atención una empresa llamada Girocol que hacía sobrevuelos en aviones pequeños. No sé muy bien por qué me llamó la atención. Pensé que si me había subido en un globo aerostático y lo había disfrutado, en uno de estos aviones la iba a pasar bien. 

Emprendí el viaje hacia Guaymaral, oyendo música que me gustara para relajarme. Al llegar, Santiago Pinzón, gerente de Girocol, me recibió muy amablemente y me dijo que podía estar tranquila, que “las condiciones de vuelo eran favorables”. Miré el cielo, estaba despejado, así que no tuve más remedio que creerle.

Me llevó a su oficina y me contó que la empresa llevaba año y medio funcionando, que los equipos eran los más seguros del mundo. Otra vez, no tuve más remedio que creerle.

Después de explicarme el funcionamiento de estos aparatos, me llevó al hangar y me presentó los aviones. 

Uno, era una especie de híbrido entre avioneta y helicóptero. No tiene cabina, ni ninguna protección. El otro avión, era, en realidad, un helicóptero pequeño, con cupo para dos personas y vidrio en frente, a los costados y abajo. Por supuesto que la idea de ir protegida me gustaba mucho más, así que escogí volar en el helicóptero pequeño.

Me subí, me hice amiga del piloto, le dije que le tenía miedo a los aviones. Me dijo que tranquila, que él llevaba volando diez años, uno y medio en Girocol y que no se cambia por nadie. “Me gusta mucho volar esta especie de ultralivianos, no me he sentido más feliz en mucho tiempo”, me comenta Álvaro para distraerme y tranquilizarme. A él también le creí.

Al empezar a carretear por la pista, sentí el mismo vacío que en un vuelo comercial, me aferré a una pequeña cinta que había a un lado de la ventana y confié en el piloto. No cerré los ojos, no quería, de eso no se trataba la experiencia, así que bajé la cabeza y fui viendo cómo nos alejábamos del piso. No sentí nada. El vacío desapareció. El despegue no estuvo grave y comencé a disfrutar la experiencia. Solté la cinta y comencé a ver la Sabana. Tengo que aceptar que el panorama no era el mejor: verdaderas lagunas parecían comerse los terrenos. “Todo esto se inundó (me dijo Álvaro), aunque han tratado de dragarlo y han conseguido desinundar una gran parte, todavía les falta mucho”.

El drama de la Sabana me sobrecogió. Olvidé mis miedos y disfruté el paseo. Fueron 20 minutos y lo increíble de todo, es que cuando aterrizamos sentí que había sido muy poco tiempo. ¿Es posible que quisiera más?

Recomendaciones

Si va a realizar este tipo de sobrevuelo tenga en cuenta:

• VESTIMENTA. Quienes vayan a volar en el autogiro que está al descubierto, deben llevar, chaqueta gruesa, guantes, bufanda y si se quiere, gorro, porque aunque haga buen clima a 11 mil pies hace bastante frío. También hay que aplicarse un buen bloqueador.

• APARATOS ELECTRÓNICOS. Como en cualquier vuelo comercial, el uso de aparatos electrónicos no están permitidos. Así que se deben mantener apagados los celulares, y cualquier dispositivo electrónico durante todo el vuelo 

• EDAD. En principio todos los mayores de 16 años pueden subirse en un autogiro. Si hay un menor que quiere hacerlo, tiene que tramitar un permiso de sus padres. Hay que recordar que los modelos son de dos plazas y no puede ir un acompañante con el menor.

• PREPARACIÓN. No es necesario tomar ningún curso para realizar estos sobrevuelos. Solo hay que tener ganas de hacerlo, ninguna clase de fobia o impedimento físico.

• PESO. No hay problemas de peso. Sin embargo es recomendable no llevar maletas o muchas cosas consigo, más que por el peso, por un problema de espacio. Si se quieren tomar fotografías el riesgo lo toma el pasajero.

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