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Gustavo Petro /
Columnas 24/02/2021

El petrismo no existe

Mi problema con el petrismo es que se venda como algo diferente a la política tradicional cuando es prácticamente igual a lo que hemos visto siempre. Podrá no tener la nefasta hoja de vida del Centro Democrático, pero a la larga sus prácticas a la hora de recolectar votos y gobernar son similares. Si al menos fuera de frente y aceptara que es uno más de los partidos que aspiran al poder, no habría problema, pero ese afán de mostrarse alternativo e independiente, una especie de salvador dueño de la única verdad absoluta, resulta insoportable.

Aunque el petrismo no existe, supuestamente, su nombre oficial es la Colombia Humana. Alguien dice petrismo y salen varios a corregirlo porque, claro, petrismo suena a secta, y eso no conviene. Pero es eso, petrismo, devotos de Gustavo Petro, quien ha pedido a sus seguidores no llamar así al movimiento. “Mi líder me ha dicho que no diga esto o aquello, entonces yo le hago caso”. ¿Qué es eso? Pues una secta. Al menos los uribistas aceptan lo que son, incluso se sienten orgullos de seguir un culto. Uno les dice uribistas y no se emputan, en parte también porque viven emputados 24/7 quien sabe por qué, entonces ya no pueden emputarse más. Pero lo cierto es que no tienen problema con tal denominación.

En el petrismo dicen también que el centro no existe, simplificando el debate de las posiciones políticas. Quien está con ellos va por el camino correcto, y el que no es un fascista asesino al que Hitler le queda en pañales (así como para los uribistas todos somos comunistas). Eso sí, esta semana Petro salió a poner en un extremo a Uribe y al Centro Democrático, y en otro a Santrich y al ELN, ubicándose él entre ambos, es decir, en el centro. Parece que el centro solo existe si es él quien se encuentra ahí, y más que el centro de la política parece que se sintiera el centro del universo.

Es tan secta el petrismo que bautizarse en el río Jordán resulta poca cosa comparada con entrar al partido, si te unes a ellos todos tus pecados desaparecen y te conviertes en un iluminado, como les pasó recientemente a Armando Benedetti y a Roy Barreras, dos de las joyas de la política colombiana, gente que uno no quiere ni en la mesa de al lado en un restaurante. Y es chistoso lo que dicen para justificar la adhesión de ambos: que estaban equivocados pero que vieron la luz y recapacitaron. Y nuevamente, a mí me tiene sin cuidado con quién se alía Petro para llegar al poder, el problema es que se las dé de diferente y sus seguidores le crean sin cuestionamiento alguno. Díganme cómo Petro va a cambiar la política colombiana aliándose con aquellos que representan lo que él dice combatir. Pues porque no quiere cambiar nada, no en los cimientos al menos, lo que quiere es gobernar, sed de poder disfrazado de progresismo.

En países con ideologías débiles donde los partidos surgen y desaparecen, los que pesan son los caudillos, por eso Petro quiere capitalizar ya, antes de que decaiga. Ido él, ¿quién va a asumir el liderazgo? ¿Hollman? Lo mismo pasa en el uribismo. El capo de todos los capos está cada vez más cerca del retiro, ninguno de sus supuestos sucesores ha dado la talla y el único que parecía tener el calibre, Andrés Felipe Arias (no en vano le dicen ‘Uribito’), fue condenado por la justica; por eso suena su hijo mayor para ser el nuevo líder del partido.

Petro aceptaría a cualquiera en su partido con tal de ser presidente, les abriría las puertas a los Char y a al mismo Uribe de ser necesario; eso sí, siempre y cuando él siga siendo el líder, nada de convertirse en el segundo de nadie. Y otra vez saldrían al ruedo los argumentos más descabellados para excusar la adhesión de cualquier tipo de personaje al sin importar sus antecedentes. Y aunque sea chistoso, ya no es nuevo. Yo lo que de verdad me muero por presenciar es las porquerías que van a decir de sus supuestos nuevos aliados cuando se cambien nuevamente de partido y ya no hagan parte de la Colombia Humana. Del petrismo, quiero decir.