Los serbios celebran como liberador al magnicida que desencadenó la I Guerra Mundial

Por Publimetro Colombia

Sarajevo, 28 jul (EFE).- Autoridades serbias y serbobosnias homenajean hoy a Gavrilo Princip, autor del atentado que desencadenó la I Guerra Mundial, pero no participan en la conmemoración el centenario del magnicidio en Sarajevo, con presencia de autoridades extranjeras.

La mayoría de los serbios consideran a Princip como un héroe de la emancipación de los pueblos eslavos de los Balcanes, mientras que entre muchos bosnios musulmanes y croatas es visto como un terrorista y en los actos de Sarajevo se ha eliminado cualquier rastro de su memoria.

“Nunca se debe olvidar que ese tiro abrió la vía de la libertad y la liberación de la esclavitud”, declaró hoy a la emisora serbia B92 el afamado cineasta Emir Kusturica, principal organizador de la conmemoración serbia del acto.

El 28 de junio de 1914, el joven serbobosnio Princip mató a tiros en Sarajevo al archiduque Francisco Fernando, heredero al trono del Imperio austro-húngaro.

Un mes después Viena declaró la guerra a Serbia, país al que consideró instigador del asesinato, lo que dio comienzo al primer conflicto mundial, en el que murieron unos 10 millones de personas.

Kusturica insistió en que es injusto olvidar el significado social del atentado de Princip y de la organización revolucionaria y multiétnica “Mlada Bosna” (Joven Bosnia) como un acto contra la ocupación austro-húngara y la anexión de Bosnia en 1908.

La conmemoración tiene lugar en Andricgrad, un pueblo dedicado a las artes y la cultura creado por Kusturica en la ciudad serbobosnia de Visegrad y que celebra hoy su inauguración oficial coincidiendo con el centenario del magnicidio.

Asistirán a la inauguración, que incluirá exposiciones, conciertos y piezas de teatro, la cúpula oficial serbobosnia y autoridades de Serbia, así como los jerarcas de la iglesia ortodoxa serbia.

Entre los actos destacan la apertura de un mosaico en homenaje a Princip y los miembros de Joven Bosnia.

El evento central de la conmemoración es una obra de teatro, en la que participarán unos 500 figurantes y una veintena de actores profesionales, que reconstruirá en las calles y plazas de Andricgrad el atentado de 1914, y en el segundo acto el proceso judicial a los autores.

Andricgrad lleva su nombre por el premio Nobel de literatura yugoslavo Ivo Andric (1892-1975).

La ciudad, de una superficie de unos 42.000 metros cuadrados, tiene un Ayuntamiento, el Instituto Cultural Andric, una iglesia cristiano-ortodoxa, casas de diferentes estilos, un cine, una biblioteca, restaurantes, una universidad y la Academia de Bellas Artes.

Sarajevo, 28 jun (EFE).- La reconstruida casa natal del serbobosnio Gavrilo Princip, autor del magnicidio en Sarajevo que desató la Primera Guerra mundial, ha sido inaugurada hoy coincidiendo con el centenario del atentado.

La casa de madera en la aldea de Obljaj, en el oeste de Bosnia-Herzegovina, que en los tiempos de la antigua Yugoslavia albergaba un pequeño museo, fue incendiada por militares croatas en 1995, durante la guerra bosnia (1992-95).

La casa fue reconstruida por las autoridades locales serbobosnias por iniciativa de los ciudadanos, que recaudaron unos 26.000 euros para reedificar la casa y reconstruir los muebles rurales típicos de la zona, vestidos y otros artefactos perdidos.

La mayoría del centenar de artefactos que alberga el recinto, sin embargo, son donaciones de los herederos de la familia Princip.

En el incendio desapareció el mapa original con el plan del atentado, en el que participaron varias personas.

En las inmediaciones de la casa, el presidente del Parlamento del ente serbio de Bosnia, Igor Radojicic, desveló un busto en memoria del magnicida.

Este joven serbobosnio asesinó a tiros hace cien años en Sarajevo al archiduque Francisco Fernando, un atentado que desencadenó la Primera Guerra Mundial, que comenzó cuando Viena declaró la guerra a Serbia un mes después.

La figura de Princip sigue dividiendo a los políticos y pueblos bosnios un siglo después del magnicidio.

La mayoría de los musulmanes y croatas de Bosnia lo consideran un terrorista, mientras que para los serbios es un luchador contra el ocupante austro-húngaro.

Esa rivalidad ha hecho que el centenario del magnicidio tenga dos celebraciones distintas: una en Sarajevo, a la que asisten invitados internacionales, y otra en Visegrad, en el ente serbio de Bosnia, con las autoridades serbias y serbobosnias.

En Sarajevo el apellido Princip ha desaparecido de los espacios públicos, y sólo el Museo del Atentado guarda el recuerdo del magnicida y otros miembros de la organización Joven Bosnia.

Ese Museo, hoy y en los días pasados uno de los sitios más visitados de Sarajevo, repasa 40 años de historia, desde que el Imperio austro-húngaro comenzase a administrar Bosnia, en 1878, hasta 1918, año en el que terminó la Gran Guerra.

Presenta la vida y el desarrollo cultural de los bosnios, pero su tema central es el atentado.

El lugar más fotografiado son las huellas en el asfalto de Princip, que muestras el lugar desde donde disparó al archiduque y su esposa.

Están también numerosas fotografías de la visita del archiduque a Sarajevo, las armas de la época, el pantalón y la bolsa de Princip, el documento original de acusaciones contra él y ejemplares de periódicos que informaban del atentado.

Con motivo de la conmemoración del centenario, se ha instalado delante del Museo una réplica del coche en el que se desplazaban Francisco Fernando y su esposa en el momento del atentado.

En la fachada están grandes fotografías de Francisco Fernando, de un lado, y de Princip, del otro, con una inscripción en inglés y bosnio que reza: “El sitio en el que comenzó el siglo XX”.

Viena, 28 jun (EFE).- La carnicería que fue la I Guerra Mundial empezó con un doble asesinato, el 28 de junio de 1914, en Sarajevo: con motivo del centenario, un museo de Viena muestra a partir de hoy las prendas ensangrentadas de los herederos del Imperio Austro-Húngaro, la primera sangre derramada en ese conflicto.

El uniforme militar y la camisa interior empapada en sangre del archiduque Francisco Fernando, así como el coche descapotable en el que viajaba el heredero al trono austro-húngaro junto a su mujer Sofía, son las piezas más importantes de una exposición permanente que se inaugura hoy el Museo de Historia Militar de Viena (HGM).

Tras largos meses de renovación y casi cuatro millones de euros invertidos, la exposición permanente dedicada a la Primera Guerra Mundial cuenta con 2.000 piezas de enorme valor, entre las que se cuenta también la pistola del asesino, Gavrilo Princip.

El lujoso vehículo Gräf & Stift descapotable en el que viajaban los herederos se encuentra en su estado original y con el cuentakilómetros en los 8.500 kilómetros que marcaba cuando se produjo el magnicidio que desencadenó la Gran Guerra que iba a poner fin al imperio multinacional de los Habsburgo.

El descapotable nunca se volvió a utilizar desde aquel aciago día, explicaron a Efe fuentes del museo. Se conserva intacto, sin que siquiera se haya limpiado la tapicería de cuero, con la misma matrícula, A III-118, y el estandarte imperial que lo decoraba.

Una concatenación de errores de seguridad, además de la mala suerte, propiciaron el magnicidio aquella jornada.

En el atentado estuvieron involucrados seis nacionalistas serbios y la pareja imperial logró sobrevivir a un primer ataque con una granada lanzada por Nedeljko Cabrinovic, que rebotó contra el coche antes de explotar.

Tras reponerse de lo sucedido, a Francisco Fernando no se le ocurrió otra cosa que dirigirse a visitar a los heridos al hospital con su comitiva de seis vehículos, con la mala suerte de que el chófer se despistó y fue a parar frente a Princip, que asesinó a los herederos con su Browning de 9 milímetros.

Francisco Fernando murió al poco de ser herido en el cuello y su esposa Sofía, malherida en el abdomen, falleció más tarde en el hospital.

La abundante sangre vertida por el archiduque -el disparo le acertó en la yugular- empapó su casaca y la camisa interior blanca, ahora marrón oscura y exhibida en un cofre tras una vitrina.

De su esposa Sofía Chotek se conserva un pañuelo también con restos de sangre, mientras que de su marido queda también el uniforme al completo: un pomposo uniforme de gala de general de caballería, con guerrea azul celeste, remates dorados y tocado por un bicornio coronado de plumas verdes.

El resto de las renovadas salas del museo dedicado a la Gran Guerra y sus casi diez millones de muertos muestran 2.000 piezas que incluyen uniformes y elementos de todos los ejércitos involucrados en el conflicto.

Entre las piezas se cuenta con un biplano alemán Albatros, un cañón austro-húngaro de 80 toneladas capaz de disparar proyectiles de más de 700 kilos y que era uno de los más avanzados de su tiempo, o una parte en la que se recrea incluso un tramo de trinchera.

Organizada de forma cronológica, la exposición comienza con el atentado y acaba con la victoria aliada en 1918.

La muestra ofrece información sobre los distintos frentes, el papel de las mujeres en la guerra, la aviación como nueva arma moderna, el destino de los prisioneros o la medicina de época.

“Hemos renunciado de forma consciente a ofrecer una lectura emocional y hemos elegido una presentación sobria”, explicó a la prensa el director del museo, Christian Ortner.

También se puede observar el fin de una época con la irrupción de modernas técnicas de guerra y cómo evolucionaron los ostentosos uniformes austro-húngaros, todo un símbolo del crepúsculo imperial.

Así se pasan de los vistosos atuendos de los dragones y ulanos imperiales, con sus cascos con remates dorados y coronados con plumas o pelos de caballo, o las pellizas de leopardo de algunos oficiales, más propias para bailar un vals que para combatir, a los más prácticos uniformes grises o marrones.

¿Hubiera cambiado algo si el atentado no se hubiera producido, o si hubiera fracasado?. Los historiadores coinciden en que la dinámica de la guerra estaba ya en marcha y si esos asesinatos no hubieran desencadenado la guerra otro incidente lo habría hecho.

También esa es la opinión de Carlos de Habsburgo, nieto del último emperador Austro-húngaro, que asegura que cualquier otro “incidente” hubiera desencadenado el conflicto.

“Nadie tenía una visión general para poder imaginarse el desastre de una guerra de las dimensiones de la Primera Guerra Mundial”, explicó recientemente a Efe en una entrevista.

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