César Acevedo deja huella en Cannes con "La tierra y la sombra"

El colombiano ganó la prestigiosa Cámara de Oro que recompensa la mejor ópera prima en el Festival de Cannes.

Por publimetro

En medio de la emoción, César Acevedo agradeció el premio de la Cámara de Oro que recompensa la mejor ópera prima en el Festival de Cannes por su cinta “La tierra y la sombra”. Rodada en el Valle del Cauca con actores del lugar, el filme traslada al espectador al recio universo de una plantación y de una familia arrollada por el implacable avance del progreso y la explotación de los recursos naturales.

La cinta también se centar en historia de un campesino que regresa a su casa tras una ausencia de 17 años. Al volver comprende que su pasado ha desaparecido y que su familia está transformada. “Esta película nació de un dolor personal. Mi madre acababa de morir, mi padre era como un fantasma, quise hacer una película pero todo lo que yo había venido a buscar había desaparecido con ellos, entonces tuve que tomar distancia”, contó en entrevista el realizador.

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De allí nace la ficción interpretada por Haimer Leal, Hilda Ruiz, Edison Raigosa, Marleyda Soto y José Felipe Cárdenas, rodada en la casa familiar de estos cañeros construida en un claro en pleno cañaveral, apenas al amparo de la sombra de un viejo árbol.

“La sombra y el árbol es el símbolo del arraigo al lugar que cobija nuestras vidas familiares”, explica Acevedo, autor de dos cortometrajes, “Los pasos del agua” (2012) y “La campana” (2013), además de haber trabajado como asistente de Oscar Ruiz Navia en “Los Hongos”, premio especial del jurado del festival de Rotterdam.

Un filme poético

El hilo conductor es el estado emocional de los personajes y la evolución de sus sentimientos, a partir del aislamiento inicial, realzado por el horizonte de cañas que rodea su espacio vital. A medida que avanza la película, los personajes van cerrando heridas del pasado y reparando sus vínculos afectivos.

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“Esa masa verde alrededor es un poco también el encierro emocional de ellos, que no pueden conectarse”, dice Acevedo. El filme también muestra la dureza de las condiciones laborales de los cañeros, la destrucción ambiental y el daño de la quema de cultivos para la salud de los campesinos.

El universo confinado de la casa familiar es casi arquetípico de un medio rural sublimado, en el que nada parece perturbar la contemplación estética de un universo humano en vías de desaparición.    

“Nunca busqué ser realista, agregó Acevedo, me interesaba construir la puesta en escena de esa manera, incluyendo los movimientos de los personajes. Es una forma de analizar lo que somos en esa región, como fantasmas, algo que se está extinguiendo, quería ser fiel a esa mirada pero de una forma mas poética, no realista, quise cuidar mucho la estética”.

Acevedo finalmente puntualizó que la película, que está muy anclada en la cultura de esa región, está llena de metáforas y alegorías de esa fatalidad del progreso, del olvido y la inevitabilidad de la ruptura familiar, la fragilidad de estas personas y de su soledad.

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