Precioso horario

Por Nicolás Samper C. @udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

No hay peor contenido anímico que el que trae consigo el final de la semana. Si usted está leyendo esta columna de lunes, se puede enmarcar dentro de los héroes anónimos de la humanidad. Superó el doloroso e infinito trance que significa vivir entre las 6 de la tarde y 10 de la noche del domingo.

Y no es un invento esto de la verdadera “hora loca”. Medicina Legal en un estudio dejó consignado en 2009 que cerca de un 20 por ciento de los suicidios que se producen en el país llegan a estas horas y este día. ¿Qué pasa los domingos? La mente trabaja y si se le sueltan las riendas, hará el trabajo de envenenarnos hasta la miseria. Ese coctel de frustraciones que la cabeza nos hace beber durante esos 240 minutos es el causante del guayabo que significa levantarse de la cama el primer día de la semana. Tal vez por eso es que el fútbol existe los domingos: él es Alka-Seltzer de aquellos pensamientos indigestos.

La receta tradicional era que a las 3:30 de la tarde de la jornada dominical uno se desentendía de todo para curarse durante 90 minutos de los males. El crepúsculo llegaba a las 5:30 mientras se sintonizaba el radio para saber lo que había pasado en otras plazas. El rito –se ganara o se perdiera- era todo un alivio para el alma porque al llegar a la casa, a las 7 de la noche se prendía la TV para ver los goles y una hora más tarde se sintonizaban los programas de análisis de la fecha. Con ese esquema no había tiempo de pensar en depresiones. A las 10 de la noche uno estaba absolutamente sanado.

Pero no siempre pasa lo que uno quiere. El negocio fue cambiando y para estar a la par de los fixtures europeos, se fragmenta una sola jornada de fútbol en tres días, teniendo como colofón el partido de cierre el domingo a las 8 de la noche.

Y no hay PEOR horario que el de ver fútbol a las 8 de la noche del domingo. Si su equipo gana, no hay con quién celebrar: ya todos están dormidos. Ni el perro, si usted tiene, lo acompañará en esa hazaña: lo sacaron a cagar mientras usted se despeinaba en las graderías. Y si se pierde, es seguro que a las 10:01 pm, con un 6-0 en contra, recuerde a esa hora que debe hacer el ensayo para la materia que tiene casi perdida o, si tiene hijos, que al niño se le olvidó hacer una réplica del volcán Puracé  y que hay que ir a la Comercial Papelera más cercana por tres cajas de plastilina “Chinita”. No habrá tiempo de asimilar el duelo. El lunes entero estará dispuesto para ser víctima de burlas y denuestos, que se sumarán a las cavilaciones crepusculares que no dejaron de estar con usted el domingo.

La vida era más feliz –o menos infeliz- cuando se jugaba a las 3:30 pm.

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