Sin HD

"Sin espacio, eran cientos de películas escondidas en ese pequeño Sanalejo transitorio que les conseguí con la promesa de ordenarlas apenas volviera del Mundial de Rusia. Menos mal para ellas llegó el viernes que pasó; menos mal para mí me acordé de ellas"

Por Nicolás Samper

Todos los tesoros estaban ubicados en un clóset de linos. Dentro de unas maletas que deberían llevar raquetas y ropa deportiva solamente había DVDs de cualquier laya. Y en estos tiempos de cuarentena el pensamiento lleva a recordar las cosas que hemos acumulado poco a poco, comprándolas o porque nos las han heredado. Era hora de mirar algo de lo que se esconde dentro de varias cajas polvorientas y que estaban ahí recluidas desde hace más tiempo que yo en un confinamiento obligado.

Sin espacio, eran cientos de películas escondidas en ese pequeño Sanalejo transitorio que les conseguí con la promesa de ordenarlas apenas volviera del Mundial de Rusia. Menos mal para ellas llegó el viernes que pasó; menos mal para mí me acordé de ellas ese viernes que pasó para poder recordar que mi palabra no siempre se cumple al pie de la letra.

Fue impulsar el primer DVD por la ranura del lector y encontrar a Eduardo Niño, muy muy joven, con pantaloneta negra casi arriba del ombligo, buzo verde oscuro haciendo un saque de arco en un estadio desolado y recibiendo ese balón José Romeiro Hurtado; por ahí merodea Wilson James Rodríguez y John Edison Castaño, ubicado en una punta pide la pelota. Los rivales son tipos de blanco, rudos, que van al choque siempre. El arquero de ellos saca de punta para arriba, como quitándose de encima la responsabilidad y dividiéndola en cada jugada que parte desde su arco. No hace un saque criterioso ni de casualidad. Con las reglas de hoy sería suplente siempre. Son 20 minutos del duelo Colombia-Bulgaria de aquel Mundial sub 20 del 85, el que de la mano de Luis Alfonso Marroquín empezó a edificar las bases del fútbol que cinco años después estaría gritando con rabia el gol de Freddy Rincón en el Giuseppe Meazza ante la sorpresa de Bodo Illgner. Ahí, pegado a eso, está cerca de una hora y diez minutos del partido Colombia-Túnez, de la misma Copa del Mundo.

Y había de varias épocas y lugares: del estadio Fernando Londoño y Londoño un cabezazo bestial de Carlos “la fiera” Gutiérrez a Goycochea, que, de buzo verde con línea negra en la mitad, no pudo atajar. Fue un penal de cabeza. En otro capítulo de esa realidad paralela que diseñé mientras ordenaba las películas, vi también a José Luis Brown defendiendo con la clavícula salida en la final Argentina-Alemania del 86. Argentina marcó el 2-0 y esperó muchísimo, pienso hoy. Los alemanes con desorden les empataron por esa extraña decisión de Argentina de replegarse tan atrás. Vi la opción desperdiciada por Higuaín en la final de la Copa América 2015 y después de repetirla 500 veces, creo que ya entró.

Hay un par de pedazos de la final del Mundial 54; también un resumen de la goleada 5-0 de Paraguay a Colombia en el 2007, un resumen de los partidos que llevaron a Vélez Sarsfield a ganar el título de su país en el 93 y muchísimos juegos de Selección Colombia. Seguía en la búsqueda, en la exploración de tantas cosas y entró al whatsappa un mensaje de Jaime Andrés Monsalve, uno de esos tipos maravillosos y queribles que uno se encuentra trabajando en esto. Me envía un audio. Es de Carlos Arturo Rueda anunciando que ya salió el álbum de la Copa del Mundo -suponemos que la cuña es de 1962-. Él, como yo, andaba en las mismas: rebrujando entre esos pequeños tesoros que nos hacen felices.

 

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