¿Qué les importa a ustedes la belleza de las víctimas de Cardona y Barrios?

¿No sería mejor enfocarse en que lo que sucedió con los futbolistas y las mujeres a las que presuntamente agredieron?

Por Luz Lancheros

Luz Lancheros @luxandlan

Hay varias razones para que una mujer se dedique a la prostitución: explotación, que es la más aterradora y cruenta. Condiciones socio económicas ínfimas y las que lo hacen porque ven en ello un oficio. Pero aún así, muchos olvidan la humanidad de estas mujeres y van más allá, al punto de golpearlas y atacarlas. Y en eso no importa si la mujer atacada es una prepago de piernas largas que vive en un apartamento lujoso o una mujer sin recursos para poder cuidar de sí misma.

Siendo así, ¿por qué es relevante para el escándalo de los jugadores del Boca, Edwin Cardona y Wilmar Barrios (y también Fabra) que estas mujeres sean lindas o feas? ¿Por qué tiene eso que importar cuando cada vez que hay un ataque por parte de jugadores esto se calla con dinero, se trata de desprestigiar a la víctima y no hay castigos ejemplares? ¿Por qué esto debería importar cuando todavía vemos a figuras deportivas y a modelos sociales reflejando su poco criterio a la hora de actuar ante una fama y dinero repentinos luego de una vida llena de precariedad?

No: a la hora de golpear una mujer, acosarla, abusar de ella, la belleza es lo de menos. Ese viejo argumento de que “ella es tan fea que debe agradecer que al menos ‘se fijen’” es tan repugnante como absurdo. ¿Eso qué importa cuando al hombre se le educa para comenzar a dar atención sexual no solicitada hasta el punto de violar y agredir con cuchillos, como están acusando a los dos jugadores en este caso?

Por otro lado, aunque la institución a la que pertenecen los dos jugadores ya tomaron correctivos (en lugares como Estados Unidos te despiden o mínimo te suspenden por esto), muchas veces estas se hacen las de la vista gorda hasta que el escándalo se disipe por acuerdos económicos o que las mujeres se desaparezcan convenientemente y todo quede en una maraña de acuerdos por debajo de cuerda o por una justicia que no actúa prontamente. Eso, obviamente, después de que estas han sido sometidas al escarnio público porque ellas son las que quieren dinero, quieren desprestigiar al agresor, son enviadas por el club opuesto para escarmentar a Boca y otras idioteces de ese calibre que he leído en redes.

Yo no entiendo: ¿por qué la víctima siempre, de la forma que sea, debe ser escarmentada, sometida a juicio público incluso por cómo se ve? ¿ Por qué siempre se debe señalar a una mujer que denuncia? Créanme, así fuera a  la misma Malala la que le pasara algo así, no faltaría el troglodita que le dijera cosas sobre su físico o sobre su vida enfocada al conocimiento, porque el escarnio y el juzgamiento son tan democráticos para las mujeres como el abuso y la agresión a las que las someten así sean bellísimas o no tanto.

Esta es, lastimosamente, la conclusión que se ve en este y en otros casos donde el involucrado es alguien con cierto renombre o cuando este se hace público. Estamos en los tiempos del #MeToo, pero a Colombia le faltan décadas para que llegue realmente a ser una realidad todavía en medio de su furor ciego, y decididamente ignorante y superficial.

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