El fado celebra a lo grande sus tres años como Patrimonio de la Humanidad

Por Publimetro Colombia

Lisboa, 27 nov (EFE).- El fado está hoy de fiesta, celebra el tercer aniversario de su declaración como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad y lo hace el mismo día en que la Unesco ha reconocido el cante alentejano en la misma categoría.

La cuna del fado, Lisboa, conmemora la efeméride con numerosos conciertos en el Mercado da Ribeira, con la participación de, entre otras, la cantante Mariza, una de las fadistas contemporáneas con mayor proyección internacional, que fue embajadora de la candidatura llevada a la Unesco.

Durante tres días, el céntrico mercado lisboeta, transformado recientemente en espacio gourmet, será escenario de las actuaciones de Camané y David Fonseca, juntos en un único concierto, o de António Zambujo y Virgem Suta.

También habrá conciertos de fadistas de la Tasca do Chico, una popular casa de fados en el Barrio Alto, y ya el sábado, para el cierre del evento, será el turno de Mariza, acompañada de Jorge Fernando y Miguel Gameiro.

“Retamos a (la publicación) Time Out (uno de los organizadores) a crear la ‘mayor casa de fado del mundo"”, dijo a Efe Rita Oliveira, representante del Museo del Fado, que promueve el evento junto con la Cámara Municipal de Lisboa y la citada revista, responsable de la gestión del Mercado da Ribeira.

“El reconocimiento por la Unesco tuvo como consecuencia un plan de protección del fado por parte del Museo, apoyado en cinco ejes: una red de archivos, un programa educativo, la edición de libros, la creación de un archivo digital y la ruta del fado, disponible en la página del Museo”, explicó Oliveira.

Durante el fin de semana, alumnos de la Escuela de Guitarra del Museo del Fado también realizarán “presentaciones espontáneas” en el museo, que tendrá entrada libre durante los dos días, sumándose así a la celebración.

El fado tiene su origen en el siglo XIX, como espejo de la identidad multicultural de la ciudad de Lisboa y, según algunos estudiosos, bajo influencia de la mezcla de ritmos africanos y de la música europea que se produjo en Brasil.

En el contexto del romanticismo, la nostalgia y la melancolía surgieron como temas recurrentes del género portugués, que se asoció a las capas populares lisboetas en los barrios a lo largo de la zona portuaria del río Tajo.

Cantado en “casas de fado” y acompañado de la guitarra portuguesa de doce cuerdas, el canto se expandió a los salones de la clase media y aristocracia lisboeta, convirtiéndose en la expresión más divulgada de la cultura y lengua portuguesas.

A lo largo de su historia, el fado también se asoció a ideales políticos, representando en su letra ideologías republicanas, socialistas e incluso anarquistas, como canción de protesta y reforma social.

Hoy en día, es un género cada vez más apreciado y buscado por gente de culturas diferentes, apoyado por las nuevas generaciones de artistas.

“Hace algunos años se decía que el fado estaba de moda, pero yo creo que es más, el fado vino para quedarse”, defendió en declaraciones a Efe la fadista Ana Moura.

“La particularidad de ser una música que dice tanto del alma atrae mucho”, resumió, antes de añadir que el exotismo, la melodía particular y la temática también contribuyen para su gran popularidad.

Esa popularidad se acrecentó, sin duda, a partir del 27 de noviembre de 2011, cuando la Unesco incorporó este estilo, el que mejor encarna el fatalismo portugués, en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El término fado procede del latín (fatum), con el significado de destino y, a pesar de los primeros registros de esta expresión se remontan al siglo XIX, fue en el XX cuando se universalizó gracias a la aportación de la cantante Amália Rodrigues (Lisboa, 1920-1999), que triunfó con él en escenarios de medio mundo.

Lisboa, 27 nov (EFE).- La cantante Ana Moura, una de las voces más prestigiosas del fado, asegura que el popular género portugués, que hoy conmemora tres años como patrimonio inmaterial de la humanidad, se define por la “interpretación del artista”.

“En mi opinión, lo que convierte el fado en fado es la interpretación del artista, de quien lo toca y de quien lo canta”, dijo en una entrevista a Efe la fadista reconocida internacionalmente y con más de cien mil discos vendidos.

Moura, de 35 años, opinó que la interpretación es lo que más caracteriza y distingue el fado de otros géneros, y citó a Amália Rodrigues, (1920-1999), la mayor exponente de este género.

“Amália fue la expresión máxima del fado. Ella grabó un disco solo de ‘standards’ americanos, y podría considerarse fado porque era una fadista”, declaró.

Ana Moura también da el ejemplo contrario: “Caetano Veloso, que es un intérprete increíble, al cantar fado, nos toca de una manera increíble, pero lo asociamos al fado y no a la interpretación de Caetano como fadista”, dijo.

Sobre la conmemoración del tercer aniversario del fado como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, la cantante destacó la importancia del género como parte de la identidad y “bandera de la cultura portuguesa fuera de Portugal en los últimos años”.

“En las giras internacionales, mucha gente me viene a decir al final de los conciertos que tienen ganas de aprender portugués y así conocer Portugal a través de la música”, confesó la fadista, que ha actuado al lado de artistas de la talla del estadounidense Prince o los británicos de The Rolling Stones.

Hoy en día, el fado, “en evolución”, es un género cada vez más apreciado y buscado por gente de culturas diferentes, apoyado por las nuevas generaciones de artistas.

“Hace algunos años se decía que el fado estaba de moda, pero yo creo que es más, el fado vino para quedarse”, defendió Ana Moura, que ve en el exotismo, la melodía particular y la temática los atractivos del género.

“La particularidad de ser una música que dice tanto del alma atrae mucho”, resumió.

El fado tiene su origen en el siglo XIX, como espejo de la identidad multicultural de la ciudad de Lisboa y, según algunos estudiosos, bajo influencia de la mezcla de ritmos africanos y de la música europea que se produjo en Brasil.

En el contexto del romanticismo, la nostalgia y la melancolía surgieron como temas recurrentes del género portugués, que se asoció a las capas populares lisboetas en los barrios a lo largo de la zona portuaria del río Tajo.

El término fado procede del latín (fatum), con el significado de destino y, a pesar de los primeros registros de esta expresión se remontan al siglo XIX, fue en el XX cuando se universalizó gracias a la aportación de la cantante Amália Rodrigues.

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