"El Mundial no ha sido lo que esperábamos": Sexoservidoras

Brasilia. El comercio sexual se preparó para recibir a los turistas de la Copa del Mundo, pero a la mitad del torneo sus protagonistas no ven cumplidas sus expectativas. Metro estuvo en una noche de la capital brasileña

Por Pablo Cavada

Son casi las 11 de la noche y antes de entrar al sector hotelero del centro de Brasilia diviso a las primeras mujeres paradas en una oscura esquina. El carácter político de la ciudad, donde se encuentran las dependencias del poder legislativo de la federación, la hacen lugar de residencia intermitente de muchos funcionarios, y a las noches de este sector de la capital un espacio natural para la prostitución.

La llegada de la Copa del Mundo hizo que el negocio del sexo –en Brasil el ejercicio de la prostitución no es un crimen y la ley le da a los profesionales del sexo el estatus de trabajador– se preparara. Incluso, en lugares como Belo Horizonte, donde están agrupados, se impulsaron cursos de inglés gratuitos. A la mitad del certamen, y cuando el flujo de turistas alcanzó su peak con la presencia de 31 selecciones extranjeras, buscamos a sus protagonistas.

Después de dar una caminata entre los hoteles, se aproxima la media noche y decido ir un poco más allá. En el límite del sector, y frente al edificio de correos, encuentro los primeros grupos de trabajadoras sexuales. En su mayoría de tres o cuatro por seguridad y acompañados por un hombre que seguramente es un proxeneta que les da protección. En una esquina, una chica me pide un cigarrillo. Su amiga luego me saluda y me pregunta “¿quiere hacer el amor?”, a los que agrega rápido “¿sexo?”.

Ana Paula trabaja desde las 7 de la tarde en una jornada que puede llegar hasta las 5 de la mañana en el sector hotelero sur. Ella no ha tenido un buen día, sólo logró hacer un trabajo por 100 reales (unos 45 dólares), de los cuales dio la mitad a una amiga a la que debía dinero y lo otro lo guardo bien (toca su brasier) “porque los drogadictos me lo pueden quitar”, me dice.

El negocio está muy malo, no era lo que esperábamos, nos ha ido muy mal“, me confiesa ya cansada Ana y me invita a una cerveza, que obviamente pagaré yo. “yo pido 100 dólares y los extranjeros no quieren pagar, ellos quieren pagar la mitad”, me cuenta antes de emprender el camino de menos de una cuadra hasta un auto cuyo dueño comercializa bebidas en un cooler de la maletera y también hace churrascos en una pequeña parrilla. Al pasar saluda a todos los taxistas que paran fuera de los hoteles. “Son todos mis amigos”, dice.

Ella puede hacer 500 reales en una buena noche de trabajo, aunque en las malas sólo alcanza 50 o nada. “Trabajo de lunes a viernes y descanso sábado y domingo (cuando se van los políticos) para estar con mis hijos”, dice. Vive con una tía y tiene dos hijos de 6 y 13 años. “Tengo que llegar con dinero a casa”, explica mientras va y viene a conversar con sus amigas. Luego de varias llamadas telefónicas y ningún cliente, llega una cuarta mujer y emprenden el camino a otro sector de la ciudad, donde podría haber más suerte. “La copa no nos ha dado lo que queríamos, espero a ti te vaya mejor”, me dice antes de desaparecer con su cerveza en la mano.

Hoy fue el último duelo de primera fase en Brasilia y las calles están vacías. Portugueses y ghaneses no llegaron en masa, como ecuatorianos y colombianos en los partidos pasado. Esas jornadas fueron de gran actividad en el sector, donde se veía a los turistas entrar a algunos hoteles que lo permitían a las mujeres a sus habitaciones en la madrugada. Ellas aprovechaban el estado etílico de la mayoría para seducirlos y sacarles un trago, aunque a la hora del negocio no eran muchos los que accedían.

Pero las  grandes invasiones terminaron, europeos y africanos no llegaron en gran número y el panorama no será diferente en los siguientes partidos. Muchas mujeres que llegaron de ciudades cercanas a la sede mundialista ya se fueron decepcionadas.  

300 reales (134 dólares) esperaban cobrar las trabajadoras sexuales antes de la llegada de la copa a Brasilia. Los turistas  pagar hasta un mínimo de 50 reales.

Lea también:

 
Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo