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Columnas 25/05/2021

Un equipo inolvidable

El mayor mérito alguna vez acumulado por el fútbol turco había sido individual: Tanju Colak, un delantero de raza, se dio el gusto de coronarse como máximo goleador europeo por allá en la temporada 87/88. De resto, no mucho para enaltecer un fútbol bravío, de equipos interesantes, fichajes exóticos y excesos de sus presidentes, como cuando alguna vez Jorge Rinaldi, un gran delantero que jugó en San Lorenzo, River y Boca, que alguna vez le contó a la revista El Gráfico que vivió un drama sin igual cuando fue fichado por el Ankaragücü: el presidente del club le quitó el pasaporte para que no pudiera irse del país y a “la chancha”, como era conocido el atacante, le tocó huir al mejor estilo de “expreso de medianoche”.

De resto, goleadas en contra, decepciones en clubes y selección y el lejano recuerdo del Mundial de 1954 al que entraron por suerte: un niño italiano llamado Franco Gemma debía sacar una balota con el clasificado a esa copa luego de que España y Turquía igualaran en el duelo clasificatorio. Y Franco sacó la balota de Turquía. La revista Panenka posteriormente quiso hablar con él para que contara su experiencia en aquel sorteo pero el tiempo había hecho de las suyas: Franco Gemma había fallecido en un accidente de tránsito en 1987, año en el que Tanju Colak empezaba a descoser redes adversarias.

Pero llegó el 2000 y apareció el Galatasaray en medio de esa extraña aridez y gestó un conjunto de respeto: en el arco estaba gastando sus últimos cartuchos el inefable brasileño Taffarel. La defensa era comandada por un zaguero de puta madre como Gheorghe Popescu, rumano de nacimiento y que, si era necesario, también sabía ser volante de marca, Capone, un lateral brasileño de buenas condiciones aunque lejano a Cafú o Carlos Alberto, pero que se amoldó perfecto a la idea, Bülent Korkmaz, compañero de Popescu en defensa y que en la final de la Copa UEFA jugó con el hombro dislocado, Hasan Sas, veloz puntero que después sería figura con su selección, Gheorghe Hagi, el creativo y pensador de este andamiaje y Hakan Sükür, eximio goleador que años después tuvo que huir de su nación por cuenta de la persecución de la que fue víctima después de retirarse, por cuenta del régimen de Erdogan. Hoy tiene un café en Estados Unidos.

En contra de todos, Galatasaray fue avanzando a paso firme en su proyecto de ganar un título internacional por primera vez para su país: primero acabaron con el Bologna, luego fue el turno de Borussia Dortmund, después apareció el Mallorca español pero fue una brisa ante el poder de los turcos, en semis al Leeds -gran animador europeo por esos tiempos, duelo en el que enfrentamientos entre hinchas turcos e ingleses dejaron muertos y desolación en medio de la alegría- y la final contra el Arsenal de Seaman, Parlour, Bergkamp, Henry, Suker y Petit. Fue 0-0 y penales en los que la figura de Taffarel se hizo gigante.

No fue el único galardón conseguido por esta gran generación conducida por el viejo zorro de Fatih Terim: en la disputa de la Supercopa de Europa se dieron el lujo de derrotar al Real Madrid 2-1 con dos tantos de Jardel. 

Aquellas consagraciones de hace 21 años marcaron un hito en el fútbol de Turquía. Nunca, hasta ahora, existió un equipo que enalteciera de esta forma un país que veía los triunfos internacionales como un milagro de otros.

Nicolás Samper / @udsnoexisten