“A pesar de que hay menos muertos, la violencia sigue viva”: Víctor Gaviria

Entrevista con el cineasta Víctor Gaviria en la que habló de su rol como cineasta, la violencia contra la mujer y el escenario de posconflicto por el que atraviesa Colombia.

Por Mauricio Barrantes

En Colombia no se puede hablar de cine sin hablar de Víctor Gaviria. Sus cintas La vendedora de Rosas, Sumas y Restas, Rodrigo D: No futuro y ahora La mujer del animal cumplen un rol similar al de la verdad en el proceso de paz, porque pese a que para muchos les resulta incómodo hablar o escuchar de la violencia, del dolor y de las víctimas, estas películas son espejos necesarios en el camino de reconocer las historias del pasado y del presente, y lograr así escenarios de reconciliación.

Aunque Gaviria es uno de los cineastas de vieja data, está lejos de creerse el cuento de la fama. Por eso, con la mayor disposición, el pasado miércoles asistió a una cita en el centro de Bogotá a pesar de la lluvia, del frío, de los trancones y de tener que salir con afán para el aeropuerto. Le tenía que cumplir a los estudiantes de Periodismo Cultural de la Universidad del Rosario, quienes tras ver su película querían confrontar lo que han aprendido y discutido en la academia, entender las dinámicas de cómo se produce una entrevista para un medio de comunicación y aprender si el periodismo también puede ser cultural.

Esta semana se lanza La mujer del animal, que trata el tema de violencia de género de forma cruda y realista. De allí que por los días en que se conmemora el Día de la Mujer y en el país se está hablando de paz, para los estudiantes del Rosario resultó muy provechoso cuestionar a Gaviria sobre su posición sobre el presente que atraviesa Colombia. Ademas, la oportunidad sirvió tambien para que el director revelara los desacuerdos que mantiene con la productora del documental, ‘Buscando el animal’, el cual es complementario a su película.

¿Considera a Colombia un país tan violento como lo representa en sus películas?

En el momento en que hacemos La Mujer del Animal, Medellín es una ciudad que está pacificada. Sin embargo, es una pacificación que tiene otras características debido a que la ciudad está tomada por las Bacrim. Estas organizaciones son unas empresas sofisticadas que hacen que haya una violencia latente sobre las comunidades que viven en las comunas. Digamos, cuando íbamos a rodar siempre saludamos a unos manes armados que estaban en las fronteras de los barrios divididos por las mismas bandas criminales. Por eso mismo, a pesar de que hay menos muertos, la violencia sigue viva, y es una violencia tremenda.

¿Cuál cree que debe ser el papel del cine en el posconflicto?

Este momento es crucial. Los periodistas deben pensar cómo van a recoger eso que está pasando en este momento, ahora que la guerra cese. Porque lo que está pasando es un hecho histórico importantísimo que ha ido pasando cíclicamente cada década, donde los grupos de violencia entregan las armas, y se realiza una amnistía, y se hace una paz con la sociedad. Pero lo más importante de la paz, o lo fundamental, es que las cosas no se repitan. Se hace la paz, y vuelve y se comienza el ciclo, porque no hay verdad. Los cineastas más jóvenes, los que están empezando, son los que tienen que recoger la verdad. En el cine de ahora lo importante es recoger la verdad de lo que pasó en las comunidades, de los dolores, de los asesinatos, de los secuestros, de los genocidios, de los despojos.

¿Cómo logra penetrar esos mundos que son tan silenciados y tan lejanos de nosotros?

El cine es lo que permite ese diálogo. La ficción es una forma de entrar a las comunidades a decirles, vamos a hacer una película. Obviamente es una película de realidad, pero esas verdades que yo grabo, nunca las publicito, no son entrevistas de medios de comunicación, se hacen bajo una confidencia muy especial. El documental de ‘Buscando el animal’ lo hizo la productora contra mi voluntad, yo no quería ponerme a pelear con ella porque utilizó los materiales, los diálogos que yo hacía con las señoras que me contaban de otros animales, son unas cosas íntimas, confidenciales. Ella, aprovechándose un poco de la pobreza de la gente fue donde las señoras y les dijo usted quiere firmar aquí para salir en el documental, entonces yo le dije a ellas, yo no hago eso. Entonces, ella les dijo, les pago $100.000, les pago $80.000, les pago $150.000. Como la gente vive aguantando hambre, entonces la gente les firmó con desgano y no sé qué pensarán ahora que se vean en televisión. Yo admití eso porque no quería pelear, porque me parece muy mal hacer una película de maltrato de género y yo peleando con la productora.

Al conocer todas estas historias, ¿siente algún deber con estas personas, aparte del de contar sus historias por medio de sus películas?
Hay algo muy importante y está antes del deseo por generar un cambio en los demás. Es algo muy catártico, sanador e importante y es que cuando una persona te cuenta sus vivencias lo principal es respetar este relato y ser ese oyente que respeta lo vivido por la otra persona y que nunca manifiesta un deseo de cambiar al otro. Entonces eso es lo que les quiero decir, yo quiero lograr un cambio en esta mujer por medio de escucharla y entenderla. Lo mismo pasa con los niños de la calle, claro son niños y hay que ayudarlos, pero antes que eso hay que entender por lo que ellos han pasado.

En cuanto a los actores de la mujer del animal, la relación hermosa que uno puede establecer con ellos es nunca querer cambiarlos sino entender la historia de ellos. La actriz que interpreta a la mujer del animal es una enciclopedia de situaciones de la ciudad, sus historias superan en intensidad en interés y verdad las de muchos escritores. La ética de ella es que sus hijos no tengan que vivir la precariedad que vivió ella, que estudien. No quiero cambiar a esa mujer, lo que quiero es escucharla, lo primero es entender por todo lo que han pasado. La gente de los barrio se siente estigmatizada o señalada, en ese sentido hay que acompañar a los demás y respetarlos en todo lo que la vida les ha dado, todas esa experiencias son sagradas.

 

¿Considera que el uso de actores naturales como recurso cinematográfico enriquece la película?

Por supuesto, en el rodaje de la historia de Margarita empiezo a encontrarme animales, y  mujeres que han sido perseguidas por un comandante, un guerrillero,  incluso un paramilitar o  mujeres que han estado en la prostitución. Casi siempre esas mujeres se han liberado cuando matan a los tipos. La historia de Margarita tiene unos capítulos muy claros, secuencias muy claras. Por ejemplo, en la secuencia del animal, cuando muere, ver cuál es la reacción de la mujer. Obviamente existe una reescritura, un segundo relato hasta un tercer relato en esos momentos, entonces la ventaja del actor natural para mí es que estos actores llevan a la película a un realismo total, una representación de la vida que no es representación, sino que es una especie de recordación.

¿Creería usted que en el cine es una herramienta para la construcción de la verdad y la memoria histórica?

Claro, aquellas películas que más lo conmueven a uno son las películas en las que no se sabe a través de qué forma o que método rescatan una verdad. El drama es también un intento de rescatar una cosa que es verdadera, es un elemento que está siempre en las grandes películas.

¿Cómo fue el proceso de selección de los actores para la película La mujer del animal?

Cuando llegaba, me reconocían entonces yo les contaba que iba a hacer una película que se llama La mujer del animal y les contaba la historia, después les preguntaba si habían conocido algún ‘animal‘ y habían vivido una experiencia así, directa o indirectamente, a estas les pedía que por favor se quedaran porque quería conversar con ellas. Se quedaban como 30 personas y charlaba con ellas de 10 a 20 minutos y así los lograba conocer. De esta forma los escogía y notaba qué era lo importante. Se seleccionaba una población de exclusión, debido a que la historia es una historia de pobreza, de precariedad y necesidad, entonces por medio de esto la gente logra comprender el imaginario del lugar y la situación.

Los castings yo nunca los hago como con esa tensión de ver cómo actúan, lo que hago es conversar con la gente, porque el actor natural es una persona que necesito conocer, porque debe ser una persona que es un narrador oral, no en el sentido de que describe sino que tiene una literatura oral. Luego de verificar si son buenos narradores se debe probar si son capaces de improvisar, que por lo general es así.

¿Cuál cree que es el mayor desafío al retratar historias de la vida real?

La forma en cómo yo lo hago, y es la forma en la que lo hacen los periodistas también. Tienes que encontrar un narrador, yo no sé cómo hacerlo de otra manera, o de qué otra manera se recuperan las historias de la vida real. Alguien tiene que contar la historia, tienes que escoger un punto de vista, o pueden ser muchos puntos de vista. De todas maneras, tienes que ir al encuentro de unos narradores, ellos son las personas de las cuales tú tienes que recibir esa formación, esa narración. Y tú debes serle fiel a esa narración, y abordar el desafío de capturar historias reales, consiste en serle fiel a esa estructura de la narración. Cuando una persona te cuenta una historia, la persona, aunque no sea un escritor, o no sea una persona letrada o con alto nivel de educación; cuando te narra algo que ha vivido, inmediatamente proyecta una estructura de su relato, estas estructuras son a veces espontaneas nacen fundamentalmente de las emociones del narrador.

¿Por qué después de 13 años volver al cine con una película como La mujer del animal?

El hecho de que hayan pasado tantos años y llegar con una película tan fuerte como La mujer del animal, parece que fuera algo como buscado, pero eso ha sido casualidad. Cuando yo terminé Sumas y restas, intenté hacer varias películas, empecé un proyecto sobre Sangrenegra que es un bandolero liberal de los años 50 y 60. Se canceló ese proyecto porque no me entendí con el productor y la historia no tenía lo que siempre busco en las historias que es la verdad. Con la historia de Sangrenegra paso algo muy curioso, me basé en algo que escribió un amigo que se llama Pedro y vi la historia de Sangrenegra ahí, que era como una novela, pero tenía mucho de cierto. Yo hago un cine casi como una crónica periodística en el cual investigo, me documento sobre la historia y me baso en hechos reales. Me di cuenta que la historia que mi amigo había escrito no tenía hechos completamentes reales. Además, estos han sido años de desencuentros con los productores hasta que me di cuenta que yo tenía que crear mi propia empresa. Por eso me demoré tanto porque tuve varios fracasos con las historia y con los que productores.

¿Eso que usted llama “fracasos” lo inspiró para producir “La mujer del animal”?

La novela de Pedro era una historia bien armada con los elementos melodramáticos necesarios. A partir de esto descubrí que la historia era muy sencilla, rotunda, con un sentido político profundo. Se trataba de una especie de cortina de humo que cubría un problema político con un manto de silencio. Detrás del cual se escondía una historia sobre regiones “conservatizadas”, invadidas por una ola de violencia sistemática. De ahí sacamos un nuevo método de investigación.

¿Cómo ve el cambio en las comunas de Medellín desde “Rodrigo D: no futuro” hasta “La mujer del animal”?

Yo dejo a un lado lo de Sangrenegra para producir “La Mujer del Animal”. Cuando se da el salto se sigue la misma línea narrativa, la misma tendencia hacia mostrar episodios de la violencia que agobia a la región desde la época del bipartidismo, pero ahora con el enfoque de género. Las familias de los famosos “bandoleros” que surgen del conflicto entre liberales y conservadores migran a los barrios marginales de Medellín. Anibal, el animal forma parte de ese grupo de migrantes. Esas historias están enlazadas. Sucede lo mismo con respecto a Rodrigo D. Cuando empecé a hacer “La Mujer Del Animal” me devuelvo a Rodrigo D. Lo cual constituye un rasgo del Neo-realismo. Se trata de una historia que ocurre 10 años antes, por esto mismo, esta nueva película es un capítulo anterior, una especie de preludio que denota un contexto claro. Ambas se complementan. Tanto la una como la otra se desarrollan dentro de un paisaje urbano muy similar, casi idéntico.

Esta entrevista fue realizada por estudiantes de la clase de Periodismo Cultural de la Universidad del Rosario. En el siguiente link está el video resultado de la entrevista, que complementa el texto.

https://www.youtube.com/watch?v=53kla7DVqds&feature=youtu.be

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