Róbinson en su ‘Laberinto’

Entrevista. Considerado uno de los mejores actores del país, habló con PUBLIMETRO para desenredar su laberinto...

Por Publimetro Colombia

¿Qué piensa del hecho de interpretar a Carlos Alberto Buendía 15 años después’?

Es muy interesante para mí, poder hacer, 15 años después, un personaje que me marcó tanto, que marcó tanto la audiencia, que le gustó tanto a la gente y poner todo lo que me ha pasado en estos años, toda mi técnica y mi experiencia en función del personaje. Estoy altamente complacido por los resultados logrados porque creo que todo esto, puesto al servicio del personaje, se ve reflejado en la pantalla.

¿Qué ingrediente le agregó al personaje con su experiencia de estos años?

Puse toda mi técnica actoral, elevé el nivel de las emociones, el libreto de Mauricio Miranda, que en paz descanse, es muy fuerte, entonces lo que hice fue interpretar mucho sus palabras y aumentar el voltaje emocional del personaje.

¿Qué tiene en común su actuación en televisión, cine y teatro?

Yo siempre busco que mis personajes digan una verdad, una verdad que toque al espectador y que sea creíble. Hay un común denominador y es que uno tiene que ser cambiante y ofrecerle al público algo distinto. 

¿Cómo se preparó especialmente para este personaje?

Con una gran disposición mental y anímica, sintiendo que me iba a meter en un río con mucha corriente. Emocionalmente es muy fuerte trabajar en esto, es muy desgastante, yo terminaba las grabaciones muy agotado, por eso hay que prepararse con mucho vigor para la embestida emocional que implica representar un personaje que todo el tiempo está en una montaña rusa.

¿Ha llegado un personaje a afectarlo emocionalmente?

Sí. Todos los personajes me dan y me quitan… Yo soy el soporte, soy el lienzo o el papel sobre el cual se escriben. Entonces yo le aporto al personaje y el personaje me quita, me pide, me exige y a veces me cansa, porque el elemento con el que juega es el ser humano. Mis personajes hablan por mí, entonces uno sí termina afectado… unas veces los odia, otras los adora, hay personajes que lo persiguen a uno por muchos años.

¿A cuál personaje odia, a cuál adora y cuál lo ha perseguido?

No te podría decir, he hecho personajes de muchas clases… que lo diga más bien el público que me ha visto en tantas cositas por ahí.

De los que ha interpretado, ¿cuál es el personaje más memorable?

Que lo diga el público. 

¿Qué opina de ser considerado uno de los mejores actores de este país? 

Que es un regalo de Dios que el público me considere así y me quiera. Yo siempre doy lo mejor de mí y estoy muy agradecido con la gente y con el Canal Caracol que me ha apoyado y ha confiado en mí durante todos estos años como actor exclusivo. Siempre hablo de una conjunción, yo no estoy solo en esto, soy el que pone la cara, pero detrás hay un ejército de personas talentosas que ponen todo de sí. 

¿Se considera bueno en lo que hace?

Yo me considero un actor que da muy buenos frutos, que tiene enorme variedad, que tiene un registro amplio. Me gusta tocar al espectador, emocionarlo y por eso trabajo mucho por esa obra que yo quiero ver. Me gusta representar lo que yo quiero ver y eso me hace muy feliz.

¿Qué tiene Róbinson de Carlos Alberto y viceversa?

De Carlos Alberto tengo su ansiedad, su pasión y frenetismo, la terquedad, la curiosidad, esas ansias de saber la verdad. Por otro lado, hay cosas que no son mías. Yo, por ejemplo, hubiera resuelto las cosas por las vías legales y no me hubiera metido en esos chicharrones en que se mete Carlos Alberto. 

¿Cómo es Róbinson Díaz en su intimidad?

Soy una persona muy casera, muy familiar, me gusta hacer esgrima, leer lo que más pueda. Soy muy solitario, me gusta la soledad. Soy tímido, callado y muy observador. Me encanta ir a mi tierra, Envigado, adoro mi país. A veces cocino y otras dibujo, tengo cosas que hacer en mi casa… tengo que trapear los baños y ahorita tengo una ropita que lavar (risas). 

Si no hubiera sido actor, ¿qué habría sido? 

Yo creo que militar, o futbolista, tal vez hubiera sido campeón de esgrima o seminarista. De pronto misionero o un guardabosques. 

Un momento memorable de su carrera

En el año 99 nos presentamos con una obra del Camarín del Carmen, ‘Don Juan’ de Molière, en Japón… Nos aplaudieron diez minutos de pie. Lloré mucho de la emoción, fue maravilloso y un momento determinante en mi vida como actor.

¿Y el más exitoso?

El que viene, el que estoy esperando, pero siempre trabajo tranquilo, si llega, llega y si no… como dice Totó la Momposina (y canta) ‘va subiendo la canoa, con chinchorro y atarraya…’ ahí voy yo. En este punto de mi carrera no tengo que demostrarle nada a nadie, estoy consolidado. La gente vive de mi trabajo, si me consideran bueno o malo, ya no es mi problema. Más allá de cualquier cosa, estoy ahora en otro juego, sentirme bien yo mismo, sentirme a gusto con lo que hago. 

Llegar a ese punto es muy difícil porque cuando uno está detrás de un sueldo, o detrás de la fama, las prioridades cambian.

¿Y alguna vez estuvo en ese punto?

Sí claro. He hecho todos los cursos… yo tengo más procesos que el ocho mil. Yo vivo en procesos, todo el tiempo estoy pasándolos, de decantación, reinventándome, odiándome, queriéndome, exigiéndome. Me exijo mucho, siempre quiero ir más alto, más rápido, mejor dicho, lo que me pongan al frente me lo llevo.

¿Ve sus novelas?

Sí, algunas. La mayoría me gustan mucho, pero hay unas que no me las soporto.

¿Cuál no soporta?

No lo puedo decir. Pero por ejemplo ‘El laberinto’ me encanta y aclaro que no le estoy haciendo publicidad, porque no me gusta estar dando esa lora, sólo digo que de verdad vale la pena que la vean porque está muy bien hecha, es entretenimiento de altísima calidad.

¿En qué laberinto se ha metido?

En todos, unos más complicados que otros y los hay todos los días. Si no es un laberinto, es un sudoku, sino un crucigrama o tal vez una sopa de letras. Pero me he metido en laberintos muy malucos y desagradables y en otros que son muy creativos. Los mejores son los creativos porque de los personales uno sale muy desgarrado, muy dañado. Ya escojo los laberintos… ya los escojo.

CATALINA FORERO RUIZ

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