La apuesta local

Juan Manuel Linares y Andrés Campuzano son dos colombianos que se enfrentan por tercera vez al reto del Rally Dakar, la prueba automovilística más exigente del mundo. Su intención es simple: cruzar la meta.

Por Publimetro Colombia

Dos colombianos estarán en la grilla de salida de la inmensa caravana multicolor que partirá en enero de 2013 desde Perú a cumplir una cita en la exigente prueba del Rally Dakar.

Juan Manuel Linares, al mando del volante, y Andrés Campuzano, como copiloto, llegarán por tercera vez a la competencia con el objetivo de hacer las cosas bien y ver la bandera a cuadros, para empezar a marcar la historia en el automovilismo colombiano.

¿Qué significa volver a correr el Rally Dakar?


JML:
La competencia no solo es una carrera de carros, también una experiencia de vida. Es una carrera que implica una serie de elementos para poder llevarla a cabo en su totalidad. La comparo como una universidad, que hay que graduarse, nosotros hemos participado apenas dos veces y existen personas que han participado 30 y aún no tienen la clave del Dakar.

¿Qué es lo más difícil del trabajo del copiloto, sabiendo que no tiene el control?

AC: Entregarle la información al piloto en el momento justo y la información correcta. En el momento justo, porque en la carrera hay momentos en que no se puede entregar información porque hay que ir dosificando para poder hacer una carrera buena.

¿En el interior de la carrera cómo toman las cosas?

JML: Es una torre de Babel, porque hay pilotos, copilotos, mecánicos, periodistas, médicos, personal de seguridad de todas partes del mundo. Poder compartir con ellos durante 15 días es una experiencia única que le permite a uno conocer otras historias de vida que lo entusiasman a uno a volver.

Hace un año tuvieron problemas mecánicos. ¿Cómo los asumieron y que fue lo que en realidad pasó?

AC: Tuvimos un accidente, encontramos una piedra en el desierto y le pegó justo en el lugar donde no le podía pegar al carro. Nos rompió la transmisión trasera y esta rompió el tanque de gasolina y desafortunadamente quedamos botados. No estábamos perdidos como llegaron a pensar y logramos salir al otro día y reparar el carro, pero una fuga que persistía en el tanque nos obligó a retirarnos.

¿Cuál es la sensación cuando se han preparado un año y todo se derrumba?

AC: Hemos estado en otras categorías y competido a otros niveles y sabemos que una carrera se puede acabar en la primera curva, entonces sabemos que nos tocó a nosotros pero sé que vienen tiempos mejores.

¿Qué se les pasa por la cabeza cuando un compañero muere en competencia?

JML: Reconocemos que es una carrera que tiene un riesgo alto, pero los dos tenemos claro que no vamos a pelear los primeros cinco puestos. Queremos participar y llegar a la meta, por ende manejamos el tema del riesgo con mucha prudencia y mucha madurez. Obviamente hay cosas que están fuera de control que pueden suceder, pero mientras estén bajo nuestro control tratamos de tomar decisiones en conjunto donde seamos responsables con nuestras vidas.

¿Ha sentido miedo como copiloto de lo que haga Juan Manuel en carrera?

AC: No me genera miedo porque lo conozco manejando hace 30 años y sé de sus capacidades. En momentos de la carrera me toca pegarle un jalón de orejas y bajarle al nivel por que voy viendo lo que va a pasar y puedo entender más rápidamente los riesgos y enfriarlo un poco.

¿Qué piensan los pilotos protagonistas de que haya dos colombianos?

JML: Hay pilotos que han entrenado más y además tienen habilidades reconocidas. En el Dakar nos encontramos hasta con pilotos de Fórmula 1 y es una buena experiencia hablar con los protagonistas. Esto lo motiva para seguir trabajando en el proyecto y regresar al Dakar, fijarse en ellos y aprender.

Terminar la carrera es lo más difícil. ¿Cuál es la clave?


JML:
Es una combinación de cosas. Uno, es el vehículo que pueda superar la prueba y en el caso del motor que resista condiciones extremas. Dos, la habilidad del piloto. Tres, la convivencia dentro del vehículo. Cuatro, actitud ganadora, es importante no darse por vencido en el desierto. Por último un poco de suerte, que es lo que nos falta.

Thomas Beltrán /Publimetro

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