La casa de papel 4: una lucha por sobrevivir en el delicado balance del caos

La serie de Netflix regresó para una nueva temporada el pasado 3 de abril. Nuevos personajes entrarán a mover los hilos de un atraco que por ahora no está saliendo bien.

Por Laura López

"Todo puede joderse en una milésima de segundo", dice Tokio (Úrsula Corberó) en los primeros segundos del tráiler de la cuarta parte de esta serie, como si se tratara de una advertencia para el espectador, pero a su vez presenta la premisa que resume esta nueva temporada.

Luego de una espera de algunos meses, La casa de papel regresó para responder las punzantes preguntas que quedaron abiertas en el final de la tercera temporada en 2019. El plan de atracar el Banco de España estaba saliendo mal; Lisboa (Itziar Ituño) había sido detenida, Río (Miguel Herrán), Tokio y Denver (Jaime Lorente) están más confundidos que nunca, y el Profesor (Álvaro Morte) estaba hecho un desastre emocional, incapaz de seguir siendo el cerebro de la banda.

Pero además esta temporada trae nuevas caras. No solo veremos más de Najwa Nimri como la suspicaz inspectora Alicia Sierra, sino que además el Profesor tiene nuevos aliados, entre ellos Marsella, interpretado por el croata Luka Peroš.

Para entender mejor lo que ocurre en esta temporada hablamos con el cerebro de la operación en la historia, Álvaro Morte, y dos de los miembros de esta banda: Darko Perić (Helsinki) y, justamente, Luka Peroš.

Una tormenta perfecta está dándose al interior del Banco, mientras los chicos intentan salvar a Nairobi con una cirugía improvisada. Pero el peligro irá más allá de sobrevivir. Este es un arte que la banda ya domina (¿o cree dominar?), sin embargo, siguen intentando perfeccionar el arte del escape, y de resolver en la medida de las situaciones cuando estas se complican. Por ejemplo, en esta temporada conoceremos a un nuevo enemigo que no es un simple rebelde dentro de los rehenes, es un asesino retirado. Gandía, el vigilante del banco será la nueva pesadilla de la banda, y hará que los espectadores deban decidir quién es peor: si la policía fuera del banco  o este vigilante con rasgos psicópatas.

"Esa guerra viene definida por la pérdida de las formas", dice Álvaro Morte, tratando de explicar qué pasa dentro de la mente del Profesor, como si aún estuviera viviendo esas escenas que le destrozaron los nervios a su personaje. "Él ha intentado, dentro de lo que cabe, jugar limpio. No ha hecho más que recibir pagos de un lado y de otro, muy poco elegantes, sucios y rastreros. Ha sido como un puñetazo sobre la mesa, es un 'basta ya'… si se tienen que jugar en otros términos me parece muy bien, y jugamos en otros términos. No es lo que el profesor quería hacer, pero si es necesario lo llevaremos a cabo".

El Profesor esta temporada debe reponerse como pueda, y seguir al frente de un atraco sobre el cual siempre existieron dudas. Esto queda en evidencia gracias a las escenas tipo flashback donde volvemos a ver a Berlín (Pedro Alonso) y a Palermo (Rodrigo de la Serna) en los días de tranquila planeación en Italia.

De hecho, uno de los grandes ingredientes de La casa de papel siempre ha sido la incertidumbre. No sabemos si lograrán salir (todos) con vida, o si lograrán robarse todo el oro a tiempo para un rescate improvisado. Luka Peroš asegura que, para ellos como actores la situación es parecida. Alex Pina es conocido por no entregar todo el guion desde el comienzo, así que ellos mismos se sorprenden con el desarrollo de la historia una vez llegan al set. "Es raro trabajar con los guionistas y productores de esta serie porque no te dicen mucho. Al igual que el espectador nosotros tampoco sabemos muchas cosas hasta que sale el guion. Es una experiencia buenísima", cuenta 'Marsella', quien en esta temporada llega para ser un apoyo de cabeza fría para el Profesor.

Darko Perić, por ejemplo, solo se entera de que su personaje es homosexual cuando la serie ya lleva varias semanas de rodaje. "Es un poco complicado no tener el guion antes y recibirlo sobre la marcha, eso te sorprende. Yo siempre cuento la anécdota de mi personaje… yo hasta el episodio cuatro no sabía que Helsinki era gay (risas). Al igual que en cualquier serie de suspenso y de acción, hay muchos giros".

No obstante, los actores pagan este precio porque, reconocen, es una forma de mantener el ritmo de la serie y lograr reacciones y emociones más genuinas en escena. "Cualquier producto de televisión debe tener un ritmo que le llegue al público de tal forma que se queden sentados viendo cada capítulo", agrega Peroš. "En la historia hay muchos conflictos, y depende del guionista hacer que esto sea buena televisión. Alex Pina y su equipo siempre ha buscado que la historia tenga este ritmo e intensidad donde hay conflicto caótico, eso le da energía a la serie, y de ahí su éxito, también".

La presión de la popularidad

Cuando terminó la primera parte de la historia, donde los chicos habían culminado con éxito su primer atraco, muchos se preguntaron sí era necesario hacer una continuación. Esta misma pregunta rondó la cabeza de los involucrados, tal como nos cuenta Morte. "Se suponía que la serie terminaba ahí. Había quedado muy bien cerrada, y tuvo mucho éxito. Pero de repente Netflix quería que hiciéramos más temporadas, así que había una especie de inquietud de si estaríamos de nuevo a la altura. En redes sociales recuerdo haber leído un comentario tipo 'bueno, si quedó tan bien cerrada por qué la vais a abrir ahora, es un error"", cuenta.

Sin embargo, ellos como actores creen que este era un voto de confianza con Álex Pina, el mismo que le han dado miles de espectadores que siguen la serie y se declaran fanáticos. "Si a la gente le gusta es estupendo, y si a la gente no le gusta igual hemos trabajado con el corazón, poniendo toda la carne en el asador, con todo el amor del mundo, y esperamos que así lo reciban los fans", finaliza Morte.

 

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