Hugh Jackman cree que la vida le ha dado "muchas más bendiciones de las que hubiera podido imaginar"

Por Publimetro Colombia

San Sebastián (España), 27 sep (EFE).- El actor australiano Hugh Jackman, Premio Donostia de la 61 edición del Festival de San Sebastián, se ríe cuando se le pregunta por ese Óscar que no llega después de 25 largometrajes y asegura, en una entrevista con Efe, que la vida le ha dado “muchas más bendiciones de las que hubiera podido imaginar”.

“En los últimos quince o veinte años, ha habido muchas sorpresas para mí, pero mi familia es lo más importante”, ha dicho.

“Ocupan mi atención, mis emociones, mis preocupaciones; si pido algo a la vida, tiene que ver con ellos. Si recibiera esta noche el Premio Donosti y me dijeran que ahí se acaba mi carrera. estaría muy triste, pero diría, ‘Me han dado más de lo que me merecía"”, sostiene.

Y esa sensación de humildad que comunica con sus palabras las acompaña de francas miradas y sonrisas abiertas que transmiten sinceridad.

Esta mañana, el actor, que llegó al aeropuerto de Bilbao pasadas las once de la noche y arribó al hotel María Cristina de San Sebastián, donde se aloja, pasadas las doce de la noche, ha pedido una bicicleta y se ha dado una vuelta por el barrio antiguo.

“Conozco muy bien este festival y este premio, conozco a quienes lo ganaron anteriormente y es asombroso que yo esté entre ellos. Mi esposa (Debora-Lee Fuerness) ganó la Concha de Plata en los años 90. Por lo tanto, es un festival que conozco desde hace muchos años y tiene un lugar muy especial en mi corazón”.

Y el premio, dice, no lo dejará en una estantería, sino que lo pondrá, como suele hacer, en un sitio donde pueda verlo. Y vivirlo.

“Me gusta ser discreto con los premios que gano; por ejemplo -dice-, lo pongo en la cama, por la noche, para que mi mujer se acuerde, y por la mañana, cuando desayuno con los niños, se lo pongo delante y, cuando voy a ver jugar al fútbol a mi hijo, me lo llevo en la mano para que todo el mundo lo vea”

Y se ríe: “En realidad, es una estrategia para que vean que soy alguien más que el que les pega la bronca para que hagan sus deberes”.

Precisamente, en su última película, una conmovedora historia que firma Denis Villeneuve, “Prisioneros”, encarna a un hombre muy familiar y religioso que echa mano de todos los recursos que se le ocurren para buscar a su hija de seis años desaparecida, un argumento ya conocido que gana una profundidad increíble en manos del equipo de actores.

“Yo mismo soy un hombre de familia, tengo dos hijos y me crié en una familia muy religiosa, similar a este personaje; iba a la escuela dominical, iba a la iglesia cada domingo y a los 16 o 17 años escogí no ir. No me considero muy espiritual, ni tengo ningún problema con lo que dice la Biblia, pero quizá sí una visión más amplia”, profundiza.

Pero dar vida a este hombre, Keller Dover, ya es otra cosa. “Lo primero que tienes que hacer para interpretar -explica- es meterte en la piel del personaje, y eso con algunos, como este Keller, no es fácil”.

Para el Jan Valjean de “Los miserables” o el “lobezno” de la saga “X-Men” que tanta popularidad le ha dado, este tipo de personajes le produce “un cariño especial”: “Es un hombre que lucha día tras día para superar sus demonios y temores, exalcohólico, cree en la supervivencia por si hay una catástrofe, su trabajo no va bien… Y todo eso ocurre en esos ocho días de la película. Me parte el corazón”, afirma.

“Ha sido un desafío: estamos hablando de un hombre en su momento más profundo, que se basa en su instinto y no en la razón, y como actor -añade- tienes que intentar tocar todas esas emociones y dejar suelta tu imaginación y tu cabeza, y ver lo que ocurre”.

Reconoce con un rotundo “sí” seguido de una carcajada que hay proyectos que preferiría no haber hecho, “pero no te diré cuáles son”, agrega con un guiño: “Intento ser filosófico y no machacarme por lo hecho, pero no digo los nombres, porque creo que es muy cruel para las personas que trabajaron conmigo”.

Se levanta con su 1,88 centímetros de estatura, enfundado en un sencillo traje negro y una camiseta granate, y se despide para comenzar de nuevo a repartir sonrisas en el Kursaal, donde esta noche recibirá el Premio Donostia.

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