Llega el nuevo Diccionario de la RAE, renovado y con un léxico más actual

Por Publimetro Colombia

Madrid, 16 oct (EFE).- La publicación del “Diccionario de la lengua española” de la Real Academia Española (RAE) es siempre un acontecimiento cultural. Millones de hispanohablantes consultan con frecuencia esta gran obra de referencia que, en su 23.ª edición, ha renovado en profundidad el léxico.

El nuevo Diccionario fue presentado hoy a la prensa, en la sede de la RAE, en Madrid, en un encuentro en el que intervinieron, entre otros, el director de la Academia, José Manuel Blecua; el académico director de la obra, Pedro Álvarez de Miranda, y el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Humberto López Morales.

La editorial Espasa publica en todos los países hispanohablantes esta obra, que tiene 93.111 entradas, frente a las 88.431 de la anterior edición de 2001, y recoge 195.439 acepciones, entre ellas casi 19.000 americanismos.

En la 23.ª edición, de 2.376 páginas, se han introducido cerca de 140.000 enmiendas que afectan a unos 49.000 artículos.

Todas las academias han contribuido a que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ofrezca “una visión mucho más moderna y dinámica del léxico español actual”, le decía a Efe Blecua.

Y todas ellas le han dado el visto bueno a las novedades que se han ido acordando desde que en 2001 salió la anterior edición y han incrementado sensiblemente el número de americanismos.

No obstante, como afirma en una entrevista con Efe Pedro Álvarez de Miranda, “el sino de los diccionarios es quedarse anticuados enseguida”, y en esta edición no ha dado tiempo a incluir “ébola”, ese virus que ha matado a miles de personas en África y que ha causado alguna víctima en España y Estados Unidos.

El propósito del Diccionario es recoger el léxico general utilizado en España y en la América hispanohablante, junto a “una nutrida representación de los usos específicos de cada país, convenientemente marcados”.

Pero las palabras “no necesitan del marchamo de la Academia para existir. Los hablantes son muy libres de usarlas y no deben estar pendientes de si el Diccionario las registra”, subraya Álvarez de Miranda.

“El Diccionario no es un código de la circulación, no se le ponen multas a nadie por emplear palabras que no estén”, añade el director de la XXIII edición, en la que no figura, por ejemplo, el término “escrache”, de origen argentino y que “durante unos meses estuvo muy de moda en España” en las protestas contra los desahucios.

“La Academia decidió esperar un poco a ver si esa palabra cuajaba. A lo mejor nos hemos equivocado”, admite Álvarez de Miranda.

El contenido del Diccionario se ha armonizado a la luz de otras tres obras de extraordinaria importancia: la “Nueva Gramática de la lengua española”, la “Ortografía de la lengua española” y el “Diccionario de americanismos”.

Lógicamente, está última obra “no se ha volcado entera porque hubiera supuesto una invasión”, afirma el director de la edición. Se han incorporado aquellas voces que “están documentadas como mínimo en tres países de América”.

El Diccionario se publica simultáneamente en todo el ámbito hispanohablante. En España sale en un solo tomo al precio de 99 euros -además de una edición de lujo a 200 euros, que se venderá por encargo- y en América, en dos y costará el equivalente a unos 70 euros.

La 23.ª edición, explica Álvarez de Miranda, contiene “novedades tipográficas y se han cambiado algunos aspectos de la presentación de los artículos, como la información de tipo morfológico y ortográfico, que antes estaba diseminada y ahora aparece concentrada en un paréntesis que va a continuación del lema”.

La marcación gramatical “es más rigurosa”. Por ejemplo, los sustantivos comunes en cuanto al género, como taxista, ya no llevan la marca “com.” sino “masc.” y “fem.”.

En la nueva edición hay también menos palabras de carácter machista, pero “seguirá habiendo casos que a algunos les parecerán ofensivos, machistas”, señala Álvarez de Miranda.

“Hay verbos que, nos guste o no, tienen un componente masculinista, como galantear, que siempre se ha utilizado para cortejar a una mujer”, comenta.

También “ha existido siempre” la definición de “mujer pública” como prostituta. “Puede que sea lamentable que así haya sido”, señala este experto en lexicografía, antes de afirmar que el Diccionario “no es más o menos machista por reflejar los usos que están en la sociedad”.

Tampoco se han atendido las protestas de quienes pedían que se quitaran las entradas de “gitanada” y “judiada”. Se han revisado, pero “no se han modificado mucho”.

La nueva edición remite en “gitanada” a “trapacería” y esta, a su vez, lo hace a “trapaza”, definida como “artificio engañoso e ilícito con que se perjudica y defrauda a alguien en alguna compra, venta o cambio”.

Y “judiada” queda así: “mala pasada o acción que perjudica a alguien”.

Ana Mendoza.

Ana Mendoza.

Madrid, 16 oct (EFE).- La 23 edición del “Diccionario de la lengua española”, que se publica hoy en todos los países hispanohablantes, incluye palabras como burka, ciclogénesis, coach, hiyab, homoparental, quad y wifi, y voces coloquiales como amigovio, birra, botellón, gorrilla y chupi.

Estas son algunas de las novedades que las veintidós Academias de la Lengua Española aprobaron en la última fase de elaboración del Diccionario, que se presentó hoy a la prensa en la sede de la Real Academia Española en Madrid.

Desde que se publicó en 2001 la anterior edición del Diccionario, esta obra esencial de referencia, cuya edición digital recibe casi un millón y medio de consultas diarias, se ha actualizado periódicamente en internet con miles de nuevas entradas y acepciones.

Pero la edición en papel, publicada por Espasa, contiene centenares de novedades que aún no están disponibles en la versión electrónica. Habrá que esperar un tiempo a que la Academia la actualice.

Entre esas novedades hay numerosas voces americanas, que se han incrementado de manera significativa en la 23. edición. Amigovio (fusión de amigo y novio) es una de ellas.

Y se han admitido, además, palabras americanas como basurita, bíper, cajonear, conflictuar, enrulado, lonchera, motoneta, nocaut y papichulo.

Del mundo islámico han saltado al Diccionario burka y hiyab. La primera se define como “vestidura femenina propia de Afganistán y otros países islámicos, que oculta el cuerpo y la cabeza por completo, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos”. Y la segunda es el “pañuelo usado por las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza”.

Antipersona, aplicado a esas minas que matan o mutilan a quienes las pisan, llega al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), al igual que sucede con ciclogénesis (formación de un ciclón).

Si en 2012 el matrimonio homosexual se incorporó al DRAE, ahora lo hace la voz homoparental, que se aplica a una familia “formada por dos personas del mismo sexo y los hijos”.

También, se han adaptado a la nueva realidad social las definiciones de marido (“hombre casado, con relación a su cónyuge”) y de yerno (“cónyuge masculino de la hija o del hijo de una persona”), entre otras.

Los extranjerismos figuran en cursiva cuando no se han adaptado al español.

Ese es el caso de “backstage”, el “espacio situado detrás de un escenario o de una pasarela donde se preparan” quienes intervienen en un desfile de moda, o de “coach” (persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal) y, en el lenguaje deportivo, equivale a entrenador.

Del inglés proceden asimismo “establishment” (grupo de personas que ejerce el poder); el temido pirata informático o “hacker”; “quad” (vehículo todoterreno de cuatro ruedas similar a una motocicleta), y “spa”, ese establecimiento que ofrece tratamientos, terapias o sistemas de relajación.

En muchas casas disfrutan de una “chaise longue”, un “asiento mullido, alargado y normalmente sin brazos, que permite estirar las piernas”. Y el francés nos presta, además, “impasse”, definida como “callejón sin salida” y “compás de espera”.

Y del italiano procede birra, la forma coloquial de referirse a la cerveza.

El famoso botellón (“reunión al aire libre de jóvenes, ruidosa y generalmente nocturna, en la que se consumen en abundancia bebidas alcohólicas”) entra en el Diccionario, aunque con la marca de “Esp.” porque solo se utiliza en España.

Esa misma marca la lleva la voz coloquial chupi, con la que uno expresa que se lo pasa muy bien o que algo es estupendo.

Los “gorrillas”, es decir, esas personas que en muchas ciudades españolas te avisan de que hay una plaza libre para aparcar a cambio de una propina, se abren hueco en el Diccionario.

“Déjate de gaitas”, se dice en España, y por eso la voz gaita amplía sus acepciones con la de “tontería o cosa sin importancia”.

Y a los aficionados al Fútbol Club Barcelona les gustará saber que blaugrana, término catalán, está en el Diccionario y que remite a azulgrana.

También lo ha hecho el término mileurista, que se ha extendido en España desde que la crisis llevó a bajar los sueldos.

El cerdo ibérico y el exquisito jamón ibérico amplían ahora las acepciones del adjetivo ibérico.

La revolución digital ha generado numerosas palabras. La expresión “red social” llega al Diccionario, como lo hacen tuit, tuitear, tuiteo, tuitero. Ni Google ni Facebook están en el DRAE, aunque sí encabezan la lista de búsquedas fallidas en la edición digital.

Y relacionadas con internet y con la informática entran voces como la red inalámbrica wifi, intranet (red electrónica de información interna de una empresa o institución); la alfombrilla que “permite deslizar con facilidad el ratón de una computadora”, y nube (espacio de almacenamiento y procesamiento de datos ubicado en internet).

A los pesados y molestos se les llama plomizos, otro adjetivo que ve ampliados sus significados. Y al lenguaje coloquial malsonante pertenecen cagaprisas (persona impaciente, que siempre tiene prisas) y cague, ese miedo o inquietud que paralizan.

Ana Mendoza.

Madrid, 16 oct (EFE).- La Real Academia Española actualizará, “en un par de meses o tres”, la versión digital del “Diccionario de la lengua española” para incluir en ella todas las novedades que ofrece la XXIII edición de esta obra de referencia, que hoy se presentó a la prensa en la sede de la RAE en Madrid

En ese encuentro intervino el director de la Academia, José Manuel Blecua; el secretario de esta institución, Darío Villanueva; el académico director de la obra, Pedro Álvarez de Miranda; el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, Humberto López Morales, y la directora general de Espasa, Ana Rosa Semprún.

Hoy tocaba hablar, sobre todo, del Diccionario en papel, que Espasa publica simultáneamente en los países hispanohablantes con una tirada inicial de unos cien mil ejemplares, la mitad de ellos para América.

En España, según explicó Ana Rosa Semprún, sale en un solo volumen, al precio de 99 euros, y en Latinoamérica, “se venderá también en un volumen, pero habrá otra versión de dos tomos, más barata”, que costarán el equivalente a setenta euros en cada país.

Desde 2001, fecha en que salió la anterior edición, la RAE ofrece gratis en internet el Diccionario, que recibe más de cuarenta millones de consultas al mes, procedentes de todos los países hispanohablantes, y era lógico que hoy hubiera interés en saber cuándo estará disponible la 23 edición en la red.

Villanueva afirmó que la Academia está preparando ya “la versión que se ofrecerá en la red”, que contendrá mejores recursos” para facilitar la navegación en el Diccionario.

Y esperan que “en un plazo de un par de meses o tres” esté lista esa nueva versión. Mientras tanto, continúa disponible la 22.ª edición del Diccionario, en la que se han ido volcando miles de novedades y de modificaciones en las cinco revisiones que se han hecho a lo largo de estos años.

Blecua confió en que la nueva edición refleje lo que es “el léxico de la lengua española en estos momentos”. Y el territorio de esa lengua “es inmenso”.

Pero “los diccionarios no se acercan a la realidad, no son fotos de la realidad. Son modelos que construyen los lingüistas” para reflejar le léxico de una lengua, añadió el director.

La edición que se publica ahora es la del tricentenario de la Academia y eso le da un carácter especial.

La Academia, recordó Villanueva, fue creada en 1713 para dotar a España de un diccionario que estuviera a la altura de los países de su entorno. Los fundadores lograron publicar en pocos años el Diccionario de Autoridades, una obra en seis volúmenes que vio la luz entre 1726-1739.

Aquel “monumental diccionario” tenía 40.000 entradas. En 1780, la Academia decidió publicarlo en un solo volumen y sin citas de autores, para facilitar su consulta y en esa decisión está el origen del nuevo Diccionario que llega hoy a las librerías, que tiene 93.000 artículos.

El Diccionario de la Academia “es un fenómeno insólito en la historia del libro”, precisamente porque se ha mantenido a lo largo de tres siglos “fiel a sí mismo”, aunque se haya ido renovando en cada edición, aseguró Álvarez de Miranda.

La 23.ª edición cuenta con cinco mil artículos nuevos y 1.350 supresiones, pero lo que realmente da idea del trabajo realizado, en opinión de Álvarez de Miranda, son las 140.000 enmiendas que se han introducido y que afectan a más de la mitad de los artículos.

El Diccionario siempre es mejorable y su director decía hoy que “todavía hay un cierto lastre de ediciones anteriores” de palabras que se han quedado muy anticuadas y que tienen “un fundamento muy débil”.

Pero, antes de quitar esas palabras, habría que terminar el “Nuevo diccionario histórico de la lengua española” que prepara la Academia.

Humberto López Morales elogió “la entusiasta” colaboración de las Academias americanas en el Diccionario, y lo dijo en presencia de una decena de directores de estas instituciones.

Las veintidós Academias de la Lengua Española estarán mañana representadas en la presentación oficial del Diccionario, que estará presidida por los Reyes.

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