25 años del Escorpión

"René Higuita, de Castilla para el mundo, de nuevo le decía al planeta que el fútbol es una acción poética. ¡Hizo el escorpión! No importa que ese terco y anodino juez de línea haya levantado la bandera, eso es lo de menos en esto. Acá importa lo que se vio y en dónde se vio": 'Pote' Ríos

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Era un miércoles de 1995, la selección Colombia hasta ahora estiraba el cuerpo luego de lo que ocurrió en el Mundial de 1994 y daba los pasos para un “nuevo proceso”. Yo estaba en la Universidad Javeriana y luego de la jornada de la mañana, la tarde estaba “limpia”, creo que fue así, no sé, porque si había clase simplemente ese día se capó para poder ver el amistoso que nuestra selección iba a jugar contra Inglaterra en el mítico estadio de Wembley.

La cita era en la tienda de Charlie, un lugar cervecero y de almuerzos, atendido por Carlos, en donde nos fiaban la cerveza, nos atendían bien y había buen televisor. Era la “oficina” de un grupo de amigos de la universidad.

Jugar en Wembley tiene su magia y si es Colombia quien pisa ese césped, la mística aumenta. Empero, el recuerdo del gol de Andrés Escobar en el empate 1 a 1 en 1988 estaba fresco eternamente, como el mismo Andrés, que ya no estaría en la titular de Colombia para ese juego, pero, estoy seguro, lo acompañó desde su admirable espíritu.

El partido no era un derroche de emociones, corría el minuto 21, 22, 23, 24 o 28, no lo tengo muy claro. Recuerdo que se me acabó la cerveza y dije: “Viejo Charlie, otra ronda de polas por favor”. Me senté y pasó lo que ningún ser humano que estuviera viendo ese partido en algún lugar de la Tierra puede olvidar.

Juego de lado a lado de los ingleses. Presión colombiana. El balón cae a la zona izquierda de los nuestros, recibe un inglés, de inmediato doblaje de marca de, si no estoy mal, Wilson Pérez y Freddy Rincón, el balón de nuevo retrocede y queda en los pies de Jamie Redknapp, el inglés levanta la cabeza y hace lo que haría normalmente un jugador británico, centrar. La defensa colombiana hace lo que normalmente hacía bajo los parámetros de la escuela Maturana-Bolillo, recomponer la figura de la curva defensiva, armar línea y achicar un poco en zona al hombre. Eso pasó. Hasta ahí, todo normal.

El balón enviado por Redknapp se elevó, se elevó, era una parábola y, en su destino, dos ojos lo miraban con atención. El tiempo parece que se hubiera suspendido. El de la melena frondosa y larga, el del bigote único, el que ya había escrito mucha historia para ser enorme, quiso ser más gigante. Son microcentésimas de tiempo para mirar de frente a la grandeza en un escenario igual de grande y decirle: “Hola, acá estoy para cumplir mi cita”.

René Higuita, de Castilla para el mundo, de nuevo le decía al planeta que el fútbol es una acción poética. ¡Hizo el escorpión! No importa que ese terco y anodino juez de línea haya levantado la bandera, eso es lo de menos en esto. Acá importa lo que se vio y en dónde se vio. Los ingleses que estaban en las gradas de Wembley se pararon de sus asientos, se tomaban la cabeza, aplaudían y gritaban. El narrador inglés dejó por momentos de ser tan inglés y se contagió de la calidez de Timbiquí o Valledupar. En el banco de Colombia, estoy seguro, Bolillo Gómez debió soltar un “¡Jueputa, mirá lo que hizo este güevón de René!”; y lo debió hacer con ese orgullo de padre ante otra locura genial de uno de sus hijos.

Crédito también le doy a un personaje que a veces, 25 años después, pasa anónimo en esta jugada: el inglés Jamie Redknapp. ¡Fue el del pase, fue el que puso de forma precisa ese globo, fue el cómplice, sin desearlo, de René! Y, como curiosidad, lo hizo el día en que debutaba en la selección inglesa.

Dice Higuita que esa jugada no fue espontánea y la planeó por años. Dice que siempre quiso hacerla. Lo que decimos nosotros y quienes amamos este juego y sus bellezas, es que hay que tener mucho temple, muchos huevos y mucho desparpajo para mostrar en el templo del fútbol que hay cosas en este deporte que van más allá de la táctica científica, los esquemas numéricos y la aplicación.

Los genios, como René Higuita, son así: irrespetuosos del orden, ellos aman eso y un balón así no se podía desperdiciar; va en los genes, en el ADN del genio y en esa siempre tranquilidad para hacer eso y seguir como si nada. Porque yo, que soy un mortal, vi eso en la tienda de Charlie, regué mi cerveza recién pedida, me arrodillé y, recuerdo, dije: “Esta es una de las cosas más bellas que he visto en el fútbol”.

¡Gracias, René!

@poterios

 

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