La Reserva Federal, hija del pánico financiero de 1907, cumple hoy cien años

Por Publimetro Colombia

Washington, 23 dic (EFE).- La Reserva Federal estadounidense (Fed), hija del pánico financiero de 1907, cumple hoy cien años en los que este híbrido de gobierno y banca privada se ha ganado una reputación y un poder globales.

La Fed, el banco central más poderoso del planeta, afronta una nueva etapa con la próxima salida, a finales de enero, de su presidente Ben Bernanke y la retirada ya comenzada de la política de estímulo monetario con la que ha logrado mantener a flote la economía estadounidense después de la grave crisis financiera de 2008.

Los pánicos del capitalismo financiero explican el nacimiento de esta institución, a la que nunca abandonaron la polémica y la controversia.

Las crisis financieras acompañaron a la joven república casi desde su nacimiento, siendo la primera de magnitud la de 1792, seguida por crisis similares en 1837 y 1850, la de 1873 a la que siguió una larga recesión, y el “pánico del oro” en 1893.

El de 1907 se resolvió sin la interferencia gubernamental al tono de una era dominada por los monopolios, los “capitanes de la industria” y la pujanza del capitalismo.

En esa crisis de los mercados financieros, vinculada a especulaciones de legitimidad cuestionable, J.P. Morgan -no el banco homónimo, sino el padre del banco- convocó a varios de sus pares y, con ayuda de otros supercapitalistas como John D. Rockefeller, logró una donación colectiva de decenas de millones de dólares que salvó la situación.

Pero tanto los financieros como el Gobierno reconocieron la necesidad de algún tipo de regulación del sistema que garantizara la solvencia de los bancos y tornara la especulación en algo atractivo, otra vez, para atraer a los millones de ahorradores de la clase media que ponían su dinero en el casino.

Los debates fueron duros y prolongados, con dos bandos mayores cuya puja continúa un siglo después: por un lado, quienes proponían un banco central gubernamental y, por otro, quienes promovían una entidad controlada exclusivamente por la banca privada.

El presidente de una Comisión Nacional Monetaria bipartidista, el senador republicano Nelson Aldrich, se oponía en principio a un sistema de banco central al estilo de los que ya existían en Europa pero, después de visitar Alemania y observar cómo funcionaba allí, retornó creyente en las ventajas de un banco centralizado sin intervención política.

La propuesta encalló en las realidades del escenario político de la época: la mayoría de los republicanos favorecía la idea de Aldrich, pero los demócratas progresistas promovían un sistema controlado y operado por el gobierno y los demócratas conservadores uno de propiedad privada, descentralizado y fuera del control de Wall Street.

El resultado de las elecciones de 1912, que llevaron a la presidencia a Woodrow Wilson, cerró el paso al plan de Aldrich, y el 23 de diciembre de 1913 el Congreso aprobaba la creación de una Reserva Federal. La mayoría de los demócratas votó “sí”, y la mayoría de los republicanos “no”.

El resultado fue una agencia que tiene un estatus legal híbrido, con algunas características de las empresas privadas y otras de una entidad del gobierno.

A diferencia de los bancos centrales de otros países, la Fed no es la institución emisora de dinero en EE. UU., una responsabilidad que permanece en el Departamento del Tesoro.

La ley en EE. UU. requiere que los bancos mantengan una reserva de dinero proporcionada a su capital, como recurso frente a “pánicos” como los sufridos antes de 1913 cuando los depositantes, alarmados por los altibajos de los valores en los mercados financieros, concurrieron en masa a retirar el dinero de sus cuentas.

Hace un siglo el Congreso encargó a la nueva agencia tres objetivos claros: el máximo empleo, la estabilidad de los precios, y la custodia de moderación en las tasas de interés a largo plazo.

La Reserva debía actuar, además, como prestamista de último recurso, proveyendo a los bancos de fondos para atender la retirada de los depósitos en tiempos de crisis.

Desde entonces, la Reserva ha ido ampliando sus funciones y responsabilidades, aunque no siempre ha respondido con la presteza esperada ante los vaivenes de los mercados.

Economistas como Milton Friedman, por ejemplo, sostienen que el crac de 1929 -al cual siguió la Gran Recesión- se debió en buena medida a que la Reserva no actuó con la largueza y presteza que las circunstancias demandaban cuando el público sitió los bancos para retirar sus ahorros.

Washington, 23 dic (EFE).- La Reserva Federal de EE. UU. (Fed) cumple hoy su centenario con renovados ataques por parte del sector ultraliberal del partido republicano que exige la retirada de su mandato dual (fomento del empleo y control de precios) e, incluso, la vuelta al patrón oro.

Cuando el actual presidente de la Fed, Ben Bernanke, se dispone a abandonar el cargo y dejar un legado, ampliamente aplaudido, de tipos de interés excepcionalmente bajos y una multimillonaria inyección de liquidez, los republicanos han vuelto a la carga.

A la cabeza se sitúa el veterano excongresista por Texas y que compitió por la candidatura republicana a la presidencia en 2012, Ron Paul.

Con motivo de los cien años de vida del banco central estadounidense, Paul publicó recientemente un artículo de prensa titulado “Acabemos con la Fed”.

“Ostensiblemente formada con el objetivo de prevenir crisis financieras como el pánico de 1907, la Fed se ha vuelto cada vez más poderosa a lo largo de los años. Más que prevenir crisis financieras, la Fed ha causado constantemente nuevas crisis”, denuncia Paul, que aboga en todos los órdenes por una radical reducción del tamaño del gobierno federal.

Durante su campaña por la candidatura republicana, Paul mantuvo a la Fed en el centro de sus ataques por considerar que su agresivo plan de estímulo monetario está dañando el poder adquisitivo de los estadounidenses y merma el valor del dólar.

“Ahora estamos cosechando los efectos nocivos de un siglo de política monetaria expansiva, con nuestra economía enredada en la mediocridad y excesivamente dependiente del flujo de dinero fácil del banco central”, argumenta Paul, de 78 años y que fue congresista durante más de dos décadas.

Este político insta, asimismo, a un regreso al patrón oro como modo de estabilizar las finanzas del país.

No obstante, entre los economistas a ambos lados del espectro político hay un consenso en el rechazo al patrón oro.

Los resultados de una reciente encuesta entre destacados académicos, entre ellos expertos que trabajaron en Administraciones republicanas, llevada a cabo por la Universidad de Chicago, cuestionan los beneficios del regreso al patrón oro, que ligaría el valor del dólar al precio del codiciado mineral.

El argumento para la vuelta al patrón oro es controlar las presiones inflacionarias que provocan las políticas monetarias expansivas, pero economistas como Maurice Obstfeld, de la Universidad de Berkeley, han subrayado que el oro contribuye en realidad a la inestabilidad financiera, como muestra su volátil comportamiento reciente.

Quizá por ello, parte de esta ala ultraliberal del partido republicano, prefiere concentrarse en reclamar un límite al doble mandato de la Fed, que fue instaurado en 1977 y en el que se incluyó como tarea del banco central estadounidense el fomentar el pleno empleo además de la tradicional tarea de velar por la estabilidad de precios.

A comienzos de año, dos senadores republicanos, Bob Corker de Tennessee y David Vitter de Luisiana, introdujeron un propuesta de ley en el Senado para revertir este mandato dual y suprimir el objetivo del pleno empleo.

Ambos senadores instaron al Congreso a encargar a la Fed que se enfoque de manera “clara y explícita” en mantener una baja inflación, ya que serviría mejor a EE. UU. que “el amplio y bipolar mandato que tiene hoy”.

“El actual doble mandato difumina la línea entre política fiscal y monetaria”, criticaron Corker y Vitter.

Desde el Cato Institute, un centro de estudios conservador de Washington, se subrayan explícitamente los riesgos del prolongado estímulo monetario como caldo de cultivo perfecto para generar inflación.

“La Fed es cómplice de una política fiscal y regulatoria dañina porque esta expansión monetaria promete crecimiento económico sin las reformas microeconómicas que realmente importan”, indicó William Poole, investigador del Cato Institute y expresidente de la Reserva Federal de San Luis.

Sin embargo, Ben Bernanke, el actual presidente de la Fed y arquitecto del multimillonario programa de estímulo, ha hecho ver que, pese a la inyección de dinero, el indicador de inflación aún es demasiado bajo, un 1,2 % interanual en noviembre, y reitera que el compromiso del banco central de impulsar la economía seguirá mientras los precios crezcan por debajo de la referencia del 2 %.

La llegada de Janet Yellen, actual vicepresidenta de la Fed y que se espera sustituya a Bernanke en enero, anuncia la continuidad en la política expansiva del banco central.

Yellen destacó en su audiencia de nominación ante el Senado que el empleo será una de sus prioridades, a pesar de todos los críticos.

Su programa augura, pues, nuevos ataques desde la derecha libertaria cuando la institución inicia su segundo siglo de historia.

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