París, Berlín, Roma y Madrid buscan recuperar la confianza en el euro

Por Publimetro Colombia

París, 26 jun (EFE).- Los ministros de Finanzas de Alemania, Francia, Italia y España se reúnen esta noche en París, en preparación de la cumbre europea del jueves y el viernes próximo, para buscar soluciones a la desconfianza de los inversores en la capacidad de la zona euro para afrontar la crisis.

El anfitrión, el ministro francés Pierre Moscovici, había anticipado por la mañana que esta cena de trabajo forma parte de la “fase de preparación activa” del Consejo Europeo de Bruselas y que el objetivo es “sentar las bases de una Europa de la confianza”.

Moscovici reconoció que la próxima cumbre europea es “esencial porque hay que sentar ahora las bases de la segunda fase del euro, que le permita consolidarse definitivamente y aportar la prueba de que somos capaces de una integración bancaria, presupuestaria, financiera, política y de crecimiento”.

Su homólogo español, Luis de Guindos, lo dijo en términos más contundentes antes de viajar a la capital francesa al advertir que “en esta cumbre nos estamos jugando una parte muy importante del euro”.

En la reunión de hoy en París participan además de Moscovici y De Guindos, sus colegas alemán, Wolfgang Schäuble; e italiano, Vittorio Grilli; el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn y representantes del Eurogrupo y de la presidencia del Consejo Europeo.

Esta cita de hoy se espera que sirva para ir más allá de lo acordado en la mini-cumbre de Roma del viernes pasado, en los que participaron el primer ministro italiano, Mario Monti; el presidente francés, François Hollande; la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.

Los líderes de los cuatro países que ahora están reunidos en París, acordaron proponer en la cumbre crear un fondo de 130.000 millones de euros, equivalente al 1 % del Producto Interior Bruto (PIB) de la UE, para reactivar la actividad económica.

Un punto que se ha querido apuntar Francia, que por boca de Moscovici señaló que tras las promesas de campaña electoral de Hollande en favor del crecimiento como condición para dar su visto bueno al pacto fiscal comunitario, “ha conseguido que las cosas se muevan en Europa”.

Sin embargo, eso no consiguió frenar la presión de los mercados, y después del leve respiro del viernes la prima de riesgo española e italiana han vuelto a subir en medio de dudas sobre el resultado de la cumbre de Bruselas.

Unas dudas que tienen que ver en parte con las divergencias entre Alemania y Francia, que se ha constituido como portaestandarte de algunas de las demandas de los países del sur de la moneda única sobre la necesidad de un mecanismo de recapitalización directa de los bancos en dificultades y sobre un mecanismo rápido de puesta en común de la deuda, es decir los eurobonos.

En respuesta a la posición alemana de exigir que los países del euro cedan soberanía en favor de las instancias europeas antes de solicitar eurobonos o una gestión europea de la unión bancaria, el ministro francés de Asuntos Europeos, Bernard Cazeneuve, replicó que “la integración política no puede ser la condición previa a las medidas de recuperación”.

Cazeneuve, en una entrevista publicada hoy por “Le Monde”, resumió la postura francesa indicando que las recetas a la crisis se tienen que dar ya y que “al aportar ahora esas respuestas, hacemos posibles las evoluciones institucionales que se habrán hecho necesarias”.

La cena de trabajo de los ministros de Finanzas estuvo rodeada de un cierto secretismo, ilustrado en la negativa de los organizadores a anunciar el lugar donde se celebraba, y a prevenir de que en principio no habría ninguna rueda de prensa o comunicado al concluir la reunión.

Una forma de no suscitar expectativas que puedan generar nuevas decepciones, pero también de dejar más tiempo a los trabajos preparatorios, sobre todo teniendo en cuenta que París será de nuevo mañana el escenario de un encuentro en la cumbre entre el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, justo la víspera del Consejo Europeo.

Berlín, 26 jun (EFE).- La canciller Angela Merkel se juega entre mañana y el viernes su capital político en una maratón de cumbres, reuniones y comparecencias parlamentarias con las que quiere dar una respuesta definitiva a la crisis que combine el crecimiento que le exigen dentro y fuera de su país y su apuesta por la austeridad.

Son 72 horas cruciales para su futuro en la política alemana y europea, al estar ya su carrera inexorablemente ligada a una crisis que ha puesto en cuestión el euro, la capacidad de liderazgo y gestión de Berlín y Bruselas y la credibilidad financiera de países como Italia y España.

La canciller alemana -perseverante, pragmática y alérgica al riesgo y a las soluciones espectaculares- se ha visto forzada a agrupar en tan sólo tres días una sucesión de hitos tan relevantes y cargados de significación que parece diseñada con trasfondo de órdago.

En su agenda, además de la cumbre de la Unión Europea (UE) del jueves y el viernes próximos, Merkel cuenta con una bilateral con el presidente francés, François Hollande, con la presentación de las cuentas alemanas para 2013 y con la ratificación del controvertido pacto fiscal por parte del Legislativo germano.

En Bruselas se espera que la canciller siga con su defensa de la estabilidad presupuestaria y los ajustes fiscales, aunque parece que se mostrará más sensible al creciente clamor del resto de socios, que cada vez conforman un frente común más organizado en favor de las políticas keynesianas.

Los primeros signos a este respecto se vieron en la Cumbre a Cuatro del pasado viernes en Roma, en la que Merkel suscribió el plan galo de dedicar 130.000 millones de euros del presupuesto comunitario a políticas de crecimiento y creación de empleo.

Mañana tratará en París con Hollande los detalles de este programa, así como la introducción del impuesto a las transacciones financieras y la cesión de competencias al Banco Central Europeo (BCE) que precederá a la unión financiera y bancaria.

No obstante, ayer mismo reiteró que no está dispuesta a ningún tipo de colectivización de la deuda, una de las reclamaciones más habituales en Europa, ya sea eurobonos, “eurobills” o un fondo de amortización de la deuda.

Asimismo, se mantiene firmemente enrocada en su negativa a que los fondos de rescate o el BCE compren bonos soberanos de los países con problemas en el mercado secundario.

Y por si la presión y las expectativas ante esta enésima cumbre para atajar la crisis no fueran suficiente, Merkel se ha propuesto además mandar en estos tres días dos contundentes señales dentro y fuera de Alemania aprovechando dos asuntos de política nacional.

Por un lado, pretende arrancar al Bundestag (Cámara baja del Parlamento) y al Bundesrat (Senado) su “sí” al pacto fiscal, en una votación doble que tendrá lugar el viernes por la tarde.

Por otro, aprobará este miércoles en Consejo de Ministros los Presupuestos Generales para 2013, los primeros que, con tres años de adelanto sobre el calendario que ella se impuso, cumplirán con el “freno de la deuda” y un déficit del 0,35 %.

Para la ratificación del pacto fiscal, Merkel se ha dejado la piel -y quizá algún que otro principio- en la mesa de negociación.

Primero el pasado jueves acordó el “sí” en el Bundestag de los dos mayores partidos de la oposición, los socialdemócratas y verdes, a costa de incluir el crecimiento y el empleo entre sus prioridades para la cumbre europea.

Luego, el pasado domingo, pactó con los estados federados su apoyo al acuerdo fiscal, ya que ellos conforman el Senado, a cambio de jugosas contrapartidas financieras.

De esta forma, tras la cumbre europea, Merkel regresará a Berlín el viernes por la tarde y deberá acudir directamente al Bundestag para lanzar su alegato final a favor del pacto fiscal desde la tribuna de oradores.

Está previsto que el Parlamento alemán vote sobre las 20.00 hora local (18.00 GMT) la medida y que el Senado haga lo propio una hora más tarde, cerrando con el doble recuento esta maratón que decidirá el futuro de Merkel y, quizá, el de Europa.

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