logo
Destacado TV

Uno de los grandes prostíbulos de Bogotá, de los principales centros de trabajo sexual, ahora es un espacio para las artes. .

El Castillo, en el barrio de Santa Fe, conocido por la prostitución y la venta de drogas, se ha transformado en un sitio único.

Las trabajadoras sexuales, personas sin hogar, trans o migrantes que viven en este barrio pueden atender talleres de fotografía, peluquería, clases de “pole dance” o asistir a conciertos y exposiciones.

Este Castillo era un club nocturno, pero tras la extinción de dominio por las autoridades cayó en manos de la Alcaldía de Bogotá que lo convirtió en un refugio para la diversa comunidad del barrio.

“Es un laboratorio de innovación social que a través de las artes busca una reactivación económica, pero también una transformación social del territorio (…) y de los imaginarios”, explica Ana María Parra, de la Línea Arte y Memoria sin Fronteras del Instituto Distrital de las Artes (Idartes).

Quizás lo más importante, lo que destacan quienes entran al Castillo de las Artes, es que les da empuje en su rutina.

Polo, un actor que habita en la calle, sabe que los lunes y jueves tiene que salir a vender o recoger basura para reciclarla pronto y estar a las tres de la tarde en sus clases de teatro.

Su sueño era volver a tener un grupo de teatro y subirse a la tarima frente al público; “de pronto se va a cumplir y vamos a volver a tener grupo”, afirmó.

Algo parecido les pasa a les integrantes del Ensamble trans, que desde junio, cuando comenzó la programación mensual del Castillo, se volvieron a reunir para bailar y actuar.

“Para nosotras ha sido como una especie de escapatoria del trabajo sexual y hacer otro tipo de actividades”, alega Marcela Agrado, una de las mayores del grupo.

(Video) El Castillo, un prostíbulo que se volvió refugio para las artes en Bogotá