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Deportes 27/11/2019

Hapkido, el armonioso debutante de los Juegos Deportivos Nacionales 2019

El 19 de noviembre el Hapkido hizo historia al debutar en los Juegos Deportivos Nacionales Bolívar 2019. Viene creciendo durante décadas, siendo un deporte de combate que construye paz.

Por : Sergio Briceño y Juan Nicolás Barahona

En el Coliseo de Combate y Gimnasia Ignacio Amador de la Peña, 30 vallecaucanos corean: “¡Andrea, Andrea, Andrea!”, acompañados de megáfonos, un tambor, y el repiqueteo de botellas contra las barandas de la gradería. Cuatro cámaras de video apuntan al centro del tatami desde cada esquina. Iluminado por potentes reflectores y dos pantallas gigantes que señalan el siguiente combate. Valentina Tabares (Cauca) y Andrea Lizcano (Valle del Cauca). La caleña, quien hace menos de un mes ganó dos medallas de oro en los Juegos Mundiales de Artes Marciales disputados en Londres, está nerviosa.

Minutos antes, a pocos pasos del escenario en el camerino, Andrea miraba al suelo mientras movía su pierna derecha inquietamente. Estaba a un combate de convertirse en la primera campeona de hapkido (categoría menos 70 kg) en la historia de los Juegos Nacionales. Su maestro, Mauricio García, le da unas suaves palmadas en la espalda y le habla al oído. Ambos sonríen y caminan con firmeza a la tarima. Al llegar, saludan a los más de ocho jueces y autoridades presentes con una venia en señal de respeto.

Este valor es incondicional para el hapkido, en el que todos sus miembros reverencian a sus superiores. Andrea, incluso siendo cinturón negro y entrenadora en la selección valluna, debe hacer la venia a los jueces, maestros y oponentes.

Andrea se dirige al centro del tatami y se pone en posición de combate cara a cara con su oponente, se le ve firme y seria. Mas tarde Lizcano confesaría: “la verdad es algo que mi cuerpo hace y que no manejo. Me preocupan que piensen que estoy sobrada, cuando, en realidad, por dentro estoy hecha una licuadora”.

La serenidad que demuestra ahora no la tuvo siempre. A sus 17 años, antes de iniciar su carrera en el hapkido, Andrea sentía pánico al expresarse en público. A pesar de ello, tenía una expresión corporal que para muchos era rebelde. “Tenía el pelo morado, luego verde y después fucsia. Tuvo piercings y otras cosas, pero a medida que fue pasando el tiempo vi que fue calmando esa situación de adolescente haciendo un deporte que no le cohíbe ser ella misma”, explica su maestro García.

Andrea se desplaza en varias direcciones hasta que su oponente le tira una patada a la cabeza, que ella esquiva con rapidez lanzándose al suelo. Y en tres movimientos se reintegra para efectuar su contraataque. Estas habilidades evolucionaron desde que Lizcano incursionó en este deporte a partir del proyecto liderado por la Fundación Hapkido para la Paz y la Convivencia Ciudadana (FUHAP) desde el 2007. Esta organización lleva la disciplina a escuelas públicas del Valle, con el objetivo de que jóvenes y niños aprovechen su tiempo libre y se formen en valores. Esto constituyó un semillero de 300 deportistas en más de 18 municipios del departamento, que lo hace hoy la región líder en hapkido.

Lizcano sale a buscar los puntos desde los primeros minutos, da una patada doble en el rostro de su contrincante que se escucha en todo el coliseo. Tras recibir los golpes, esta atrapa la pierna de Lizcano y caen juntas al suelo. Pero Lizcano escapa y somete a la caucana. Los jueces levantan sus banderas rojas, una medida empleada para que los espectadores comprendan sus decisiones, señalando que la vallecaucana se lleva los puntos ampliando su ventaja.

Tabares, su rival, se recupera y empieza a recortar distancia, hasta que uno de los maestros alza una tarjeta para pedir la revisión a una falta. Mientras esperan, ellas se arrodillan dándose la espalda y recibiendo instrucciones de su entrenador. Por fuera del escenario, un miembro de la delegación del Valle bromea: “aquí se demanda hasta suspiro”. Otros desde la tribuna le gritan: “¡Te estás colgando! ¿Qué pasa, Andrea?”.

Una vez reanudado el enfrentamiento, Andrea procura mantener que el combate sea movido, entregándole a su oponente la iniciativa de ataque. “A muchos deportistas nos da locura por lucirnos e intentar hacerlo todo cuando vamos ganando, por eso le apunto a una estrategia inteligente”, recalca Lizcano. Ella no se confía, sabe que las demás también se entrenan, se preparan y la estudian para ganarle.

Lizcano dejaba transcurrir los segundos, daba pocos pero certeros golpes para seguir sumando puntos. Los asistentes ya sabían que tenía ganada la medalla de oro, sus compañeros le pedían calma y miraban repetidamente la pantalla con la cuenta regresiva. Una vez esta llegó a cero, su nombre en el marcador se transformó de rojo a verde, anunciando su victoria con puntaje 13-6.

Un deporte en crecimiento

En estos Juegos Nacionales, la delegación del Valle se llevó 14 de 18 medallas de oro en esta disciplina. Tras más de 30 años de recorrido en Colombia, esta disciplina debuta en el certamen luego de que la anterior administración del Ministerio del Deporte la incluyera por su novedad en una búsqueda por masificarla.

El hapkido a escala nacional e internacional ha dejado de ser tratado como un deporte de exhibición. Incrementando su participación en este tipo de torneos, por ejemplo, de no suceder nada extraordinario, se espera su inclusión en los próximos Juegos Nacionales como afirma Cecilia ‘Chechi’ Baena, directora de los Juegos Nacionales.

El número de deportistas practicando hapkido en Colombia supera los 3.000. De acuerdo con Guillermo Bonilla, presidente de la Federación Colombiana de Hapkido, uno de los principales atractivos de este arte de defensa personal es que “cualquiera que tenga un vínculo con él se potencia como ser humano, mejor ciudadano y beneficia a la sociedad”, afirma Bonilla.

Personajes de oro

Entre algunos de los ganadores del Valle del Cauca se destacan Lina Velasco, James Castañeda y Andrea Lizcano, quienes representan la formación deportiva y humana que brinda el hapkido como arte marcial. A ellos los une la guía de sus maestros, quienes se encargan de pulir el rendimiento y orientar la vida personal de sus alumnos.

Los maestros se ubican detrás de cada hapkidoka y los acompañan en todo momento, ya sea en el camerino, en los pasillos o en la arena de combate. “Él es mi salvavidas en el combate, el único que puede discutir las decisiones de los jueces. Que se siente cualquiera no sirve, él puede salvarme o hundirme”, explica Lizcano.

Lina Velasco, quién también surgió en los proyectos de FUHAP, ganó una medalla de oro en la categoría menos 65kg con mucho esmero. Ella fue descalificada por una falta en semifinales cuando iba ganando. Pero gracias a una apelación a esta decisión, se encontró que había sido sancionada erróneamente. Al día siguiente, Lina disputó los 16 segundos restantes y más tarde logró el primer lugar.

De James Castañeda se resalta principalmente su humildad. “Desde que vengo trabajando con él cuando tenía 10 años nunca menospreció a un rival y eso lo ha llevado, entre otras cosas, a ser campeón panamericano”, dice su maestro Óscar Giraldo, quien vinculó a James al deporte cuando se encontraba en una casa de protección del Instituto de Bienestar Familiar.

Su proyecto de vida cambió al 100%. Actualmente, trabaja como constructor, empezará a estudiar y mejorará las condiciones de vida de su familia, el motor de su vida, por medio del hapkido. Aprendió con este deporte que lo mejor es buscar la calma y evitar los conflictos.

El fin de esta disciplina para Lizcano es que “lo que se aprende debe usarse con responsabilidad, cuando uno aprende un arte no es pelear es competir, pelear es en la calle”,

El conjunto de valores, técnicas, experiencias y conocimientos innatos en el hapkido construyen armonía, un equilibrio entre el individuo y su entorno, manejando la energía y diferenciando las circunstancias de defensa y sana competencia.

Sus enseñanzas son directas para la sociedad colombiana, convulsionada por el peligro y la irracionalidad. El hapkido, a pesar de la poca atención que le prestan, ha demostrado que construye paz siendo un deporte de combate.

Por: SERGIO BRICEÑO Y JUAN NICOLÁS BARAHONA /Estudiantes Universidad de La Sabana