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/ EFE
Columnas 09/06/2021

Clásico

Me sigue dando risa porque lo oí un par de veces en los medios y en la boca de algunos fanáticos. Sostenían con firmeza que el partido entre Colombia y Argentina hace parte de los encuentros que bien se pueden denominar como clásicos.

Clásico, pensé, es que hagamos esta clase de afirmaciones. De ahí que nos sintamos decepcionados al ver cómo terminamos derrotados en el clásico contra Argentina. Y es un poco tratar de hacer la labor autocrítica de pensar que no, que los argentinos, querámoslo o no, han caminado distancias más largas que las que nosotros hemos hecho y de ahí que exista cierta diferencia que nos apunte a no tildar de “clásico” este partido.

Habrá aquellos que dirán que esto no es un asunto que tenga que ver con la historia, sino que el presente es el que sale al campo, así que ahí es donde se encuentra el lugar de las paridades. Pues siendo así, tampoco la mano viene tan favorable: Argentina es segunda de la tabla en las eliminatorias, con 11 puntos y Colombia está ocupando el sexto lugar, con siete unidades. En juego, y eso hace parte de una realidad, Colombia dejó una cara mucho más amable que la de los argentinos en su encuentro frente a los peruanos: Cuéllar inmenso, Cuadrado como gran luminaria, Zapata peleando todo y creando espacios ofensivos, Mina y sus goles… pero fue Perú en su peor versión, también…

Argentina se mostró muy enredado frente a un Chile que andaba estrenando director técnico -el recordado por los hinchas de Millonarios Martín Lasarte- y que logró imponer una solidez defensiva. Los locales apenas insinuaron algún peligro a partir de la pelota quieta, lo que significa poco frente al cúmulo de individualidades existentes.

Pero y volvamos con el asunto: ¿De dónde viene aquella creencia de que el encuentro Colombia-Argentina debe llevar ese rótulo? De 1993, de años en los que la maravillosa generación del Pibe, Rincón, Córdoba, Mendoza y Valenciano se enfrentaba tanto en Copa América como en eliminatorias a los Simeone, Batistuta y Goycochea -reciente víctima televisiva de esos excesos de confianza colombianos-. El 5-0 con el que Colombia triunfó en Buenos Aires desató la creencia de paridad. Visión que trascendió de manera llamativa teniendo en cuenta que el primer triunfo de Colombia contra los argentinos se da en 1984, hace muy poco.

Entonces guardemos calma y pensemos que sería lindo ganarles hoy y ya. Sin inflar el globo y meter cuentos previos que terminan desatando una falsa expectativa que no se conduele con la realidad.

Por Nicolás Samper C.