Volveremos a las carreteras

"Sólo los que hemos coronado algún mítico puerto de montaña colombiano hemos aprendido que ésta es una de las formas de la paciencia. La paciencia del que da pedal": Caballito de Acero

Por Caballito de acero

Estas líneas las escribe un aficionado al ciclismo, alguien que disfruta tomar su bicicleta y salir a rodar.

En Colombia ya llevamos más de dos meses de aislamiento, cualquiera sea el apellido que le ponga el gobierno cada mes al hecho de estar en casa. Desde marzo los rodillos y las aplicaciones como Zwift se han vuelto los mejores aliados para mantener la forma, para seguir moviendo las piernas mientras el mundo está paralizado. El ciclismo indoor, desde mi punto de vista, es un reto a la paciencia. El estar quieto, sin poder ver el cambio en el paisaje, sin sentir la brisa en la cara, puede hacer que la práctica del deporte se torne aburrida. Como señaló hace unos días Greg Van Avermaet, en caso de tener que volver a un período largo de rodillos consideraría en abandonar el ciclismo profesional. Seguramente, muchos de los aficionados también hemos renunciado ante el tedio del rodillo.

Un día, haciendo el tiempo habitual de rodillo, me comenzaron a rondar muchas preguntas: ¿por qué hacer esto? ¿por qué seguir sudando encima de una bicicleta que no me lleva a ningún lado? Después de un rato, cuando las piernas comenzaban a sentir el esfuerzo y el sudor se deslizaba por la cara, noté que, en últimas, la respuesta siempre estuvo ahí: es la paciencia. Si el ciclismo me ha enseñado algo, de tantas cosas que me ha enseñado, es que hay que tener paciencia. Hay que pedalear todos y cada uno de los puertos con paciencia.

Escalar el Alto del Vino desde La Vega, sentir cómo el calor se va comiendo el cuerpo y esa pendiente constante que parece mentir sobre lo que falta con llegar por una Pony Malta helada al final; o, tal vez, conocer Pacho, ese municipio que parece retener el calor y que nos da una subida inclemente hasta el Águila para encontrarse con el Piqueteadero “Las Delicias” con el cuerpo destruido y el maillot lleno de sal del sudor producido pedaleando, es lo que nos hace seguir pedaleando. Sólo los que hemos coronado algún mítico puerto de montaña colombiano hemos aprendido que ésta es una de las formas de la paciencia. La paciencia del que da pedal.

Seguramente el tiempo en el rodillo nos cuesta, y en muchas ocasiones nos quita el ánimo, pero lo estamos haciendo por algo. Muchos de los ciclistas aficionados teníamos planes para este año, tal vez correr el Giro de Rigo, quizá visitar Duitama en octubre para correr el Gran Fondo de Boyacá y terminar en el Alto del Cogollo, como el mundial de 1995, otros muchos se preparaban para ir al Gran Fondo Nairo Quintana y, los más atrevidos, ya tenían todo un calendario de carreras para todo el año. Pero como todo lo que se ha llevado esta pandemia, los planes de los ciclistas aficionados este año se han trastocado.

Por ahora, con la paciencia que nos ha enseñado el tiempo sobre la bicicleta, los ciclistas aficionados seguimos manteniendo la forma. Un día de rodillo a la vez, o algunas series cerca de la casa. Pero con esa misma paciencia regresaremos a la carretera y, para todos los lectores que pasan por estas líneas, les aseguro que ese regreso a las carreteras supondrá, al menos para mí, volver al alto de mis amores: el alto de Tobasía.

Por: Pedro Velandia @acerocaballito

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