Violencia policial y discriminación estructural

Por Mar Candela

Duele ver la brutalidad policial en Estados Unidos contra la población afrodescendiente, contra la gente latina y contra cualquiera que se atreva a protestar por lo que pasa. Pero si por allá llueve por acá no escampa.

 No hace ni un año vimos como el ESMAD trató de forma inadmisible a colombianas y colombianas que expresaban su inconformidad con el rumbo del país y con las acciones del Gobierno. Fue emblemático el caso del joven asesinado en la estación de Transmilenio de Las Aguas cuando un integrante del escuadrón antidisturbios disparó contra él un proyectil que en ningún caso puede ir dirigido directamente contra las personas.

 Y no han pasado muchos días desde que la policía agredió desproporcionadamente a un vendedor abundante de la tercera edad por el delito de no querer morir de hambre encerrado en un habitáculo… porque muy pocas personas en este país pueden darse el lujo de encerrarse en “su casa”.

 A esto se suma el ya largo historial de agresiones policiales contra las prostitutas, incluyendo a muchas mujeres trans, en el área del Barrio Santa Fe, por parte de muchos sectores de la sociedad, entre los cuales se incluye, como no, la Policía.

 Lastimosamente no es una novedad hablar de estos maltratos por parte de la fuerza pública, en la Plaza de la Mariposa hubo, al inicio de la Alcaldía de Peñalosa, un episodio escandaloso en el cual golpearon y “recogieron” hasta a una mujer embarazada que en su momento explicó que no era trabajadora sexual.

 Pero hubo otro episodio, y ya no fue policial: la negación de la atención médica oportuna a Alejandra, una mujer trans que la requería con urgencia, y la posterior excusa (desvirtuada ampliamente) de que no había recibido tal atención por decisión de ella y sus acompañantes. Esta fue violencia institucional, distrital y estatal más allá de la Policía. Fue la evidencia de que el problema viene de más arriba. No se trata solo de un agente que no sepa hacia donde disparar o que “reparta” bolillo en un arranque irracional. Es algo estructural. Algo que mata a veces a punta de golpes y uso de armas, y a veces a través de la indiferencia y las mentiras.

 Esta agresión se sumó al “pico y género”, desacierto enorme que la Alcaldesa en buena hora suspendió, porque más allá de sus posibles aportes para frenar la pandemia reforzaba una serie de estereotipos y discriminaciones que perjudican a toda la sociedad, pero en especial a las personas trans. Y aunque la medida se descartó, dejó sus heridas, sobre todo al ser implementada en la administración de una lideresa que como es el caso de Claudia López ha reivindicado políticamente el ser lesbiana y ha recibido apoyo activo de muchas mujeres y de gran cantidad de personas diversas por ser quien es.

 Las marchas del año pasado y las circunstancias coyunturales del actual han desnudado, de nuevo, al Estado discriminativo y violento que padecemos, y la cultura violenta en que habitamos. No es que antes no existiera. Los casos de Rosa Elvira Cely y Sergio Urrego, con las horribles revictimizaciones respectivas de la Administración Distrital de turno y de una Institución Educativa, son solo dos ejemplos de que esto no es nuevo. Lo que pasa en que es las situaciones difíciles, tanto las personas como las sociedades “pelan el cobre” y muestran de nuevo, a veces de forma brutal, lo que de verdad son.

 Y claro, a la Policía le cabe una responsabilidad enorme. Y a las instituciones de salud o educativas. Y a las personas involucradas de forma directa, activamente o pasivamente, en cada episodio puntual. Pero que a la hora de las responsabilidades, nadie pierda de vista que esto no es cuestión de una torpeza de un individuo: es algo estructural.

Katherine Maldonado es la invitada de Mar Candela Castilla hoy en Mujer y Sociedad

Posted by Publimetro Colombia on Tuesday, July 14, 2020

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